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Theresa May pasa a la ofensiva en el ‘Brexit’

La primera ministra pronuncia este martes su esperado discurso en el que está previsto que insista en una salida limpia y radical de la UE

Theresa May
La primera ministra británica, Theresa May. REUTERS

Theresa May sortea desde julio las presiones para aclarar su postura de cara a la negociación del Brexit, escudándose en una decisión táctica: sería un error mostrar sus cartas antes de empezar la partida. Pero este martes, a menos de tres meses de que expire el plazo que se autoimpuso para iniciar formalmente dicho proceso negociador, cede a las presiones y eso es precisamente lo que se dispone a hacer: en un largamente esperado discurso que pronunciará esta mañana en Londres, Theresa May promete enseñar sus cartas. Y su jugada es esta: el Gobierno británico está preparado para un Brexit limpio y duro, que saque completamente a Reino Unido del mercado único, con tal de recuperar el control de sus fronteras y salir de la jurisdicción del Tribunal Europeo de Justicia.

Así se desprende de los extractos del discurso que han ido filtrándose a la prensa y de la sucesión de declaraciones de miembros de su equipo orquestada en los últimos días. Los mercados ya han reaccionado, antes incluso de ver de primera mano las cartas de Theresa May, con una nueva caída histórica de la libra: la divisa británica cotizaba el lunes por debajo de los 1,20 dólares, un umbral del que, en los últimos 30 años, solo bajó por un breve periodo el pasado mes de octubre cuando la primera ministra, en el congreso del partido conservador, ofreció los primeros indicios de que se disponía a pilotar al país hacia un Brexit duro. Los líderes empresariales, partidarios de mantener el mayor acceso posible al mercado único, tampoco se han hecho esperar: el mismo lunes urgían al Gobierno, a través del director de la principal confederación industrial, a comprender las graves consecuencias de lo que describen como “un desordenado aterrizaje forzoso”.

En el que se anticipa como el más importante discurso sobre Europa de un primer ministro británico desde el que pronunciara David Cameron en la sede de Bloomberg en 2013, Theresa May prevé alinearse con el sector más euroescéptico de su partido. Algo que, más allá de la solemnidad de un discurso al que se ha invitado a los embajadores en Londres de los otros 27 Estados miembros, no debería sorprender a quienes hayan seguido los pasos de May desde que llegó a Downing Street hace seis meses.

Frente a las críticas sobre su falta de concreción, conviene recordar que la primera ministra ha dejado varias cosas claras en este tiempo. Ya en su primer discurso en el congreso tory, marcó dos líneas rojas: no está dispuesta a ceder en el control de las fronteras ni a que el país siga sometido a la jurisdicción del Tribunal de Justicia Europeo. El Gobierno también dejó caer en diciembre una cosa que no descarta: seguir contribuyendo económicamente a la UE después de abandonarla. La suma de esas prioridades dibuja lo que puede ser el desenlace deseado por May: un Brexit duro como punto de partida, y la esperanza de comprar el acceso al mercado único para determinados sectores claves. En otras palabras, resetear la relación con la UE y, después, negociar un acceso preferente a los mercados europeos para sectores como el del automóvil, el farmacéutico y el financiero.

El discurso de Theresa May viene precedido por una ofensiva de sus ministros contra las tentaciones de torpedear esa nueva relación. En un artículo en el Sunday Times, el ministro del Brexit, David Davis, defendía que “una nueva alianza fuerte con Reino Unido ayudaría a la UE a no fracasar y a prosperar económica y políticamente”. Philip Hammond, canciller del Exchequer, en una entrevista en el diario alemán Die Welt, advertía de que Londres no permanecerá inmóvil si la UE trata de imponer trabas al comercio con Reino Unido después del Brexit y amenazaba con convertirse en una especie de paraíso fiscal para ganar competitividad. “Confío en que podamos seguir con un sistema fiscal de estilo europeo”, declaró el titular de Economía. “Pero si se nos fuerza a cambiar nuestro modelo, tendremos que convertirnos en algo diferente”.

Trump, con el 'Brexit'

La relación especial de Reino Unido y Estados Unidos, en la era Trump, sigue tejiéndose de manera extravagante y de espaldas a la primera ministra. Después de reunirse con Nigel Farage, líder del antieuropeo UKIP, días después de ser elegido presidente, Donald Trump recibió a Michael Gove, exministro, exrival de May en la batalla por el liderazgo tory y ferviente antieuropeo a quien la primera ministra excluyó de su Gobierno, en una entrevista que publicaba ayer The Times. El presidente electo aseguró que ofrecerá a Reino Unido, en sus primeras semanas en la Casa Blanca, un acuerdo comercial bilateral para hacer del Brexit “una gran cosa”. Trump se distanciaba así a su predecesor, Barack Obama, que en plena campaña del referéndum aseguró en Londres que el país tendría que situarse “al final de la cola” para negociar un acuerdo si optaba por el Brexit. El presidente electo predecía en la entrevista que otros países seguirán el ejemplo de Reino Unido y abandonarán una UE profundamente perjudicada por la crisis de la inmigración.

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