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DeLaurentis, el mediador paciente

El Jefe de Misión seguirá al frente hasta que en el Senado se supere el veto anticastrista a la designación de un embajador en Cuba

DeLaurentis el 1 de julio en La Habana.
DeLaurentis el 1 de julio en La Habana. EFE

La apertura de la embajada de Estados Unidos en La Habana, cerrada desde 1961 por la ruptura de Washington con el gobierno revolucionario, no implicará el nombramiento inmediato de un embajador. Eso requiere la aprobación del Senado, y la Casa Blanca sabe que el bloque anticastrista liderado por los cubanoamericanos Marc Rubio, republicano, y Bob Menéndez, demócrata, tiene ahora la determinación y la fuerza para impedirlo.

La solución provisional que se ha tomado será subir el grado diplomático del encargado de la actual Sección de Intereses, Jeffrey DeLaurentis, de Jefe de Misión a Encargado de Negocios hasta que se libre la batalla por la asignación del próximo embajador, que podría ser el propio DeLaurentis por experiencia y por sus idóneos atributos para la lidia cubana: paciencia y perfil bajo.

Mientras no se nombre embajador DeLaurentis estará al frente de la embajada tratando de aprovechar el deshielo entre Estados Unidos y Cuba para impulsar las funciones que venía cumpliendo la Sección de Intereses. Desde servicios consulares, vitales para los cubanos que quieren viajar a Estados Unidos, hasta la operatividad política que incluye el punto crítico de la relación con la oposición y que en el nuevo marco supondrá para el jefe de la embajada un ensayo de alquimia diplomática: conjugar la doctrina Obama de respeto de la soberanía del Gobierno cubano y promoción no beligerante de la agenda de democratización civil e institucional.

DeLaurentis tiene experiencia en Cuba desde los 90 y fue un negociador clave en la crisis del niño Elián

DeLaurentis, de 61 años, graduado en Georgetown y Columbia, fue designado Jefe de Misión en el verano de 2014, avanzada ya la negociación secreta que desembocó en diciembre en el anuncio del reinicio de relaciones bilaterales.

Su experiencia en Cuba se remonta al periodo 1991-1993 en que trabajó en el consulado mientras la isla sufría el cierre del grifo de recursos soviético por el colapso del bloque socialista. En 1999 volvió como consejero económico y político de la Sección de Intereses hasta 2002 y fue un negociador clave en la crisis del niño balsero Elián González, repatriado a Cuba por Estados Unidos, y en el diálogo posterior a los atentados del 11-S para utilizar la base militar de Guantánamo como reclusorio de sospechosos de terrorismo islamista.

Discreto y receloso de la exposición mediática pero fluido en el contacto con el cubano de a pie y buen conocedor de la isla, una de las tareas que deberá encabezar es la expansión de la actividad diplomática más allá de los límites de La Habana en virtud del trato alcanzado por los dos gobiernos para que el personal de la embajada pueda trabajar fuera de la capital previa notificación.

De cara a la selección de un embajador, Jeffrey DeLaurentis, apreciado dentro del Departamento de Estado y hombre de confianza de la secretaria para Latinoamérica Roberta Jacobson, cuenta con el plus de tener un perfil político neutral que facilitaría el consenso entre demócratas y republicanos.