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Konstantinos Mitsotakis, el patriarca de una dinastía política griega

El ex primer ministro, padre del actual líder de Nueva Democracia, fallece a los 98 años

Konstantinos Mitsotakis, en 1993.
Konstantinos Mitsotakis, en 1993. EFE

A finales de junio de 2015, cuando Grecia pendía de un hilo de la eurozona, Konstantinos Mitsotakis (Chaniá, Creta, 1919-Atenas, 2017) hizo la que bien pudo ser su última aparición pública. Anciano pero con paso firme y sonriente, rodeado de fieles, casi en volandas como una imagen —como un símbolo—, el prócer conservador se presentó una calurosa tarde en la plaza Syndagma de Atenas, a los pies del Parlamento, para apoyar con su presencia una manifestación de quienes se oponían al no en el referéndum convocado por el Gobierno de Alexis Tsipras. El clamor que levantó a su paso reverberó durante horas en la plaza.

Seis meses después, en enero de 2016, veía repetirse su propia historia en su hijo Kyriakos, elegido líder de la conservadora Nueva Democracia (ND). Ese día el anciano Mitsotakis no pudo ya salir de casa, pero se asomó al exterior en una fotografía en la que padre e hijo se abrazaban celebrando el relevo. Aun dividido por las luchas entre diferentes familias, parecía, entonces, que la sangre de los Mitsotakis volvía a encauzar el partido, desarbolado por el impacto de la crisis en el antiguo régimen político y la impopularidad de una sarta de reformas que aún continúan. Él mismo lideró el partido entre 1984 y 1993; después, fue presidente honorario, figura tutelar.

Konstantinos Mitsotakis, muerto este lunes en Atenas a los 98 años, ha sido sinónimo de política en Grecia durante una carrera que se prolongó 60 años, desde su temprano debú en la vida pública, en 1946, como el diputado más joven de la historia, hasta 2004, cuando oficialmente abandonó la actividad política tras batir el récord de carrera parlamentaria. Incluso sus oponentes políticos han honrado hoy su figura con declaraciones como la de Nikos Papás, ministro de Estrategia Digital y hombre muy próximo a Alexis Tsipras: “Un adversario político digno, presente en todos los momentos críticos de la historia contemporánea”. El músico Mikis Theodorakis, en su día comunista confeso y hoy muy crítico con el Gobierno, le dedicó también sentidas palabras.

Mitsotakis será recordado por dos hechos: un liderazgo fuerte, sin complejos, que le granjeó las críticas de muchos correligionarios, y su papel como patriarca de una de las tres dinastías políticas que han dominado la vida política griega durante el siglo XX. Sobrino nieto él mismo del liberal Eleutherios Venizelos, siete veces primer ministro, y padre del citado Kyriakos Mitsotakis y de la influyente Dora Bakoyanis, que fue ministra de Exteriores y alcaldesa de Atenas, el patriarca fue un político pata negra, como los Karamanlís y los Papandreu. Con representantes de esta última saga tuvo encontronazos épicos en varios momentos decisivos: cuando, por ejemplo, abandonó en 1965 las filas de la Unión de Centro (liberal), del factótum Yorgos Papandreu (abuelo del homónimo primer ministro socialista), precipitando según muchos el advenimiento de la dictadura militar (1967-1974). También se peleó a muerte con el hijo del centrista Yorgos, Andreas Papandreu, a quien sustituyó en 1990 al frente del Gobierno tras una época de alegría presupuestaria y de excesos (incluida la hipertrofia de la Administración, engordada por un Pasok modelado a imagen y semejanza de Andreas). No sin cierto humor, propios y ajenos se referían al viejo Mitsotakis durante los ochenta como “el conservador anti-Andreas”, el único capaz de plantar cara al personalismo, en exceso carismático, del líder socialista.

Este político conservador fue primer ministro entre 1990 y 1993 y ejerció sin interrupción como legislador desde 1946, salvo una breve interrupción de 10 años con ocasión de la junta de los coroneles, durante la que se exilió en París. Durante la Segunda Guerra Mundial, fue un activo resistente a la ocupación nazi en su isla nativa, escenario de una de las más cruentas batallas de la contienda, tan bien narrada por el historiador Anthony Beevor. Pese a esas probadas credenciales democráticas, Mitsotakis fue objeto también del odio del centroizquierda por su papel en la caída del Gobierno de Yorgos Papandreu.

A él se debe un impopular y tímido intento de recortar el tamaño elefantiásico de la Administración, la mejora de las relaciones con EEUU —tras el vesánico antiamericanismo de Andreas Papandreu— y de un cierto acercamiento a Turquía, la bestia negra de la diplomacia griega. Sin embargo, el contencioso nominal con la Antigua República Yugoslava de Macedonia (FYROM, en sus siglas inglesas) precipitó en 1993 la caída de su Gobierno por culpa de Andonis Samarás, furibundo detractor de una posible Macedonia exyugoslava independiente y que dio un portazo a ND privándole de los apoyos necesarios en el Parlamento.

Al conocer su muerte, el Twitter griego hirvió de comentarios elogiosos sobre la figura del legendario líder. Muchos de ellos, firmados por ciudadanos de la edad de sus bisnietos, que alababan en él la voluntad, o la necesidad, de emprender unas reformas que, de haberse acometido finalmente, habrían trazado una senda distinta para la economía y para la sociedad griegas.