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La masacre de París pone el foco en las fronteras de la Unión Europea

Los países receptores sufren para controlar las llegadas de migrantes y registrarlos

Ficha de Ahmad Almohammad a su llegada a Grecia el 4 de octubre.
Ficha de Ahmad Almohammad a su llegada a Grecia el 4 de octubre. AP

Un pasaporte sirio cerca del cadáver de uno de los terroristas de París armó de argumentos a las figuras políticas que consideran la ola migratoria en Europa como un caballo de Troya para la infiltración de yihadistas. Otro pasaporte en el lugar de los ataques, egipcio, se consideró una nueva pista; sin embargo correspondía a un turista herido. Hasta ahora, los cuatro terroristas identificados son franceses, pero las fronteras están bajo lupa mientras siguen desbordadas.

Junto a uno de los terroristas que se suicidó ante el Estadio de Francia se halló el pasaporte sirio de Ahmad Almuhammad —nacido en Idleb el 10 de septiembre de 1990—, cuya autenticidad debe ser “verificada”. Según la fiscalía francesa, las huellas del kamikaze concuerdan con las de un hombre que llegó como refugiado a la isla griega de Leros el 3 de octubre. Luego fue registrado al solicitar asilo en Serbia y se le perdió el rastro en Croacia, una complicada maraña administrativa.

El control de refugiados es un reto para países que se han visto desbordados por la presión migratoria de los últimos meses. Los protocolos de seguridad no son fáciles de mantener.

En Grecia, el principal punto de entrada a Europa, han desembarcado 676.000 personas en 2015, el 62% de ellos sirios. “A su llegada a las islas, han de dirigirse a un centro de policía donde, según la legislación europea, deberían registrar sus huellas y ser fotografiados”, explica al teléfono Petros Mastakas, oficial de protección de ACNUR en Grecia. “Pero en la practica, bien por falta de personal, por el elevado número de llegadas, o incluso por problemas informáticos como el acceso a Internet, el proceso no se lleva a cabo de forma completa y los refugiados son remitidos a Atenas”.

La necesidad de acelerar el proceso y descongestionar los centros de acogida —a menudo ubicados en islas que sobreviven gracias al turismo— obliga a ser expeditivo y disminuir las pesquisas a lo imprescindible. “Nos falta personal para lidiar con la llegada de 2.000 refugiados diarios”, decía a este diario en el centro de identificación Morea de Lesbos el Capitán Amoutzias Dimitrios. “Muchos llegan sin documentos, algunos son claramente asiáticos o africanos pero dicen ser sirios. Les tomamos las huellas y, con la ayuda de traductores, intentamos determinar su nacionalidad”, añade el capitán de policía. “En el caso de muchos de los que salen de aquí, no sabemos nada de su pasado”, concluye Dimitrios.

Valiosos pasaportes sirios

La relativa facilidad con la que los sirios han logrado cruzar a Europa respecto a otras nacionalidades ha convertido al pasaporte sirio en el más codiciado entre los refugiados. Esta circunstancia ha disparado el mercado de contrabando. En Turquía y Líbano, países que acogen 2,18 y 1,2 millones de refugiados sirios respectivamente, el precio de un pasaporte sirio oscila entre los 500 y 2.500 euros, dependiendo de su calidad.

“Llevo dos meses en Bélgica a la espera de iniciar mi proceso de demanda de asilo”, dice Biso Hamid, palestino-libanés huido ilegalmente. “Mi compañero de viaje compró un pasaporte sirio por 1.500 euros y ya ha comenzado su proceso”, añade vía Skype. La demanda de pasaportes sirios también mantienen colapsadas las embajadas sirias, donde la media de espera para solicitar un documento oficial es de tres meses y el coste asciende a los 380 euros para los varones. El codiciado pasaporte ha llevado incluso a refugiados sirios en Líbano a vender sus pasaportes, o los de sus allegados fallecidos en la guerra, para obtener ingresos con los que mantener a sus familias. “Los venden baratos, porque ellos saben que no podrán emigrar. Algunos por tan sólo 150 euros”, explica desde el anonimato un trabajador de una ONG local.

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