La justicia francesa absuelve de proxenetismo a Strauss-Kahn

La sentencia coincide con el debate en la Asamblea Nacional sobre la penalización del cliente de la prostitución

Dominique Strauss-Kahn, este viernes.

Dominique Strauss-Kahn ha escuchado esta mañana la sentencia sereno; aparentemente confiado. El tribunal de Lille que le ha juzgado le ha absuelto de proxetismo agravado. A cambio, ha debido dejar al descubierto durante meses sus excesos sexuales con prostitutas. La justicia francesa le empezó a perseguir en 2012, poco después de que acabara abruptamente su carrera política por un escándalo sexual en Nueva York cuando aún era director del Fondo Monetario Internacional (FMI). El expolítico era un mero cliente de prostitución, ha dicho el tribunal el mismo día en que Francia ha dado un nuevo paso hacia el abolicionismo penalizando justamente a los clientes.

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El llamado caso Carlton ha sido el último escándalo sexual que ha perseguido a Dominique Strauss-Kahn y el que, a pesar de la absolución, ha supuesto su definitiva caída a los infiernos. Durante más de tres años, la investigación judicial ha confirmado su conocido apetito sexual, pero también la “rudeza” confesa de sus modos en la intimidad y el escaso escrúpulo a la hora de utilizar a prostitutas para sus orgías colectivas ya fuera en París, en Nueva York o en Bruselas.

Con 66 años recién cumplidos, Dominique Strauss-Kahn, conocido como DSK, era un omnipresente y exitoso político francés al que se auguraba regresar desde el FMI en volandas hasta el Elíseo. Sus opciones de batir a Nicolas Sarkozy eran reales. Perseguido por algunas denuncias de acoso sexual, su detención en Nueva York tras una denuncia por violación en el hotel Sofitel acabó con todas sus expectativas. Al Palacio de Justicia de Lille ha comparecido cuatro años más tarde un hombre discretamente apartado de los focos que acude muy esporádicamente a las fiestas de sus correligionarios socialistas ahora en el poder; un hombre cuya fama de experto financiero quebró estrepitosamente, una vez que el fondo de inversión que constituyó con la banca LSK Partners se hundió como un castillo de naipes.

Francia camina hacia la abolición

Francia tiene una de las legislaciones más duras contra la prostitución. Prohíbe los burdeles y, desde 2003, también el reclamo público. Una mujer ofreciéndose para una transacción sexual se arriesga a una multa de 3.750 euros. En diciembre de 2011, sin embargo, la Asamblea Nacional votó unánimemente ir más allá y legislar para lograr la abolición. En ello está. La Cámara ha votado a favor de un proyecto de ley que penaliza al cliente. Los grandes partidos están de acuerdo. Creen que es la única manera de lograr el fin de la prostitución.

Los abolicionistas franceses ya se felicitaron hace tres años cuando Dominique Strauss-Kahn fue imputado por proxenetismo. Consideraron que el caso Carlton era su mejor baza. Esta tarde, en la Asamblea Nacional, se ha vuelto a utilizar. "Ya lo hemos visto durante el proceso", ha dicho desde la tribuna la socialista Maud Olivier. "Hemos visto lo que significa ser lo que se llama scort de lujo". "La prostitución es inaceptable", ha asegurado el diputado Guy Geoffroy, del partido de Sarkozy Los Republicanos. "No es una relación libre. Lo hemos visto en el caso Carlton".

El proyecto de ley, impulsado en la Asamblea hace dos años por 120 diputados socialistas, penaliza al cliente y abroga, sin embargo, el delito del reclamo, introducido en 2003 por el entonces ministro del Interior Nicolas Sarkozy. La norma considera que las prostitutas, mayoritariamente explotadas por redes mafiosas de tráfico de seres humanos, son víctimas y no delincuentes. En el proyecto figura una batería de medidas para socorrerlas.

El Senado ha rechazado la propuesta de la Asamblea Nacional. El proyecto volverá a esa Cámara alta por segunda vez, pero en caso de discrepancia en Francia prevalece la posición de la Asamblea.

Francia penaliza el proxenetismo (ayudar o proteger la prostitución de otro) y, sobre todo, el proxenetismo agravado (si se actúa entre varios), con diez años de cárcel y multas de hasta 1,5 millones de euros. De los catorce acusados en el caso Carlton solo uno, René Kojfer, relaciones públicas del Hotel Carlton de Lille, ha sido condenado a una pena menor: un año de cárcel no firme. Según la sentencia, el entramado no era más que un grupo de amigos dispuestos a contratar prostitutas para satisfacer, sobre todo, al poderoso DSK. Ya lo advirtió el presidente de la sala de Lille, el magistrado Bertrand Lemaire: “El tribunal no es el guardián del orden moral, sino el del derecho y su buena aplicación”.

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Para el fiscal Frédéric Fèvre, que pidió en febrero la absolución de DSK, lo investigado no indica que la justicia haya desmantelado una mafiosa red de proxenetas, sino “las prácticas de un grupo de amigos que organizaban fiestas para satisfacer sus egos y sus ambiciones, o sea, sus necesidades físicas”.

Para salir airoso del caso, DSK solo podía insistir en que no sabía que las mujeres que le traían sus amigos eran prostitutas. Fue convincente. Confesó sus excesos sexuales, su gusto por sexo duro y algo "rudo", pero aseguró creer que eran solo sus encantos personales y su poder lo que atraía a tanta compañera de orgía. Las dos prostitutas que le denunciaban, que terminaron retirando su acusación contra el político, explicaron su sufrimiento frente a los caprichos de DSK, pero nunca hablaron de su condición con él y él nunca les pagó el servicio. Lo hicieron sus amigos, sentados en el banquillo: el empresario Fabrice Paszkowski, el directivo David Roquet o el excomisario de policía Jean-Christophe Lagarde. Todos han quedado absueltos.

DSK, según la sentencia, “ni ha reclutado ni ha pagado” a las prostitutas. Tampoco se le puede reprochar desde el punto de vista penal “que haya dispuesto de locales para sus encuentros sexuales”. DSK llegó a alquilar un gran apartamento en el distrito XVI de París para sus fiestas. Uno de sus abogados, Henri Leclerc, ha declarado a la salida del palacio de justicia de Lille que esta ha sido una causa “ideológica” y “moral” sin criterio jurídico, informa Efe.

Incluso el más extravagante del grupo del caso Carlton, el dueño de burdeles en Bélgica Dominique Alderweireld, también conocido como Dodo la Sumure (la salmuera), ha quedado libre. En Bélgica, al contrario que en Francia, están permitidos los burdeles y, según el tribunal de Lille, ni este hombre ni su esposa, también acusada, han cometido delito alguno en suelo francés.

En la causa estaba personada como acusación particular la asociación Equipos de Acción Contra el Proxenetismo (EACP), que también en febrero dejó fuera de sospecha a DSK. Su finalidad, aducen, no era la de perseguir al político, sino revelar las prácticas de explotación sexual del grupo que rodeaba al político. Tras conocer la sentencia, su presidenta, Elda Carly, ha insistido en ello: “Ha dado una visibilidad enorme a lo que supone la prostitución, al sufrimiento que conlleva”.

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