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El gas inflama el conflicto ucranio

El impago del suministro y el control técnico de los gasoductos alimentan uno de los frentes más complejos de la contienda en el este del país

Una mujer observa los daños que un bombardeo ha causado en una ventana en una casa de Donetsk, el 14 de febrero.
Una mujer observa los daños que un bombardeo ha causado en una ventana en una casa de Donetsk, el 14 de febrero. reuters

¿Quién va a responsabilizarse del pago del gas ruso que consume el territorio oriental de Ucrania controlado por los insurgentes prorrusos?

La cuestión, que afecta a las denominadas repúblicas populares de Donetsk y Lugansk (RPD y RPL), se ha convertido en un problema en las negociaciones entre Rusia y Ucrania para que el combustible siga fluyendo de un país a otro a partir del 1 de marzo, previo pago por adelantado como exige Moscú. El enconado debate económico tiene serias repercusiones jurídicas y políticas.

En la práctica se ha producido ya la “división técnica” del sistema de gasoductos de Ucrania, del que es responsable la compañía Ukrtransgaz (controlada en un 100% por la estatal Naftogaz Ucrania).

El caso de Transdniéster

En la relación de Gazprom con los territorios separatistas del este de Ucrania se puede llegar a una semejante a la de Transdniéster, esta región problemática situada al este de Moldavia, que recibe y no paga el gas ruso.

Gazprom suministra gas a Moldavia y a Transdniéster. La diferencia es que a Moldavia le exige el pago por el combustible y a Transdniéster, no. No obstante, la deuda por el combustible suministrado a Transdniéster se acumula en el balance de Moldavia y ha llegado a sumar cerca de 5.000 millones de dólares (4.468 millones de euros), según fuentes moldavas del sector energético. Los habitantes y empresas de la región secesionista pagan sus facturas de gas, pero sus autoridades emplean ese dinero en las prestaciones sociales, en lugar de transferirlo a Gazprom. Con los pagos particulares se forma el fondo mediante el cual Rusia subvenciona la región. La diferencia con el este de Ucrania es que en Transdniéster existe un sistema bancario.

De las 14 filiales regionales de Ukrtransgaz, una es Donbasstransgaz, compañía oficialmente responsable del sistema de gasoductos en una zona que abarca las provincias de Donetsk y Lugansk, parte de Járkov y un segmento de Zaporozhie. Esta estructura organizativa funcionaba antes de los “horribles sucesos” ocurridos en Donbás (las regiones Donetsk y Lugansk), afirma Mijáil Yerojin, el ingeniero jefe de Donbasstransgaz. Debido a la guerra, una parte de la red de gasoductos está hoy en la zona controlada por Ucrania y otra parte, en el territorio secesionista.

De los 2.328 empleados de Donbasstransgaz, 1.652 están en el primer territorio y 676, en el segundo. Kiev los ha tratado hasta ahora como un colectivo único y paga los sueldos a todos, pero los que trabajan en la RPD y RPL, son rehenes de los “horribles sucesos”: las oficinas bancarias están cerradas y en ocasiones incluso tapiadas y, para cobrar su salario, los funcionarios deben acudir al espacio bajo control de Kiev, algo que puede ser incluso peligroso para los empleados de una compañía del Estado que siguen trabajando en una zona que Kiev considera controlada por “terroristas”.

El sistema estatal unificado de distribución de gas se mantuvo hasta fines de enero. El grueso del gas llegaba de Rusia a Ucrania por los gasoductos al noreste de Donbás y descendía hacia el sur por un potente sistema de tuberías, que formaba el corazón de esta zona industrial. Entre el 1 y el 18 de febrero la compañía Ukrtransgaz dejó de suministrar gas por esa ruta de forma paulatina, afirma Yerojin. “Cuando la temperatura llegó a 30 grados bajo cero por la noche, entendimos que no teníamos más remedio que pedir a Rusia que nos facilitara gas por el sur”, afirma el ingeniero. Yerojin explica que existía peligro de que quedaran inutilizadas las calderas de la calefacción urbana. “Paradójicamente, en esta región carbonífera, la calefacción de las ciudades depende en un 90% del gas”, señala. Rusia activó así unos gasoductos por el sur, que proporcionan gas desde la provincia rusa de Rostov, directamente a la zona controlada por los insurgentes. Estas tuberías se utilizaban antes como complemento a las principales, por la ruta al noreste de la región, explica Yerojin.

El gas inflama el conflicto ucranio

La RPD y la RPL consumen 14 millones de metros cúbicos de gas al día. Por los gasoductos del noreste el gas llega sólo a la zona controlada por Ucrania. Entre una zona y otra, las espitas quedaron totalmente cerradas por orden de Kiev, afirma Yerojin. Los negociadores rusos y ucranios (Gazprom y Naftogaz) pueden llegar a un acuerdo que restablezca el esquema único de distribución de gas o confirmar su división. En cualquier caso, “Donbás no se va a morir de frío”, porque Rusia le va a seguir suministrando gas, tanto si llega a un acuerdo con Ucrania como si no, asegura el ingeniero. De momento, Kiev dice que no controla el gas suministrado por Gazprom a la zona insurgente y que, por lo tanto, no lo puede pagar. En Rusia argumentan que Kiev debe pagar por el gas a sus zonas orientales, si es que las considera territorio de su Estado. En Donetsk se debate si pedir a Ucrania que pague la factura de Gazprom a los territorios separatistas con el dinero que las autoridades centrales se ahorran por no pagar las pensiones ni los gastos presupuestarios a quienes viven bajo el control de los insurgentes.

Gazprom está dispuesto a dejar estos suministros a la RPD y RPL fuera del nuevo contrato, según dijo el portavoz del monopolio exportador, Serguéi Kupriánov. La cuestión es quién se responsabiliza de la factura.

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