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Un actor global responsable

El ex secretario general de la OTAN y ex alto representante para la Política Exterior de la UE defiende que Europa debe tener vocación de potencia internacional

El mundo tiene graves problemas de seguridad. Algunos se adscriben a la seguridad en el sentido más clásico, pero otros derivan de la globalización y el desarrollo tecnológico, estrechamente vinculado al ámbito de la ciberseguridad. Europa no debe desatender los problemas globales, cualquiera que sea su naturaleza. Nuestra vecindad concentra algunas de las zonas más inestables y conflictivas del planeta, y eso nos sitúa en una posición crucial de responsabilidad. La estabilidad mundial es uno de los más importantes bienes públicos globales (aquellos que benefician a todo el mundo, contribuya o no a proveerlo). Tenemos que asegurarla y preservarla también desde Europa, que no debe ser un free rider. La integración europea, también en materia de seguridad, es el mejor camino para proveer dicho bien público global.

Hace tiempo que la seguridad y la defensa en Europa no se toman tan en serio como se debería

Los desafíos más inmediatos para Europa llegan de sus fronteras. La frontera oriental, marcada por el conflicto en Ucrania y la política exterior puesta en marcha por el Kremlin, ha puesto en una grave situación las relaciones con Rusia. Los puentes de diálogo son más necesarios que nunca para desactivar la tensión en Ucrania y restablecer las relaciones con Moscú. La frontera sur, desde el norte de África hasta Oriente Próximo, presenta un panorama de gran inestabilidad, emergencia de grupos terroristas y fracaso de las revueltas árabes —con la clara excepción de Túnez—. La Política Europea de Vecindad debe ser consciente de cómo ha evolucionado nuestro entorno para poder adaptarse, especialmente ahora que la europea no es la única oferta. Debe ser mucho más flexible.

Europa tiene también una grave amenaza interna. Los grupos yihadistas están reclutando a ciudadanos europeos, generalmente descendientes de emigrantes, a un nivel realmente preocupante. La integración social dentro de las sociedades europeas es también un elemento clave para la seguridad. Controlar, detener y poner fin a las redes de captación terrorista es necesario, pero no suficiente. La seguridad ha vuelto a lo más alto de las prioridades tras los atentados de París y la operación antiterrorista en Bélgica. Es el momento de que las soluciones políticas sean valientes, estratégicas y a largo plazo.

La oportunidad es clara: gastar coordinadamente entre los socios para no perder presencia mundial

Hace ya tiempo que la seguridad y la defensa en Europa no se toman tan en serio como la situación requiere. En diciembre de 2013 se celebró en Bruselas un Consejo Europeo que llevó la seguridad y la Política Común de Seguridad y Defensa (PCSD) al centro del debate. Queda todavía mucho por hacer, especialmente en lo relativo a la coordinación entre Estados miembros. La especialización y puesta en común de efectivos, tecnología y recursos entre los diferentes Estados europeos es crucial para desarrollar una política de seguridad y defensa seria, efectiva y global. No se debe olvidar el ámbito cibernético, un ámbito mucho más difuso y difícil, donde no operan las estructuras de gobernanza clásicas.

Los presupuestos para la defensa han caído debido a la austeridad consecuencia de la crisis económica. La oportunidad que se presenta es clara: gastar mejor, de manera más coordinada entre los socios, es la manera de no perder capacidad, eficiencia o presencia global. El obligado recorte puede terminar siendo el incentivo necesario para empezar a coordinar e integrar la defensa europea. El objetivo sería integrar a nivel europeo la dimensión de seguridad —en sentido amplio—, mediante una apuesta clara por el I+D+I de la que se beneficia, al final, la sociedad en su conjunto. Un uso más audaz de la Agencia Europea de la Defensa contribuiría, sin duda, a ello.

Hoy la Unión Europea es un actor global y debe tener vocación de potencia internacional. Tanto por su pasado, como por su presente, pero ante todo por su futuro. Debemos asumir las responsabilidades necesarias en materia de seguridad, con la certeza de que o actuamos unidos para hacer frente a los enormes desafíos que presentan los cambios en el orden mundial o no podremos asegurar la prosperidad y la viabilidad de nuestro modelo socioeconómico.

Javier Solana es ex secretario general de la OTAN y ex Alto Representante del Consejo para la Política Exterior y de Seguridad Común de la Unión Europea.

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