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Los Verdes alemanes giran al centro

El colíder de la formación ve a los ecologistas como futuros socios de Merkel

Simone Peter y Cem Özdemir, copresidentes de Los Verdes, en Hamburgo.
Simone Peter y Cem Özdemir, copresidentes de Los Verdes, en Hamburgo. dpa

Media Alemania está gobernada por Los Verdes. El tripartito recién elegido en Turingia eleva a ocho el número de Estados federados —la mitad de los que tiene el país— en donde mandan, en coalición, los ecologistas. Pero este partido, nacido en los años ochenta del siglo pasado como heredero del movimiento contestatario, antinuclear y pacifista, aspira a más. Exactamente, a llegar al Gobierno federal. Su congreso celebrado hace dos semanas en Hamburgo presentó a una formación pragmática que ansía convertirse en el socio ineludible del vencedor de las elecciones de 2017, ya sean los socialdemócratas de Sigmar Gabriel o, una opción mucho más realista, los democristianos de Angela Merkel. “Ya fracasamos tres veces consecutivas en nuestro intento de gobernar con el SPD [socialdemócratas]. En las próximas elecciones tendremos que estudiar más posibilidades”, asegura el copresidente del partido, Cem Özdemir, en un guiño evidente a los conservadores.

Los cálculos de Özdemir no dejan lugar a dudas. Pese a las numerosas leyes con la impronta socialdemócrata que ha sacado adelante el Gobierno de gran coalición, las encuestas se muestran tozudas: el techo electoral del SPD sigue infranqueable en el 25% de los votos. Con un apoyo en torno al 40%, la Unión Democristiana (CDU) está en una situación mucho mejor. Pero la práctica desaparición de los liberales aboca al partido de Merkel a lograr la hazaña de una mayoría absoluta —algo prácticamente imposible en el sistema político alemán—, a repetir pacto con el SPD —una opción que nadie desea—, o a romper un tabú y formar la primera coalición negro-verde (los colores de la CDU y los ecologistas) en la historia de Alemania. La situación puede cambiar mucho en los tres años que faltan para las elecciones, pero el plan de Los Verdes ya está trazado. El objetivo es volver al Gobierno, donde ya estuvieron entre 1998 y 2005 de la mano del socialdemócrata Gerhard Schröder.

El partido que nació pacifista defiende la actuación militar contra el yihadismo

“Nuestros principios se han convertido en mayoritarios en la sociedad. Incluso entre muchos votantes de la CDU preocupados por el medio ambiente y la comida ecológica, que proceden de una familia de emigrantes, o son gais o lesbianas sin ningún tipo de conflicto”, asegura Özdemir, que atribuye los “decepcionantes” resultados de 2013 a un triunfo del ala izquierdista del partido, que les separó de la corriente mayoritaria de la opinión pública. Eran los días en que Los Verdes, con propuestas como establecer un día vegetariano en los restaurantes o subir los impuestos, adoptaron el aire de sabelotodos con ganas de prohibir a los ciudadanos todo lo que pareciera demasiado poco ecologista. “Hemos aprendido la lección para las próximas elecciones”, asegura desde su despacho del Bundestag Özdemir, el primer político de origen turco en llegar a lo más alto de la política alemana.

Los Verdes —un partido con una cúpula bicéfala forzosamente ocupada por un hombre y una mujer— están divididos en dos almas: los llamados fundis (de fundamentalistas) y los realos o realistas. Es evidente que Özdemir pertenece a esta última ala. Pese a la controversia, el congreso de Hamburgo certificó el giro pragmático del partido al defender la posibilidad de una intervención militar contra el grupo yihadista Estado Islámico, siempre que cuente con el visto bueno de Naciones Unidas. Özdemir no logró, en cambio, convencer a sus compañeros para que dieran un respaldo claro al envío de armas a Siria e Irak. “A los yihadistas no se les puede vencer con esterillas de yoga”, ironiza el líder verde.

Gobiernan en ocho de los 16 Estados, coaligados con SPD, CDU y Die Linke

Los actuales dirigentes ecologistas —que podrían ser los hijos de los rebeldes sesentayochistas— quieren tocar poder, y para ello tienen que aprender a pactar con unos y otros. Los ocho gobiernos regionales en los que participan son de lo más variado: coaliciones con el SPD, con la CDU o con Die Linke. Todo es posible. ¿No corren el riesgo de perder sus señas de identidad ante sus votantes? “Es una buena noticia que participemos en tantos Gobiernos. Desde ahí podemos influir para apostar por las energías renovables o defender a los refugiados. Podemos optar por cualquier opción, pero tenemos que explicarla a nuestros votantes y dejar claro, por ejemplo, que no nos coaligaríamos con Die Linke si no condenara expresamente el régimen de la RDA o el antisemitismo. Y que tampoco lo haremos con la CDU si no defiende una visión de la sociedad en donde no hay margen para la discriminación”, añade.

El pragmatismo se extiende también a su propio pasado. Los Verdes han hecho examen de conciencia sobre los errores de algunos de sus miembros, que en los años ochenta disculparon o defendieron la pedofilia. “Cometimos un grave error al no coger el toro por los cuernos. Queremos pedir perdón y reconocer que hubo miembros del partido que defendían ideas inaceptables. Ni siquiera es disculpa que entonces hubiera una corriente de opinión tolerante hacia los abusos sexuales a los niños”, concluye Özdemir.