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El autor del ataque al club de Estambul en Nochevieja se entrenó en Afganistán

Las autoridades afirman que el terrorista ha confesado su autoría y creen que pertenece al ISIS

“Un terrorista muy bien entrenado”. Con estas palabras el delegado provincial del Gobierno de Estambul, Vasip Sahin, definía este martes a Abdulkadir Masharipov, el autor de la masacre de Año Nuevo en el club Reina, que dejó 39 muertos y fue asumida por el Estado Islámico (ISIS). Con su detención la pasada noche en un barrio del extrarradio de la metrópolis turca se ponía fin a 17 días de especulaciones en las que la policía manejó diversas posibles identidades y el presunto militante de Estado Islámico, huido, burló a las fuerzas de seguridad, permitiéndose incluso publicar un vídeo —probablemente grabado antes del atentado— en el que se paseaba por el centro de Estambul. “El terrorista [detenido] ha confesado su autoría (...). Además, nuestra investigación ha probado que las huellas dactilares coinciden [con las encontradas en el lugar del crimen]”.

Abdulkadir Masharipov, el atacante del club Reina en Estambul (Turquía), en una fotografía del lunes 16 de enero de 2017.

Masharipov, nacido en 1983 en Uzbekistán, “recibió entrenamiento en Afganistán”, tenía un alto grado de experiencia militar y “sabía 4 idiomas”. Desde luego, su utilización por parte del ISIS muestra un cambio en la estrategia de ataques del grupo yihadista en Turquía. Durante 2015 los atentados se dirigieron principalmente contra organizaciones opuestas al gobierno islamista de Turquía –kurdas e izquierdistas- y en 2016, en una segunda fase, se centraron en la importante industria turística del país, atacando a grupos de visitantes extranjeros e infraestructuras. Pero a partir de la matanza en el aeropuerto Atatürk de Estambul (junio 2016) se percibe un cambio en el perfil de los autores: si anteriormente eran en su mayoría turcos o árabes, en aquel caso –ante la vigilancia policial de las células yihadistas locales- se utilizó a militantes procedentes de repúblicas exsoviéticas probablemente vinculadas a la estructura del ISIS en el Cáucaso. En declaraciones a EL PAÍS, el analista de Seguridad Hasan Selim Özertem llama la atención sobre un dato a tener en cuenta: la “elevada movilidad” de la que parecen disponer los militantes de origen centroasiático ligados al ISIS –uzbekos, kazajos, kirguises, uigures...-, que incluso han formado batallones propios en Irak y Siria.

Otra diferencia es que si anteriormente la práctica totalidad de los ataques de Estado Islámico en Turquía habían sido atentados suicidas, en este caso se utilizó por primera vez la modalidad de hit and run (golpear y huir, en la terminología anglosajona). La ventaja de esta táctica, desde el punto de vista del ISIS, es que no necesita sacrificar a un combatiente tan preparado como Masharipov; su desventaja, como subrayó el primer ministro turco, Binali Yildirim, que podrá ser interrogado: “Lo importante es que lo hemos capturado y que a través de ello dilucidaremos qué fuerzas y organizaciones están tras el ataque”.

Se cree que el atacante del club Reina, que también respondía al alias Abu Mohamed al Jorasaní, fue instruido por Al Qaeda en Afganistán, aunque posteriormente habría tomado partido por el ISIS, escisión de la anterior. “En enero de 2016, entró de forma ilegal en nuestro país a través de las provincias orientales”, explicó Sahin, y alquiló un apartamento en el distrito estambulí de Basaksehir. Desde entonces, podría haberse desplazado a Siria y regresar a Turquía, apunta Özertem: “Desde luego estuvo en contacto con personas que habían estado en Siria y por la forma en que actuó durante el ataque, está claro de que tenía experiencia en combate, fuese en Afganistán o en Siria”.

El día del atentado, Masharipov acudió al Reina en taxi y, tras vaciar seis cargadores de su AK-47 sobre las decenas de personas que festejaban la entrada del nuevo año, se cambió de ropa y salió del club entre los heridos, para luego escapar del lugar en tres taxis diferentes. Desde entonces, según ha averiguado la policía, habría cambiado de hogar en varias ocasiones y solo en la última semana acudió un piso del distrito estambulí de Esenyurt en el que fue detenido y donde, a juzgar por lo hallado, se cree que sus compañeros de organización llevaban un tiempo residiendo.

En ese apartamento también fueron capturados un hombre iraquí (en primer lugar se había identificado como kirguís) y tres mujeres de nacionalidad somalí, senegalí y egipcia, que se sospecha formaban parte de la misma célula, como otras 50 personas detenidas –en su mayoría extranjeras- en redadas hechas en 152 direcciones de varias provincias de Turquía durante las últimas dos semanas. En Esenyurt además se hallaron dos pistolas –una de fogueo-, dos drones, varias tarjetas telefónicas y 197.000 dólares en metálico. “Es mucho dinero. Lo máximo que se les suele encontrar son 5.000 dólares, como al terrorista suicida de Sultanahmet (enero de 2016) o incluso menos como al de Istiklal (marzo de 2016)”, explica a EL PAÍS una fuente de seguridad.

Otro analista turco, Abdullah Agar, asegura que esa cantidad de dinero y la variada composición étnica de los habitantes del piso franco descubierto –“no coincide con anteriores perfiles del ISIS”- podría apuntar hacia un móvil monetario de la matanza: un “asesino a sueldo” contratado por Estado Islámico. Sin embargo, la fuente de seguridad consultada por este diario se inclina por la hipótesis de que fuera un militante convencido del ISIS, y que ese dinero era, probablemente, para la comisión de “nuevos ataques”, o procedía de “una red de inmigración ilegal” vinculada a los yihadistas.

“De lo que no cabe duda, es que este ataque fue cometido en nombre del ISIS”, sentenció el delegado del gobierno Vasip Sahin, algo que debería dar por zanjadas las especulaciones de la prensa progubernamental turca –estimuladas por parte del Ejecutivo islamista- de que hay “organizaciones de inteligencia extranjera”, la CIA según algunos, involucradas en la masacre del Reina.

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