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ANÁLISIS

El voto ‘antiestablishment’ corona a Wall Street

Nunca el ‘hombre de Davos’ había llegado tan lejos dentro de los estamentos políticos

En Estados Unidos el término hillbilly se utiliza —casi siempre de forma despectiva— para designar a los habitantes blancos rurales de la región montañosa, minera e industrial, del este del país. Unas zonas que apoyaron de forma mayoritaria a Donald Trump en las pasadas elecciones presidenciales y a las que prometió devolverles la prosperidad y el empleo de un esplendor que hace tiempo quedó atrás. Ningún hillbilly formará parte del nuevo Gobierno de Trump.

Gary Cohn, número dos de Goldman Sachs, sale de una reunión en la Torre Trump el martes en Nueva York.
Gary Cohn, número dos de Goldman Sachs, sale de una reunión en la Torre Trump el martes en Nueva York. AFP

La designación de Rex Tillerson, hasta ahora presidente de Exxon Mobil, la mayor petrolera del mundo, como futuro secretario de Estado culmina la mayor toma de posiciones de las grandes corporaciones sobre la política económica de la primera potencia mundial. Tillerson se suma a la designación del número dos de Goldman Sachs, Gary Cohn, como director del Consejo Económico Nacional, el principal asesor económico de la Casa Blanca y un puesto tradicionalmente destinado a diseñar las grandes reformas del sistema tributario o del financiero impulsadas por los distintos presidentes. La nominación de Cohn hace más improbables los habituales choques entre el Consejo Económico y el secretario del Tesoro. Steve Mnuchin, que ha sido elegido para ocupar este cargo, pasó 17 años de su carrera en el gigante bancario.

Trump ha creado, además, un foro de estrategia y política para asesorarle en su empeño de hacer “América grande de nuevo”. Al frente de este nuevo foro estará Stephen A. Schwarzman, presidente de Blackstone, el mayor fondo de inversión del mundo, y junto a él los máximos responsables del establishment financiero, como JPMorgan y BlackRock; y empresarial, con General Motors, IBM, Boeing o Wal-Mart, entre otros.

Nunca el hombre de Davos había llegado tan lejos dentro de los estamentos políticos. Los habituales de la reunión anual de la estación de esquí suiza se han trasladado, casi literalmente, al jardín de la Casa Blanca. La edición del próximo mes de enero va a verse notablemente mermada. El candidato antiestablishment ha entregado el gobierno económico a sus máximos representantes.

Trump salió elegido con el voto de los blancos de zonas rurales. Ninguno formará parte de su Gobierno

Junto a sus abultadas carteras, todos ellos tienen otro rasgo en común: carecen de experiencia de Gobierno, lo cual añade más incertidumbre a la que ya de por sí provoca un presidente electo que presume de ser imprevisible.

“A los mercados puede que no les guste la incertidumbre, pero claramente están aprendiendo a vivir con ella”, trataba de explicar en un reciente informe el Instituto de Finanzas Internacionales, el mayor lobby mundial de la banca privada. Contra sus advertencias tradicionales, las Bolsas han celebrado este radical giro político con fuertes subidas y nuevos máximos. Pero del amor al odio, también en los mercados, apenas hay un paso.

En una reciente reunión en Madrid fuentes financieras internacionales apuntaban: “Estamos a un tuit de la catástrofe”. Atentos a sus redes.