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Lima recupera parte de su historia artística

El Museo de Arte inaugura una colección permanente de 1.200 piezas peruanas compradas en la última década

Una de las salas del Museo de Arte de Lima
Una de las salas del Museo de Arte de Lima

El Museo de Arte de Lima (Mali) ha adquirido en los últimos 10 años piezas producidas en Perú por un valor de tres millones de dólares, compradas en subastas internacionales y a coleccionistas privados nacionales “para crear un patrimonio público”, explica a EL PAÍS la directora de la entidad, Natalia Majluf, en la víspera de la inauguración —que se hará este martes— de la segunda planta del centro, que alberga una colección permanente de 1.200 piezas. La muestra revela un esfuerzo de hacer visible el arte regional.

Majluf resalta “la diversidad de la nueva colección permanente, en un país con una historia cultural tan compleja y tan diversa”, y lo hace mientras recorre algunas de las 34 salas que conforman el museo a lo largo y ancho de 5.000 metros cuadrados.

La museografía, que respeta los estándares internacionales (ofrece espacios de descanso y temperaturas diferentes según la delicadeza de los materiales), ofrece un recorrido de aproximadamente hora y media en el que las obras se reparten en distintos pisos, clasificadas en cuatro grandes períodos: precolombino, colonial, republicano y moderno. Según la directora del Mali, “ha habido una antigua forma de pensar el país como una unidad cohesionada mestiza, pero estas capas de tradiciones que dialogan hablan más de una pluralidad que de una homogeneización”.

Desde su fundación en 1961, el museo fue una iniciativa privada y pública, y ha recibido en los últimos tres años cuatro millones de dólares de fondos públicos para la refacción del área, que se inaugurará la noche del lunes y estará abierta al público a partir del martes. El gasto total de la renovación del segundo piso ha sido de cerca de nueve millones de dólares.

Majluf indica que de las 17.000 piezas del acervo del Mali, una gran cantidad de adquisiciones recientes documentan mejor las tradiciones rurales de las épocas colonial y republicana, “aunque algunas aún son difíciles de fechar”, añade. La historiadora alude a la pintura costumbrista regional, la religiosa y la campesina, que eran consumida por los sectores medios de la sociedad. La nueva colección permanente llega hasta el arte peruano moderno de los años 60. Para mostrar el contemporáneo hace falta todavía concretar una ampliación subterránea, un proyecto arquitectónico que se convocará en 2016. Las compras se han hecho sin fondos estatales, con donaciones de artistas, coleccionistas y empresas, según Majluf.

El equipo del Mali, integrado por 100 personas, tiene algunas piezas preferidas: la pintura en gran formato Los funerales de Atahualpa (1867); el Retrato de Manuela Tupac Amaru (circa 1777), quien se proclamaba descendiente del último inca Felipe Túpac Amaru, obra que fue recientemente restaurada; el cuadro de La Virgen de la Leche (1604); un retablo en plata de La Virgen de Copacabana (siglo XVII); la pintura Las tres razas, de Francisco Laso (1859); y el Biombo del Inca (1837).