Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

El Supremo libio anula las elecciones que avalaron el último gobierno

El país mantiene dos Ejecutivos y varias ciudades tomadas por milicias islamistas

Abogados, periodistas y fuerzas de seguridad, frente a la Corte Suprema, en Trípoli el 6 de noviembre Ampliar foto
Abogados, periodistas y fuerzas de seguridad, frente a la Corte Suprema, en Trípoli el 6 de noviembre AFP

La Corte Suprema de Libia ha anunciado este jueves que invalida el Parlamento surgido tras las elecciones celebradas el pasado 25 de junio, que son las que han avalado al actual Gobierno de Abdullah al-Thani, el único reconocido por la comunidad internacional. Ese Parlamento, reunido habitualmente en el exilio de Tobruk, a 1.400 kilómetros de Tripolí, la capital, que está tomada por milicias islamistas, es el que sustituyó en verano al anterior Congreso General Nacional con el que intentó funcionar el país los últimos dos años y tras la caída del dictador Muamar el Gadafi en 2011.Un diputado islamista había planteado la cuestión de inconstitucionalidad porque la cámara no se reunía donde prevé la Constitución, en Bengasi, y esta ha salido adelante.

Libia vive a diario una situación de preguerra civil, con dos Ejecutivos disputándose el poder, dos parlamentos, sin un Ejército ni fuerzas de seguridad fiables, varias ciudades sitiadas por milicianos armados y una batalla abierta entre las fuerzas militares apoyadas oficialmente y las guerrillas de Ansar Al-Sharia en Bengasi, donde desde mediados de octubre han muerto más de 250 personas y el puerto está cerrado.

La crisis política libia surgida prácticamente desde la caída de Gadafi ha derivado en los últimos meses en la sucesión de varios Gobiernos hasta que finalmente se convocaron las elecciones del 25 de junio pasado. Hasta ese momento en el Congreso General Nacional, que había concluido en teoría su mandato en febrero pasado, predominaban los partidos y diputados islamistas. Ese escenario cambió tras la cita con las urnas, en las que participó poca gente y que fueron inmediatamente cuestionadas por los islamistas.

El nuevo Gobierno se vio forzado a abandonar Trípoli, donde se reunía en un hotel y en medio de peligrosas condiciones de seguridad, y se reubicó en Tobruk, al este, casi en la frontera con Egipto, donde también se cita en un hotel de lujo y pernocta en un ferry. El anterior Ejecutivo, avalado solo por la anterior Asamblea General, se quedó en Trípoli y le disputa la legitimidad. Hasta tal punto que esta misma semana varios de sus representantes han reclamado incluso la convocatoria de otras elecciones y han arremetido contra el enviado especial de Naciones Unidos para el conflicto, el español Bernardino León, porque acudió a Trípoli y celebró reuniones y hasta ruedas de prensa sin avisarles y sin su permiso.

La misión especial de Naciones Unidas para Libia, la UNSMIL que encabeza el propio Bernardino León, ha emitido esta tarde un comunicado expresando su inquietud ante este nuevo escenario y abogando por el diálogo y el consenso entre todas las partes implicadas. También añade que está consultando con sus asesores y socios, legales y políticos, para ver qué se puede hacer a partir de ahora.

La cuestión de la ubicación en Tobruk de la nueva cámara salida tras las elecciones de junio es clave porque es en lo que se basó el diputado islamista Abderraouf al-Manai para recurrir su legitimidad porque la Constitución provisional aún vigente establece que el Parlamento debe fijarse en Bengasi. El mismo diputado y otros de su signo han cuestionado también que la nueva cámara reclamara el pasado verano la intervención incluso de la comunidad internacional y de fuerzas extranjeras para asegurar algo la caótica situación interna del país. Manai ya ha avanzado a la cadena de televisión al-Nabaa que espera que todos los partidos y parlamentarios respeten ahora esta posición.

La decisión de la Corte Suprema de Libia es teóricamente definitiva y no admite recurso. Afecta, además, a todas las medidas que haya tomado el nuevo Parlamento desde junio, incluido el respaldo otorgado al nuevo Gobierno avalado internacionalmente. En cuanto se conoció ese veredicto algunos ciudadanos salieron a las calles de Tripolí para hacer sonar las bocinas de sus coches y se escucharon tiros al aire. Otros diputados, como Issam al-Jehaui, se expresaron por las redes sociales y advirtieron así a través de Facebook que no se someterán a una posición del Supremo que entienden que ha sido inducida "bajo la amenaza de las armas".

La comisión jurídica del Parlamento salido de las urnas de junio se reunió inmediatamente con carácter de urgencia para estudiar la situación y qué tipo de respuesta se podía articular ahora ante la reincidente confusión política y legal que se plantea.

Mientras, las milicias siguen campando en varias ciudades y la batalla es cruenta especialmente en Bengasi. En la segunda ciudad del país el general rebelde Jalifa Hifter lanzó a mediados de octubre una nueva ofensiva de su Operación Dignidad para acabar con el dominio islamista en varios barrios y en los puntos estratégicos. Dijo que iba a ser una solución rápida y contó con la ayuda de varias unidades del incipiente ejército libio. No ha sido así. Esta última semana ha resultado especialmente dura y la lucha se ha cebado en la zona del puerto, donde el fin de semana se alcanzó un barco militar y algunos barrios han sido desalojados.

En la capital, dominan la situación los milicianos islamistas de Fajr Libia, adscritos bajo la coalición Amanecer de Libia, integrada por combatientes de Misrata, Trípoli, Zawiya, Sabraza, Zuwara, Joms y varias localidades de las montañas Nafusa. Son los que sostienen al gobierno paralelo de Omar al-Hassi.