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Los conservadores euroescépticos se movilizan para derribar a Cameron

Gana apoyo la iniciativa de una diputada tory para presentar una moción de confianza

A tres semanas y media de que Reino Unido vote sobre su anclaje en Europa, el ruido de sables en las filas conservadoras subraya cuán honda es la brecha abierta por la campaña en el partido de Gobierno. El sector más irredento de los euroescépticos acaba de plantear abiertamente un desafío al liderazgo de David Cameron para el día después del referéndum del 23 de junio y, si bien todavía no cuenta con el apoyo de los pesos pesados tories, amenaza con negar al primer ministro un sostén parlamentario sin el que se abriría el escenario de elecciones anticipadas.

El primer ministro británico, David Cameron, en Japón.
El primer ministro británico, David Cameron, en Japón. EFE

La diputada conservadora Nadine Dorries abría el fuego el domingo ante las cámaras de televisión confirmando que ya ha escrito una carta al comité del Partido Conservador solicitando un voto de no confianza contra el primer ministro Cameron por haber “mentido al pueblo británico”. Medio centenar de diputados respaldan esa iniciativa, confirmaba su colega Andrew Bridgen, aunque están a la espera del desenlace del plebiscito. Incluso si los electores se decantan por la permanencia en la Unión Europea, sólo un resultado muy holgado (que Dorries fija en 20 puntos de ventaja) impediría la puesta en marcha de ese mecanismo, que sólo precisa el aval de 50 parlamentarios.

El sector rebelde no dispone, sobre el papel, de la fuerza necesaria para derribar al líder —la mitad de los 331 miembros del grupo parlamentario— ni del apoyo de los principales dirigentes del campo del Brexit, que por ahora apelan a guardar la calma aunque sigan sin ahorrarse críticas al primer ministro. Pero Bridgen y su grupo si pueden llegar a bloquear la legislación que Cameron presente ante el Parlamento en los próximos meses, tal y como han amenazado, una decisión que paralizaría al Gobierno y podría forzar un adelanto electoral.

La guerra interna de los conservadores, alimentada por una escalada de reproches mutuos y descalificaciones entre los dos sectores que el sí y el no al Brexit, amenaza con devenir en un partido ingobernable para Cameron. No hay día en que algún ministro del sector antieuropeo no se despache contra su jefe de filas desde los titulares de la prensa. Como el activo y muy popular Michael Gove, que el domingo exigió al primer ministro que se retracte de sus promesas electorales de reducir la cuota de inmigrantes, habido su fracaso a tenor de las últimas cifras oficiales, “porque resulta corrosivo para la confianza de los ciudadanos en la política”. Boris Johnson, el ex alcalde de Londres que, al igual que Gove, tiene aspiraciones de reemplazar a Cameron, se sumó a esa demanda. Esta del Brexit se ha convertido en la pelea definitiva entre Johnson y su amigo Cameron

O como la diputada Priti Patel, que al tiempo denunciaba que David Cameron “es demasiado rico” para preocuparse de cuestiones que, como el repunte de la inmigración, “tanto daño hacen a las clases más modestas” por la a su juicio insoportable presión que los recién llegados suponen sobre los servicios públicos. Este tipo de aseveraciones, o la del antiguo consejero de Downing Street, Steve Hilton, asegurando que Cameron es en realidad un euroescéptico de corazón, siguen deteriorando día a día su liderazgo.

Inquirido sobre la posibilidad de un golpe de Estado interno en el Partido Conservador, un portavoz de Cameron se ha limitado a subrayar que “el primer ministro está enfocado en este momento sólo en la gran cuestión que afronta el país, y ésa es si seguiremos formando parte de la Unión Europea o la abandonaremos”. La respuesta llegará a partir del 23 de junio, pero a partir del día siguiente comenzará otra batalla.

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