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Washington y Seúl pactan desplegar un polémico sistema antimisiles

China cree que la decisión “perjudicará el equilibrio estratégico regional”

Después de cinco meses de negociaciones, Washington y Seúl han acordado el despliegue de un avanzado -y polémico- sistema antimisiles en suelo surcoreano, para hacer frente a la amenaza que consideran que Pyongyang representa “para Corea del Sur y para toda la región de Asia Pacífico”.

Protesta en Seúl contra el despliegue del escudo antimisiles, este viernes.
Protesta en Seúl contra el despliegue del escudo antimisiles, este viernes. EFE

Conocido por su acrónimo THAAD (Thermal High Altitude Area Defense), este sistema de alta tecnología está formado por radares con un alcance de miles de kilómetros, sistemas de comunicaciones e interceptores que destruyen al proyectil enemigo en la última fase de su vuelo, dentro o fuera de la atmósfera. Corea del Sur ya cuenta con un escudo basado en el sistema Patriot, aunque estos interceptores solo son efectivos a baja altitud.

Aunque Seúl dilató una respuesta en firme durante años, debido a la dura oposición de China a este sistema, los dos países abrieron finalmente las conversaciones oficiales para el despliegue del escudo antimisiles en febrero, después de que Pyongyang concluyera su cuarta prueba nuclear y la de un cohete que, según EE. UU. y Corea del Sur, encubría la de un misil balístico.

El anuncio, en un comunicado conjunto, no precisa cuándo comenzará el despliegue, aunque la agencia Yonhap, que cita al Ministerio de Defensa surcoreano, apunta que el objetivo es haber completado la instalación para finales del año próximo.

Su emplazamiento preciso está aún pendiente de una decisión definitiva, que tendrá en cuenta cuestiones de seguridad, sanidad y medioambientales. Varias ciudades surcoreanas han sido escenario de protestas en los últimos meses para rechazar que el sistema pueda instalarse en sus inmediaciones.

El comunicado sí insiste en que el THAAD, fabricado por Lockheed Martin, “se centrará únicamente en las amenazas nucleares y de misiles de Corea del Norte y no se dirigirá contra terceras partes”.

Desde que Seúl y Washington empezaron a plantear la posibilidad de este sistema defensivo en la península coreana, China ha protestado enérgicamente contra ello. Pekín, que ve con sospecha cualquier paso que pueda suponer un aumento de la huella militar estadounidense en Asia-Pacífico, considera que los radares del THAAD pueden utilizarse contra su territorio. O incluso contra zonas de soberanía en disputa, como el mar del Este de China, donde mantiene un contencioso con Japón. Rusia ha expresado también preocupaciones similares.

Inmediatamente después del anuncio oficial surcoreano-estadounidense, el Ministerio de Asuntos Exteriores chino expresó su “profunda insatisfacción y oposición absoluta” al despliegue del sistema antimisiles. Según Pekín, el THAAD “perjudicará gravemente el equilibrio estratégico regional y los intereses de seguridad de otros países en la zona, incluida China”.

Pekín ha advertido en varias ocasiones del peligro de que el escudo antimisiles desate una carrera de armamento en la zona, una de las mayores compradoras de armamento en los últimos años. Según el instituto SIPRI en Estocolmo, el gasto militar de Asia alcanzó los 436.000 millones de dólares, un aumento del 5,4% con respecto al año anterior, aunque buena parte de esa porción correspondió, precisamente, a China. La segunda economía del mundo fue responsable en 2015 del 49% de la inversión en Defensa de toda Asia-Oceanía, al destinar 215.000 millones de dólares.

EE. UU. y Corea del Sur alegan que el escudo es necesario porque las últimas pruebas de armamento de Pyongyang ponen de relieve una capacidad cada vez mayor de sus programas nucleares y de misiles balísticos.

El mes pasado, Corea del Norte lanzó un misil Musudan de medio alcance que recorrió 400 kilómetros antes de caer en el mar, algo que no habían conseguido intentos previos. Los analistas calculan que el régimen que encabeza Kim Jong-un cuenta con una treintena de estas armas, y un millar de cohetes de fabricación rusa capaces de alcanzar Corea del Sur y Japón.

En Tokio, el Ministerio de Defensa ha acogido con satisfacción el anuncio de este viernes. El THAAD, opina, permitirá la rápida interceptación de acciones hostiles norcoreanas y permitirá “también un impulso para avanzar en la cooperación de Defensa entre Japón y Corea del Sur”, indica la agencia Kyodo.