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El Bronx de Bogotá, un territorio lleno de fantasmas tras el desalojo

Un año después de que la policía interviniera uno de los mayores mercados de droga de Colombia, la alcaldía planea convertir la zona en un centro cultural

Por fuera, lo que queda del Bronx es un amasijo de ladrillos y hierros. La alcaldía de Bogotá ha demolido 23 de los 62 edificios que formaban uno de los mayores mercados de droga de Colombia. Dentro, en las pocas casas que siguen en pie, ropa, juguetes, muebles, papeles, dosis, pipas para fumar… guardan el fuerte olor que recuerda que en el centro de la ciudad había una entrada al infierno.

Ha pasado un año desde que más de 2.000 policías desalojaran el Bronx. La lluvia y el frío de Bogotá no han podido contra los fantasmas de estas cuatro calles a las que cada día acudían unas 3.000 personas en busca de todo tipo de drogas. En una jornada, las familias que dominaban el negocio podían llegar a ingresar unos 40.000 dólares. La Fuerza Pública tardó casi dos décadas en pisar este territorio protegido por los sayayines, la seguridad privada de los narcos, y por los policías que sucumbieron a la extorsión.

Toda esta población, consumidores y narcos, abandonó la zona el 28 de mayo de 2016 para repartirse por los sectores aledaños. El alcalde Enrique Peñalosa acabó con la que denominaba “la república independiente del crimen”. No hay una nueva olla (el nombre que reciben estos mercados en Colombia) tan grande en la ciudad. Lo que se encuentra en un paseo por el centro de Bogotá son pequeñas herederas. Al contrario de lo que les sucedió a los miles de indigentes del Bronx, los capos que controlaban este mercado no fueron detenidos durante el operativo policial.

La Secretaría de Seguridad de Bogotá emitió un informe en el que aseguraba que la criminalidad en la zona había descendido un 12% desde la intervención. Las lesiones y los homicidios han disminuido en un 48%, pero los hurtos se mantienen casi igual. EL PAÍS se ha puesto en contacto con Daniel Mejía, responsable de la cartera en la ciudad, y con los mandos policiales, pero no ha obtenido respuesta para poder entender cómo se han hecho estas estadísticas ya que el pasado 22 de mayo, la policía desarticuló a la banda Los Reyes, procedente del Bronx. Este grupo había cometido entre 10 y 25 asesinatos en un sector cercano, en nueve meses, según las autoridades.

La alcaldía asegura haber atendido “integralmente”, sin especificar el tipo de asistencia, a más de 2.000 indigentes que dijeron provenir de la olla en alguno de los siete centros que hay repartidos por la ciudad. Estos lugares tienen capacidad para unas 2.000 personas, según información de la Secretaría de Integración Social de Bogotá. “Hay tres estadísticas de cuántos habitantes de calle hay en la ciudad y todas son viejas”, explica Alirio Uribe, representante a la Cámara por el Polo Democrático, partido de izquierda, y crítico con la manera en la que se intervino en el Bronx. “Hay una de la alcaldía que contabilizó 10.000; hay otra del Ministerio de Salud de 2015 que asegura que son 22.000; y una tercera de 20.000”. Números que sobrepasan la capacidad de ayuda integral de los albergues que, por el momento, están funcionando. “En 2017 se van a abrir 10 nuevos centros, con 730 nuevos cupos y énfasis en formación para el trabajo”, promete el alcalde.

Uribe propone la creación de “zonas humanitarias”, lugares donde los indigentes y drogodependientes pudieran dormir, comer, asearse, tener vigilancia y ser atendidos en condiciones de salubridad. “Les podrían dispensar la droga”, apunta. Los centros de asistencia actuales no pueden suministrar ningún tipo de estupefaciente ni metadona durante el tiempo que atienden a los consumidores. “Estamos de acuerdo en que había que hacer algo, pero el remedio no se ve”. ¿Dónde construiría estas zonas humanitarias? “Nadie los quiere, ni sus familias, ni sus amigos, ni los vecinos, ni los comerciantes”, explica. “Ellos son las víctimas, en alguna parte hay que tenerlos”.

El Bronx, ¿un negocio urbanístico?

Tres familias resisten en los edificios que todavía no se han derruido en el Bronx. La policía que vigila la zona acordonada las 24 horas del día desde hace un año explica que algunos vigilan las fincas a sus dueños y otros negocian con la alcaldía la venta. “En este sector se desarrollarán nuevas industrias de la Economía Naranja: creación, diseño, publicidad, juguetería, artesanías, artes escénicas, artes visuales, música, medios audiovisuales y moda”, dice el alcalde Peñalosa. “Además, tendrá servicio de TransMilenio [el sistema de autobuses de Bogotá] y una estación de la primera línea del metro”.

Las primeras grúas que aparezcan en el Bronx se encargarán de construir una sede administrativa del ayuntamiento que debería estar terminada en 2019, según informan desde Empresa de Renovación y Desarrollo Urbano (ERU), encargada del proyecto. “Ya se han invertido 13.000 millones de pesos [unos 4.000 millones de dólares] en estas calles”, explican. De manera paralela se abrirán concursos públicos para atraer instituciones educativas y que así construyan en el centro de la ciudad sus escuelas de artes. Al mismo tiempo, ERU explica que se fortalecerán las economías existentes: las decenas de ferreteros y talleres que pueblan esta zona. Un plan que pretende también que nuevos tipos de comercios y servicios lleguen a estos barrios.

En la alcaldía de Bogotá son conscientes de que esta renovación no será visible en el corto ni el mediano plazo. Los críticos como Alirio Uribe ven en este plan la entrada perfecta para “los grandes inversores”. El metro cuadrado en el barrio de San Victorino, una zona comercial próxima al Bronx, es similar al de la zona más cara de Bogotá, en el norte de la ciudad donde residen los estratos más altos. “Estamos usando una base catastral para la evaluación de las hectáreas”, explican desde la Empresa de Urbanismo de la alcaldía. “El resto de precios que se manejan sería hablar de especulación”.

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