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La salida de Rousseff abre nuevas oportunidades en la relación entre Brasil y Estados Unidos

Ambos países confían en impulsarla tras la inestabilidad política y el clima tirante entre los presidentes

Rousseff, este jueves en Brasilia
Rousseff, este jueves en Brasilia AP

En un reflejo del inevitable cambio de era, Luiz Alberto Figueiredo celebró hace una semana en Washington una fiesta de despedida como embajador de Brasil en Estados Unidos. No esperó a la destitución, el miércoles, de Dilma Rousseff como presidenta por parte del Senado. El nuevo presidente de Brasil, Michel Temer, ya acordó hace dos meses el baile de embajadores. Figueiredo, un exministro de Exteriores que ahora va a Lisboa, es sustituido por Sérgio Amaral, un veterano político con experiencia en la diplomacia y el comercio.

La elección de Amaral ejemplifica el foco comercial que el nuevo Gobierno de Brasilia quiere dar a la relación con Washington. Superado el culebrón del impeachment a la expresidenta brasileña, las dos mayores democracias y economías de América quieren impulsar la relación bilateral dejando atrás la inestabilidad política del último año, y el clima tirante entre Rousseff y el presidente estadounidense, Barack Obama.

Las promesas de buenas intenciones, de que es la hora de dar el impulso definitivo a la relación acorde al peso de los países, son recurrentes entre ambos gigantes, cuyo entendimiento ha transitado en una especie de montaña rusa en los últimos años.

“El que haya un nuevo presidente es definitivamente una oportunidad para restablecer la relación bajo algunos puntos, objetivos e iniciativas importantes que hasta hoy no se podían hacer por la tormenta política que había”, dice Peter Schechter, director del centro latinoamericano del Atlantic Council, un laboratorio de ideas en Washington. El experto cree que la colaboración puede abarcar desde la crisis en Venezuela hasta un mayor entendimiento en asuntos tecnológicos, educativos y comerciales.

El Departamento de Estado reaccionó con pragmatismo a la salida de Rousseff, y evitó secundar las críticas de la expresidenta y de algunos países latinoamericanos que sostienen que fue víctima de un golpe de Estado. “Esta fue una decisión hecha por el pueblo brasileño y la respetamos”, dijo el miércoles el portavoz John Kirby. “Creemos que las instituciones democráticas de Brasil han actuado dentro de su marco constitucional”.

El portavoz de la diplomacia estadounidense se mostró seguro de que continuará la “fuerte relación bilateral” y la “colaboración esencial” entre ambas potencias.

A principios de agosto, el secretario de Estado, John Kerry, esgrimió, tras reunirse en Río de Janeiro con su homólogo, José Serra, que en los últimos años la crisis política brasileña “impidió que las relaciones floreciesen” y aseguró que ambos países “tienen mucho por realizar juntos”.

La declaración desata una sensación de déjà vu. Tras la reelección de Rousseff a finales de 2014, Washington hizo gestos conciliadores a Brasilia con los que esperaba superar la brecha abierta por el espionaje, destapado en 2013 por Edward Snowden, de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA, por sus siglas en inglés) a la entonces presidenta brasileña.

Tras saber que su teléfono había sido pinchado, Rousseff canceló una visita de Estado a Washington. Esperó una disculpa oficial de Obama, que nunca llegó. En junio de 2015, selló la paz con el presidente estadounidense con una visita a la Casa Blanca. En la reunión, se reiteraron las buenas intenciones y se firmaron acuerdos estratégicos. Pero la creciente inestabilidad política brasileña, acompañada por el hundimiento económico, ha lastrado el acercamiento.

Obama, que se mostró cercano a Brasil al principio de su mandato, termina en enero su presidencia. Temer tiene dos años por delante hasta las próximas elecciones. Ambos coincidirán este fin de semana en la cumbre del G 20 en China.

El analista Schechter se declara “relativamente optimista” sobre la capacidad del nuevo presidente brasileño de enderezar el país y estrechar lazos con socios clave, como EE UU. “La relación fue impedida por todos los problemas que ella (Rousseff) tenía y ahora van a poder trabajar en ciertas cosas”, dice.

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