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Merkel admite que el islam “es parte de Alemania”

La canciller anuncia un paquete de medidas para endurecer las leyes antiterroristas

Merkel, junto al primer ministro de Turquía, Davutoglu. Ampliar foto
Merkel, junto al primer ministro de Turquía, Davutoglu. EFE

En un inédito cambio de posición motivado por la matanza de París, la canciller alemana, Angela Merkel, anunció este lunes que hacía suyas las palabras pronunciadas hace cuatro años por el expresidente de Alemania, Christian Wulff, quien conmovió al país cuando dijo, en el marco de las celebraciones de la unificación alemana, que el islam, junto al cristianismo y al judaísmo era “también parte de Alemania”.

“Naturalmente soy también el presidente de los musulmanes”, dijo Wulff, el 3 de octubre de 2010, al poner énfasis en un debate que estaba envenenando la convivencia pacífica en el país. “Somos Alemania, somos un pueblo. Y debido a que la gente con raíces extranjeras es importante, no quiero que sean heridos en debates que resultan innecesarios. No debemos permitir la leyenda, la cimentación de prejuicios y marginaciones, porque está en juego nuestro propio interés nacional”.

Yo soy la canciller de todos los alemanes, sin importar su origen

Angela Merkel

Merkel, que participó el domingo pasado en el magnífico y multitudinario acto de solidaridad con las víctimas de los atentados terroristas que enlutaron a Francia, anunció su cambio de posición en una rueda de prensa en la que estuvo acompañada por el primer ministro turco, Ahmet Davutoglu. “El expresidente Wulff dijo que el islam pertenece a Alemania. Es así y esa opinión yo la comparto”, dijo la canciller, en un gesto dirigido a la comunidad musulmana que vive en Alemania, pero también destinada a tranquilizar a las autoridades de Turquía.

No fue el único gesto que tuvo la canciller con su huésped turco. “Yo soy la canciller de todos los alemanes. Esto incluye a los que viven en forma permanente aquí, sin importar su origen”, afirmó Merkel, quien reiteró su disposición a reforzar el diálogo interreligioso en el país y, a la vez, agradecer la decisión de la comunidad musulmana de condenar la violencia.

El primer ministro turco, en cambio, aprovechó su comparecencia ante la prensa en Berlín para afirmar que su país participa activamente en la lucha contra el terrorismo islámico y dijo que las autoridades alemanas y turcas trabajaban estrechamente. “Mi país está a favor de cooperar estrechamente en el campo de la inteligencia y estamos en contra del terrorismo”.

El cambio de posición de Merkel tiene una doble importancia. Pocos días después del discurso pronunciado por el expresidente Christian Wulff la canciller aprovechó una reunión de las juventudes de su partido, la CDU, para anunciar que la sociedad multicultural en Alemania había fracasado totalmente.

“Nos hemos engañado a nosotros mismos. Dijimos: No se van a quedar, en algún momento se irán. Pero esto no pasó. Y por supuesto, esta perspectiva de una (sociedad) multicultural, de vivir juntos y disfrutar del otro ha fracasado totalmente”, dijo Merkel, en un pasaje de su discurso aparentemente dirigido a los casi tres millones de turcos que forman la comunidad turca que comenzó a gestarse con la llegada de los primeros Gastarbeiter [trabajadores huéspedes] provenientes de Turquía en 1961.

El primer ministro turco ratifica su compromiso en la lucha contra el terrorismo

Merkel aún sigue siendo contraria al ingreso de Turquía en la Unión Europea, pero el lunes calificó a ese país como “un aliado” en la lucha contra el terrorismo. La canciller participará este martes, junto al actual presidente alemán, Joachim Gauck, en una manifestación a favor de la tolerancia en recuerdo de las víctimas de los atentados de París, convocada por el Consejo Central de los Musulmanes en Alemania y la Comunidad Turca de Berlín.

En otro gesto destinado a combatir el peligro del terrorismo en Alemania, el gabinete federal aprobará este miércoles un paquete de leyes que prevén, entre otras medidas, retirarle los documentos de identidad a los supuestos yihadistas por un plazo de tres años, para impedir que viajen a Oriente Próximo para unirse a las fuerzas del Estado Islámico.