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China defiende sus líneas rojas, pero por primera vez asume compromisos

El país más contaminante del mundo ha sido uno de los grandes protagonistas en las conversaciones de París

Una madre y su hijo con mascarilla por la contaminación en Pekín el pasado 7 de septiembre.
Una madre y su hijo con mascarilla por la contaminación en Pekín el pasado 7 de septiembre. EFE

China se ha salido con la suya. En el documento final aprobado en la reunión de París contra el cambio climático, los países han acordado revisar cada cinco años sus compromisos para reducir las emisiones. Pero incluye una excepción, aquellos que ya hayan prometido recortes hasta el año 2030. La segunda potencia mundial está entre ellos. Pese a asumir por primera vez compromisos medioambientales bajo el liderazgo de Xi Jinping, Pekín impulsa proyectos con energías fósiles en una veintena de países.

El diario The New York Times alertaba este sábado de que los beneficios que produzca el recorte de emisiones en casa se puede ver contrarrestado en el exterior. Las empresas estatales chinas, respaldadas por préstamos de bancos públicos, financian al menos 92 plantas eléctricas alimentadas por carbón en 27 países en desarrollo pese al impacto que puedan tener en el calentamiento global y las emisiones, aseguraba el diario.

En general, la actitud de la segunda potencia del mundo ha sido muy diferente de la que mostró en 2009 en Copenhague, cuando se opuso a cualquier acuerdo de carácter vinculante. Entonces China se encontraba en plena aplicación de un modelo que primaba el crecimiento por encima de cualquier cosa, incluidas las preocupaciones medioambientales. Hoy ese modelo está agotado y la población protesta de modo cada vez más contundente por el deterioro ecológico.

El país más contaminante del mundo, que emite más de 9.000 millones de toneladas de CO2 al año, ha sido uno de los grandes protagonistas en las conversaciones de París. El jueves, cuando las negociaciones se estancaron, el presidente de EE UU, Barack Obama, y el chino, Xi Jinping, conversaban telefónicamente para “coordinar esfuerzos” y conseguir un “acuerdo ambicioso”, según un comunicado de la Casa Blanca.

Pekín ha prometido recortar sus emisiones por unidad de PIB entre un 60% y un 65% para 2030 con respecto a los niveles de 2005, y alcanzar su techo de emisiones para esa fecha.

Para 2030, el país responsable del 27% de las emisiones mundiales de carbono también asegura que aumentará al 20% el porcentaje de combustibles no fósiles —renovables y energía nuclear— en su cesta de consumo energético. En 2014, ese porcentaje era del 11,2%. La mayor parte de ese aumento, previsiblemente, provendrá del átomo: el país cuenta actualmente con 21 reactores y tiene previsto construir 28 más para incrementar la generación de energía nuclear de 19,1 gigavatios anuales a 58 gigavatios —el triple— en seis años.

Según el Gobierno chino, su país “se ha estado esforzando al límite para contribuir a la lucha global contra el cambio climático”, como aseguraba un comentario de la agencia oficial Xinhua ayer, y no puede hacer más. “Las metas de 2030 reflejan la resolución del país para seguir el camino del desarrollo limpio y bajo en carbón, que es la única opción de China para un desarrollo sostenible”, declaraba el comentario.

China, que ha visto desarrollarse la Cumbre de París mientras Pekín vivía su primera alerta roja por contaminación, ha anunciado algunas medidas complementarias durante la reunión en la capital francesa. Entre ellas, la reducción para 2020 de los “principales contaminantes” de las plantas eléctricas alimentadas por carbón, en una medida que parece principalmente encaminada a reducir la polución. También acelerará los cierres y alentará las fusiones de las minas de carbón más pequeñas.