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La muerte a bordo

El cuerpo sin vida de uno de los más de cien migrantes rescatados este domingo cambia el estado de ánimo de la tripulación

Belén Domínguez Cebrián

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Rescate de un segundo bote frente a Libia
Rescate de un segundo bote frente a LibiaClaudio Alvarez

William (nombre ficticio) no lo consiguió. Este domingo por la mañana, un aviso del Centro de Rescates Marítimos de Roma ponía en alerta al Dignity I, el buque de rescate de MSF España. Hay una patera que ha sido interceptada enfrente de las costas de Sabratah, al oeste de Trípoli (Libia), y que necesita un salvamento. Mientras tanto, el barco de Sea-Eye (ONG alemana) acompaña a más de cien subsaharianos a bordo y les entrega un chaleco salvavidas para que, ya algo más tranquilos, aguanten sobre el gomón al rescate del Dignity. El calor es fortísimo y William, un hombre de mediana edad, muere rodeado de sus compañeros de viaje. Las causas se desconocen —a pesar del intento de reanimación una vez a bordo— pero debió perder toda fuerza y esperanza hace no mucho. Tenía ya el chaleco salvavidas puesto. “Yo se lo quité”, asegura un miembro de la tripulación.

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Impresiona como una persona anónima —aunque sin duda con un drama parecido a los miles de subsaharianos que huyen de la miseria y el conflicto— entre los más de 3.000 que tan sólo esta semana se han jugado la vida para cruzar la inmensidad del Mediterráneo puede cambiar tan radicalmente el estado de ánimo de todos los presentes en este punto en medio del mar. La tripulación está de luto, pero no deja de atender a las 133 personas que acaban de ser rescatadas y aún se dispone a recibir a otros 121 subsaharianos que van a ser transferidos desde un buque italiano al Dignity.

Así, el camino de vuelta del barco médico hacia Pozzalo (Sicilia), no será en balde. Los rescatados están visiblemente afectados e impresionados por la pérdida de uno de sus compañeros. Uno de ellos, bien por el enorme alivio al encontrarse en un barco estable o bien porque conocía a William, se desploma y llora desconsoladamente nada más ser rescatado. No hay consuelo para él y para su “hermano de viaje”, que también se ha derrumbado justo antes de que se le pudiera tan siquiera entregar agua y comida. Ellos, sin embargo y por fortuna, sí superaron con las extremas condiciones a las que se han visto abocados desde que comenzaron el viaje en Costa de Marfil, Nigeria, Gana, Gambia…

El del mar “es el último de los límites”, explica el capitán. La travesía por el desierto del Sáhara es de las más duras, según explicaba hace semanas Frontex (la agencia de control de fronteras exteriores de la UE), y es casi imposible de saber el número de personas que pierden allí la vida.

Mientras se aproxima el barco italiano, la tripulación del Dignity se pone en marcha y a sus puestos pues “hay que dar ahora prioridad a los vivos”, espeta Jean Philippe, el jefe de MSF en el buque; Carla, en el detector de metales; Astrid, en los packs; Maria José, en el primer control médico; Lizzi con las mujeres; Luca en el registro; y el resto de la tripulación en la maniobra. Pero hay que ocuparse también de William, cuyo cuerpo yace en un primer momento bajo una escalera de la cubierta, tapado con fundas especiales, y escondido de casi todo el mundo. Jean Phillipe está especialmente concentrado y aunque el Dignity ya ha acogido a dos cadáveres el año pasado —una persona falleció a bordo—, es una situación nueva para él.

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Tras haber seguido el protocolo de manejo de cadáveres, el cuerpo ha sido trasladado a la zona más protegida del sol. William está ahora envuelto en dos bolsas especiales para cadáveres y apartado de toda persona a bordo. Ya en Italia, las autoridades locales y el juez se encargarán del levantamiento del cuerpo y procederán a su entierro.

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