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Ya es Navidad en Disneyland

El parque abre sus puertas tras cuatro días de luto, recreándose en su realidad paralela

Disneyland Paris
Un guardia frente a Disneyland el domingo, cerrado. Getty

El tren de cercanías que transita entre París y Disneyland (noreste) se va ahuecando en las paradas intermedias a su destino. Descienden los currantes en la hora punta y permanecen solitarios en el vagón Bárbara (27 años) y Juanjo (24), una pareja de españoles residentes en Londres que habían reservado el viaje en septiembre y que no han encontrado razones convincentes para suspenderlo.

"El peligro está en cualquier parte", explica el turista malagueño. "Londres se halla tan expuesta como esta ciudad. Nunca había estado en París. Renunciar al viaje era una manera de ceder a los terroristas. Nos lo vamos a pasar muy bien".

Parece el lema de los visitantes al parque temático, por no hablar de la sobreactuación de algunos padres que confortan a su prole poniéndose las orejas de Minnie y trasladando a las criaturas el hallazgo milagroso de una realidad paralela.

Tan paralela que es Navidad en Disneylandia. Que ha nevado. Y que los villancicos anestesian cualquier relación con el trauma de los atentados. Es un espacio de excepción, hasta el extremo de que el control de seguridad parece una atracción en sí mismo. Los bolsos se escrutan en unos compartimentos iluminados con colores. Sonríen los seguratas en los trámites del registro y una pantalla retrata a los turistas invitándolos a saludar, a improvisar muecas divertidas en atención al Gran Hermano.

Se trata de aislar el duelo. Y de abrir la puertas del mundo de nunca jamás porque han permanecido cerradas cuatro días. Nunca había sucedido nada parecido desde la inauguración (1992). Únicamente se observó una jornada de clausura cautelar en 1999 porque así lo aconsejaba el peligro de un fuerte temporal en el Hexágono.

"Yo vine aquí con 12 años", explica Bárbara, madrileña. "Fue sin duda alguna uno de los días más felices de mi vida. Tenía ganas de volver, de compartir la experiencia con mi novio. Nos impresionó mucho la matanza y nos produjo esta mañana un gran susto la noticia de la captura de los terroristas, pero nos pareció que quedarnos en casa o en el hotel era una solución mucho peor que aventurarnos a la experiencia".

La estación de Marne-la-Vallée, a 33 kilómetros de la capital, representa un enclave muy delicado y sensible porque el tránsito de los trenes que llegan de París se añade a la afluencia de las líneas de alta velocidad de Bruselas y de Londres, incluso de los convoyes que recalan procedentes del aeropuerto Charles de Gaulle.

Se explica así la heterogeneidad de los turistas, como se entiende el blindaje militar que acordona el reino europeo de Disney. Patrullan fuera los soldados e intimidan las fauces de los perros, pero la corpulencia del operativo desaparece en cuanto los turistas acceden al perímetro de las atracciones y de las tiendas.

Lo contrario suscitaría una aprensión, implicaría una constancia inmediata de la tragedia parisina. Violaría, incluso, el principio fundacional del parque temático. Que es la evasión. El asombro de los niños. Y la infantilización de los adultos, cuya desinhibición confirma inequívocamente que los ha poseído el síndrome de Peter Pan.

Semejante extrapolación a la fantasía, participada por la sonrisa inquebrantable del bestiario de Disney en sus desfiles por la avenida principal, no quiere decir que los visitantes corran peligro. Quiere decir que las medidas extremas de seguridad se aplican ubicua, discreta e implícitamente, a medida de la concepción de control panóptico sobre la que había teorizado Foucault: observar sin que se sienta observado el ciudadano, protegerlo o controlarlo sin que haga falta el contratiempo de un escuadrón militar para deshacer el conjuro.

Hice una prueba. Me distancié unos metros de la mochila que llevaba sobre los hombros. Y el desliz fue suficiente para encontrarme amablemente rodeado de tres efectivos de la seguridad del parque: ¿es suya esta bolsa, caballero?

Trabajan en Disneyland 15.000 empleados y acuden 40.000 visitantes diariamente. Hubo algunos menos este miércoles, especialmente en el horario de apertura, e hizo tiempo desapacible, aunque Disneyland tiene su propia climatología. Había nieve de attrezzo para demostrarlo y para redundar en la alegoría la simulación.