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El atentado añade presión a Merkel a nueve meses de las elecciones

La canciller se compromete a castigar al responsable del ataque "con toda la dureza de la ley"

El peor escenario es ya una realidad. La canciller alemana, Angela Merkel, ha sobrevivido a año y medio de crisis migratoria y, con un ligero impulso en las encuestas, se preparaba para las elecciones de septiembre. Pero en la noche del lunes todo cambió. Poco importa que aún no esté clara la motivación del atentado. O que, después de desvanecerse las sospechas sobre el detenido, nada lo vincule con los refugiados. La presión sobre Merkel aumenta. Líderes populistas europeos la responsabilizaron este martes del ataque al mercadillo.

La canciller alemana, Angela Merkel, acude al mercadillo navideño berlinés donde se produjo el atentado.

“Como millones de alemanes, estoy conmovida y profundamente triste por lo ocurrido en la plaza de Breitscheid de Berlín”, comenzó la canciller su intervención de este martes por la mañana. A esa misma hora, cuando aún no había confirmación oficial pero los indicios apuntaban a que el atentado había sido obra de un refugiado paquistaní, —liberado más adelante por la Fiscalía— los líderes del partido ultraconservador y xenófobo Alternativa para Alemania (AfD) ya habían hecho todo lo posible para culpar de la tragedia a la mujer que permitió el año pasado la entrada de 890.000 solicitantes de asilo. 

“Estos son los muertos de Merkel”, tuiteó en la noche del lunes, con los cadáveres aún calientes, el líder regional de AfD Markus Pretzell. “El ambiente en el que estos actos pueden reproducirse fue importado sistemáticamente en el último año y medio. No fue un incidente aislado y tampoco será el último”, añadió al día siguiente Frauke Petry, copresidenta del partido que se prepara para convertirse en la tercera fuerza en el Bundestag (Parlamento).

Las críticas a Merkel no le llegaron solo de AfD. Líderes populistas como el holandés Geert Wilders o el británico Nigel Farage también la responsabilizaron de lo ocurrido. E incluso su teórico aliado, el bávaro Horst Seehofer, disparó en la misma dirección: “Se lo debemos a las víctimas y a sus allegados. Debemos reflexionar sobre nuestras políticas de migración y de seguridad”, aseguró. El bávaro trataba así de usar la tragedia para insistir en las exigencias que verbaliza desde hace más de un año —como el establecimiento en Alemania de un máximo de 200.000 solicitantes de asilo al año— con poco éxito. Seehofer insiste en que este es un requisito sine qua non para que su partido, la CSU, repita coalición con la CDU de Merkel tras las elecciones. Por si había dudas, este martes volvió a dejar claro que no va a dejar pasar ninguna oportunidad.

Altar improvisado cerca del mercado navideño en Berlín. ver fotogalería
Altar improvisado cerca del mercado navideño en Berlín. REUTERS

Acusaciones apresuradas

Lo curioso es que en las siguientes horas se daría la vuelta a la situación. Policía y Fiscalía admitieron que es muy posible que el refugiado detenido no tenga nada que ver con el ataque. Y de hecho minutos más tarde, quedó liberado. Así, con este nuevo dato, las acusaciones contra la política migratoria de Merkel parecían, como mínimo, apresuradas. Pero a las autoridades alemanas se les apareció entonces un problema aún mayor: el desconcierto y preocupación que genera la idea de que un peligroso terrorista, posiblemente armado, ande libre por las calles de Berlín.

Merkel ha sobrevivido a año y medio de crisis migratoria con una doble estrategia. Por una parte, defender la decisión que tomó en 2015 de dejar entrar a la marea humana que huía de países en guerra o con dificultades económicas. Por otra, endurecer las condiciones en la concesión de asilo e incrementar las devoluciones. Así lo dejó claro en el congreso de la CDU, celebrado hace dos semanas en la ciudad de Essen, donde dijo que las entradas masivas de 2015 no podían repetirse bajo ningún concepto.

A diez meses de las elecciones, la demoscopia parecía sonreírle. La unión de CDU y CSU ronda una intención de voto del 35%, por debajo del 41% logrado en 2013 pero un porcentaje muy respetable tras una legislatura tan complicada. Los populistas de AfD, con cerca del 12%, quedarían en tercera posición y totalmente imposibilitados para llegar al Gobierno por su incapacidad para pactar con ningún otro partido. Los atentados islamistas del pasado verano, sin víctimas mortales, pusieron a prueba esta relación de fuerzas. Y sucesos, como la violación y asesinato de una estudiante de medicina a manos de un solicitante de asilo afgano, han contribuido a envenenar el ambiente.

Pero Alemania no se había enfrentado en los últimos años a un atentado de grandes características. La pregunta ahora es si la muerte de 12 personas en un mercadillo navideño berlinés —sobre todo si al final resultara ser obra de un refugiado— supondrá un golpe definitivo para la única líder europea que en la última década se las ha apañado para salir indemne de las crisis. A nueve meses de las elecciones, nada es descartable. Ya lo dijo la propia Merkel al presentar su candidatura. Alertó de que los próximos comicios serán los más complicados desde la reunificación de 1990.

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