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‘IN MEMORIAM’

John Brademas, influyente educador y político estadounidense

Poderoso demócrata, bajo su dirección la Universidad de Nueva York alcanzó prestigio internacional

John Brademas, flanqueado por John Kerry (izquierda) y Newt Gingrich en 2007.
John Brademas, flanqueado por John Kerry (izquierda) y Newt Gingrich en 2007. AP

John Brademas (Mishawaka, Indiana), político y educador estadounidense fallecido el pasado día 11, hizo su doctorado sobre el movimiento anarcosindicalista en Cataluña. Se jactaba a menudo de ser el primer miembro del Congreso de los Estados Unidos de origen griego. Cada vez que me contaba el encuentro que organizó entre su padre, un emigrante humilde, y el rey de Grecia, lloraba. Cuando murió el rey Pablo, asistió al funeral en Atenas como representante del presidente de Estados Unidos y allí conoció a la princesa Sofía y a su novio Juan Carlos Borbón y Borbón. Gracias a ese encuentro se desarrolló una relación entrañable entre ellos que duró hasta su fallecimiento.

Fue un demócrata poderoso, amigo de cinco presidentes norteamericanos, y gran admirador de Hillary Clinton. En 1981 fue nombrado rector de la Universidad de New York y durante su mandato la universidad se convertió en una institución con gran reconocimiento internacional. Su logro más personal fue fundar el Centro Rey Juan Carlos I en Washington Square, que sigue siendo el referente en los Estados Unidos para debatir y difundir la cultura española.

John venía a España cada año y durante una década yo era la persona que le recibía y acompañaba. En Barajas siempre aparecía empujando su carrito él mismo, y vestido igual; un traje azul marino de raya diplomática y la corbata de su facultad de Oxford. En el taxi repasábamos la política española y norteamericana y me enseñaba los recortes de prensa que, a lo largo del vuelo, había arrancado del New York Times, Washinton Post y Financial Times.

Estos viajes siempre incluían una audiencia con la familia real y excursiones a las provincias. Una vez le acompañé a Ronda (Málaga), donde intentó convencer a una señora rica sin herederos que donara sus propiedades a su universidad. Otra vez fuimos a Barcelona, donde cenamos con Pasqual Maragall después de que la Universidad de Barcelona otorgara a John el enésimo doctorado honoris causa que recibía.

Pero el viaje que más me impresionó fue en 2005, cuando leyó un discurso en la Residencia de Estudiantes abogando por la inversión privada en la educación pública. Clamaba en el desierto. Después de la conferencia, Plácido Arango nos ofreció una cena en El Bodegón con muchos amigos de John; Jesús Sainz y Jorge Gil, Hernán Cortés y Maya, Emilio Cassinello y Regina, Pepe García Velasco y Alicia Gómez Navarro, María Medina, Baltasar Garzón y Edward Malefakis, A las dos de la mañana John me dijo que quería viajar el día siguiente a Sevilla.

Quería visitar, por simple amistad, a Manuel de Prado y Colón de Carvajal, un señor manco que yo había conocido en presencia del rey en el palacio de la Zarzuela unos años antes, pero que había caído en desgracia por unos chanchullos gordos. En 2005 nadie quería verle ni en pintura. La simpatía de John me sorprendió, especialmente dado el tsunami de lo políticamente correcto que se acercaba en aquellos años. Hubiera sido mucho más fácil darle la espalda.

Manolo, descendiente de Cristóbal Colón, estaba muriéndose de cáncer y vivía solo en su mansión en la Avenida de la Palmera. Nos recibió tumbado y nos enseño el artilugio que tenía alrededor de su tobillo que le conectaba con la Policía Nacional. Hablaron una hora. No había nadie más en la casa, un palacete enorme lleno de antigüedades. Cuando se despidieron sabían los dos que nunca se volverían a ver. Tenían lagrimas en los ojos pero se contenían.

Una vez fuera en la calle, ya de noche, la avenida vacía, el aire oliendo a boj y azahar, John se alegraba de haber hecho el viaje. Se paró y me dijo que a los amigos, no obstante sus fallos, no había que abandonarlos. Ayer en Nueva York nos abandonó a sus amigos en España y en EEUU, que tanto le queríamos. John, inspirándose en los anarquistas, siempre cerraba sus discursos con las palabras “¡He dicho!”. Pues eso.

John J. Healey es escritor. Su última novella es El samurái de Sevilla.