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Alemania lidera la respuesta firme al abrupto giro griego

Merkel se muestra dispuesta a seguir negociando tras un hipotético sí en el referéndum

El ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, antes de una reunión el martes en Berlín con los líderes de los grupos parlamentarios.
El ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, antes de una reunión el martes en Berlín con los líderes de los grupos parlamentarios. EFE

Berlín descartó desde el principio la propuesta a la desesperada con la que Grecia trató el martes de alejarse del abismo. Antes de que los ministros estudiaran la oferta de Atenas, el Gobierno alemán dijo estar abierto al diálogo, pero que ya era imposible evitar que expirara el plan de rescate. “Hoy a medianoche [por el martes] se acaba el programa. Y no he visto otro indicio concluyente. A partir de entonces las puertas seguirán abiertas para nuevas conversaciones”, dijo la canciller Angela Merkel.

Merkel reiteró el martes el mensaje transmitido el día anterior: Grecia había rechazado la “generosa oferta” de los acreedores y había roto de manera unilateral las negociaciones. El Gobierno alemán está convencido de que lo que ocurra ahora está en manos del pueblo griego, que el domingo tomará una decisión trascendental sobre su futuro.

La oferta de Merkel que el líder heleno no aceptó

La canciller Angela Merkel insistió el pasado lunes en lo “generosa” que era la oferta que puso sobre la mesa negociadora el viernes, propuesta que acabó siendo rechazada con la sorprendente convocatoria de un referéndum en Grecia.

Merkel se reunió el lunes por la tarde con el grupo parlamentario socialdemócrata, al que dio algunos detalles de las negociaciones. Según algunos diputados, la jefa del Gobierno enumeró unas concesiones a Tsipras que van más allá de lo que hasta ahora había admitido: un tercer programa de rescate, un alivio de la carga de la deuda y un programa de inversiones milmillonario.

Estas concesiones habrían sido muy mal recibidas entre los propios diputados de Angela Merkel, los de la Unión Cristianodemócrata, y entre una opinión pública cada vez más reacia a conceder nuevas ayudas a Grecia. Y el último puñetazo sobre la mesa de Tsipras ha calentado aún más los ánimos de Alemania, complicando las posibilidades de un acuerdo futuro.

“Si vence el no, será un voto claro en contra de la permanencia en el euro”, dijo el número dos del Ejecutivo, el socialdemócrata Sigmar Gabriel. La comparecencia conjunta de los dos líderes quería mostrar que en este asunto no hay diferencias partidistas: Alemania considera que ya más no puede hacer. Y las declaraciones de Merkel y de Gabriel de ayer dejaron claro que la propuesta de ultimísima hora de Atenas no cambiaba en nada esta situación.

En una reunión de unos diez minutos con Gabriel y los jefes parlamentarios de democristianos y socialdemócratas, Merkel reiteró la idea de mantener las puertas abiertas al diálogo. Pero las nuevas conversaciones ya estarían ligadas a lo que decida la mayoría del pueblo griego el domingo. En esa reunión, según fuentes parlamentarias, Merkel habría insistido en que no habrá nuevas negociaciones antes del referéndum.

Los obstáculos para un alemán a la última iniciativa helena eran muchos. El tercer rescate que planteaba Alexis Tsipras no contaría con la participación del FMI. Y el Gobierno de Merkel ha repetido en los últimos meses que considera “inimaginable” un nuevo programa de ayudas en el que no esté el organismo que dirige Christine Lagarde.

Además, cualquier acuerdo de alargar el programa que esta noche acaba requería el visto bueno previo del Bundestag (la Cámara Baja del Parlamento alemán). Y lo apresurado de la última propuesta hacía imposible cumplir este requisito.

Responsabilidad de Tsipras

Merkel y los suyos consideran que han hecho todo lo posible para evitar una bancarrota griega, y que si el país ha llegado a esta situación límite es responsabilidad única y exclusiva de los gobernantes griegos. Los choques entre los gobernantes de uno y otro país han sido constantes desde que Syriza ganó las elecciones el pasado mes de enero. Y si bien Merkel y Tsipras han mantenido las formas e incluso trataron de mantener una relación cordial, la animadversión entre sus ministros de Finanzas —Wolfgang Schäuble y Yanis Varoufakis— ha sido evidente desde el primer momento.

Schäuble dijo ayer a los diputados democristianos que un no en el referéndum no supondría automáticamente una salida de Grecia del euro. Gabriel, que el lunes había dicho lo contrario, pide ahora a Tsipras que se replantee la consulta. “Lo mejor sería cancelarla”, aseguró el líder socialdemócrata. Pero incluso aunque Tsipras accediera a sus deseos, no se evitaría lo peor. El líder del SPD aseguró que en ningún caso habría tiempo suficiente para tomar en unas pocas horas una decisión tan complicada.

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