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Las voces feministas luchan por hacerse oír en China

El férreo control del Gobierno a la sociedad civil dificulta la lucha por la equiparación

“Han violado las leyes y normativas del país, por lo que bloquearemos su cuenta durante un mes entero”. Con el argumento de que habían publicado “contenido relacionado con la lucha feminista”, Weibo, el Twitter chino, censuraba 'Voz Feminista', una popular página digital centrada en los derechos de las mujeres. Su delito aparente, haber reproducido un artículo de The Guardian sobre la huelga femenina planeada en el mundo para este miércoles 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer. 

Día Internacional de la Mujer 2017
Mujeres chinas elaboran un mural para la celebración del día internacional de la mujer en Yangzhou, al este de China el 6 de marzo. AFP

Es un ejemplo más de la difícil existencia del movimiento feminista chino, aún muy minoritario, y la lucha por la equiparación de derechos de las mujeres, en un país donde el Gobierno ejerce un control cada vez mayor sobre las actividades de la sociedad civil. “Antes no querían que celebrásemos ninguna actividad. Ahora no organizamos ninguna, pero ni siquiera nos permiten que nos expresemos en internet”, se lamenta Xiong Jing, editora de la página.

El mayor revés llegó hace dos años, con la detención durante un mes de cinco jóvenes feministas: Li Maizi, Wu Rongrong, Zheng Churan, Wei Tingting y Wang Man. Hasta entonces, las cinco habían llevado a cabo campañas simples, pero muy efectivas, para reclamar un trato igualitario: desde sentadas en los baños públicos para reclamar más urinarios hasta desfiles en vestidos de novia ensangrentados para protestar contra la violencia doméstica. En 2015, inmediatamente antes de su detención, planeaban repartir pegatinas contra los toqueteos en los transportes públicos durante el 8 de marzo.

La detención de las “Cinco Feministas”, que suscitó las protestas internacionales, supuso un jarro de agua fría al movimiento y a sus protagonistas, que desde entonces se han mantenido en un segundo plano. Una manifestación como la Marcha de las Mujeres el 21 de enero en Estados Unidos y otros países occidentales es impensable en China. Aunque las activistas no han perdido el entusiasmo ni la convicción.

“Me sorprende que no todas las mujeres sean feministas”, dice Teresa Xu, que junto a Li Maizi, su entonces pareja, protagonizó en 2015 una ceremonia informal de boda para reclamar la legalización del matrimonio homosexual. Xu pone como ejemplo su propia historia: “Crecí viendo mucha discriminación. Mis abuelos preferían a los chicos en lugar de las niñas. Los propios profesores en la escuela secundaria. No importaba cuánto se esforzara una chica, los maestros siempre opinaban que los varones lo hacían mejor y sacaban mejores notas”.

La feminista Feng Yuan.
La feminista Feng Yuan.

Es una historia común en China. La participación laboral femenina ronda el 70%, más que en algunos países occidentales. Muchas son profesionales de éxito. Es el país del mundo que tiene más mujeres con fortunas superiores a los mil millones de dólares.

Pero, en palabras de la escritora y comentarista social Zhang Lijia, autora de la novela Lotus sobre el mundo de la prostitución en China, “el mercado no ha tratado bien a las mujeres”. Según datos de 2010, los últimos disponibles, en las ciudades el salario de las mujeres representa el 67,3% del de los varones. En el campo, esa cifra se reduce al 56%

Aumenta la brecha salarial y las jóvenes universitarias sufren más problemas que sus compañeros varones para encontrar empleo. A la hora de las promociones, las compañías siguen primado a los hombres. Según una encuesta publicada esta semana en los medios chinos, el 80% de las mujeres trabajadoras creen que sufren discriminación en sus empresas. Tan solo el 28% de las encuestadas tiene como jefa a una mujer.

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En el terreno político la situación es aún peor: apenas dos de ellas figuran en el Politburó, el segundo nivel de mando dentro del Partido Comunista. En el más alto, el Comité Permanente, nunca ha habido ninguna. Y en la sociedad en general, pesa aún la mentalidad confuciana que dicta que es el varón el cabeza de familia, quien debe ocuparse de sus padres y quien transmite la línea familiar. “Aún queda mucho por delante en lo que respecta a la igualdad”, sostiene Zhang

Son situaciones que no pasan desapercibidas a las mujeres y que han generado una creciente concienciación, especialmente entre las generaciones más jóvenes y urbanas.

Pero la palabra feminismo aún acarrea un cierto estigma social en la población china. Es frecuente que las propias mujeres se declaren partidarias de la igualdad de derechos, pero rechacen definirse como “feministas”.

“El término feminista aún conlleva una connotación negativa. Mucha gente tiene aún la idea, quizá difundida por los medios de comunicación, que ser feminista es ser agresiva, ir buscando pelea”, explica Feng Yuan, veterana activista de los derechos de la mujer.

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Pero lo cierto es que las feministas defienden causas que han ido calando entre el público: la discriminación laboral. El acoso sexual en lugares públicos o en el lugar de trabajo. La violencia doméstica, una lacra que afecta a una de cada cuatro mujeres casadas en China. Es algo, apunta Feng Yuan, que puede servir de plataforma al movimiento y “hacer que más gente colabore”.

“Ahora que mucha más gente se ha incorporado a la conversación, el feminismo se ha convertido en un asunto candente. Creo que no importa cuánto intente el gobierno controlar el movimiento, aquellas que han adquirido concienciación no darán un paso atrás”, apunta por su parte Xiong.

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