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Italia rescata a más de 5.600 inmigrantes en tres días

Nueve cadáveres han sido recuperados este lunes en el Canal de Sicilia

El último parte de guerra dice que han sido nueve los cadáveres de inmigrantes recuperados este lunes en el Canal de Sicilia, a los que hay que sumar los 500 desde principios de año, que unidos a las grandes cifras de rescatados de una muerte casi segura por la Guardia Costera o por la Marina italiana ––5.629 en los últimos tres días, 15.000 desde principios de año— pueden servir para reflejar la magnitud y el riesgo del éxodo diario, haga frío o calor, que tiene lugar entre las costas de África y Europa. Pero, al parecer, no es suficiente.

Solo una tragedia capaz de ser retratada en su inmensidad —aquellos cientos de ataúdes puestos en fila sobre el hangar del aeropuerto de Lampedusa en octubre de 2013— llevó a las autoridades italianas y europeas a prometer que unirían esfuerzos para tratar de frenar una hemorragia creciente y mortal. Italia hizo su parte: el entonces primer ministro, Enrico Letta, organizó en apenas unos días una operación de salvamento que llamó Mare Nostrum y que logró en solo un año rescatar a 150.000 inmigrantes y detener a 330 traficantes de vidas humanas. A Europa, en cambio, todavía se le espera.

Es verdad que en el otoño de 2014 —un año después de la tragedia de Lampedusa— la Unión Europea puso en marcha la operación Tritón, dependiente de Frontex (la agencia europea que gestiona la cooperación en las fronteras), pero con una capacidad de maniobra mucho menor. El resultado es el que explica Carlotta Sami, portavoz para el sur de Europa de ACNUR (la agencia de la ONU para los Refugiados): “Estamos ante otra tragedia en ciernes. El aumento de las muertes en el mar con respecto al año pasado es enorme. Esto demuestra que los medios no son suficientes para afrontar los flujos: solo en los últimos tres días las autoridades italianas han socorrido a 5.500 migrantes. El esfuerzo que la guardia costera y la Guardia de Finanza están haciendo es continuo e implica cada vez más a embarcaciones comerciales. Sin embargo, no es suficiente. Se necesita una verdadera intervención europea, porque Tritón es una operación digna, pero no suficiente. No se trata, de hecho, de una operación diseñada para buscar y socorrer a las personas en el mar”.

Es el último grito pidiendo ayuda, que se une a los frecuentes de la alcaldesa de Lampedusa, Giusi Nicolini, y del jefe del Gobierno italiano, Matteo Renzi: “Si Europa me dice todo sobre cómo se pesca el pez espada, pero se olvida de hablarme de cómo hacer para salvar a los niños que están muriendo en el Mediterráneo, hay algo que no funciona”. Pero, a la vista está, no funciona. Si los nueve muertos sin nombre —la inmensa mayoría de los cadáveres rescatados son enterrados en tumbas anónimas en los cementerios de Sicilia— no resultan siquiera suficientes para arrancar otra promesa, aun vana, de las autoridades europeas, el calvario invisible que sufren los náufragos una vez desembarcados en Italia, aún menos.

El último parte de guerra llegado de Palermo —el puerto siciliano en el que la noche del lunes se esperaba el desembarco de los supervivientes— avisa de que Caritas se ocupará en un primer momento de darles comida y algo de ropa, y que inmediatamente después serán distribuidos por centros de acogida, al principio de Sicilia y luego de todo el país. Hasta que su rastro —también el de los 50 menores no acompañados— termine desapareciendo de las noticias hasta la próxima tragedia.

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