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Ucrania va a las urnas más confusas

El país prepara la cita en mitad de la guerra en el este y el severo deterioro económico

El presidente Poroshenko en una visita militar.
El presidente Poroshenko en una visita militar.

Las elecciones parlamentarias anticipadas del 26 de octubre en Ucrania serán diferentes de todas cuantas se han celebrado desde el fin de la URSS, en 1991. La guerra con los secesionistas y prorrusos en las regiones orientales, el desgajamiento de la península de Crimea (anexionada por Moscú), el deterioro económico y la perspectiva de un invierno gélido marcan el ambiente de los comicios.

El proceso revolucionario que culminó con la caída del régimen del presidente Víctor Yanukóvich en febrero ha hecho necesaria la cita con las urnas. Junto con las presidenciales de mayo, que dieron la victoria a Petró Poroshenko, estas legislativas forman parte del afianzamiento de una nueva legitimidad política. La Rada Suprema (Parlamento) saliente, elegida en octubre de 2012, es hoy un residuo del anterior régimen. La que era fuerza mayoritaria, el Partido de las Regiones de Yanukóvich, se ha encogido (de 207 diputados en enero a 77 en la actualidad) y ha perdido su función articuladora.

El presidente, que se reunirá la próxima semana con su homólogo ruso, Vladímir Putin, en la cumbre Asia-Europa (ASEM) en Milán, busca en las urnas una mayoría cómoda para su formación (el Bloque de Petró Poroshenko), integrada en parte por tránsfugas de otras fuerzas afiliadas en el pasado a la revolución naranja de 2004 y al tándem que formaron el presidente Víctor Yúshenko y la primera ministra Yulia Timoshenko. El presidente también ha incluido en su lista a personajes jóvenes que ganaron celebridad en las protestas del Maidán contra Yanukóvich, como el periodista Mustafá Naiem.

Las urnas indicarán el peso del populismo agresivo representado por Oleg Liashkó, líder del partido Radical, sobre quien Amnistía Internacional pide una investigación. Liashkó se ha promocionado gracias a la guerra en el este, en parte con vejatorios interrogatorios a prisioneros como Igor Jakidziánov, exresponsable de Defensa de la denominada República Popular de Donetsk.

Tras Poroshenko y Timoshenko, Liashkó fue el tercer situado en las presidenciales de mayo, donde logró un 8%. Pese a las diferencias de estilo y contenido, el líder radical podría robar votos a la ultraderecha nacionalista tradicional representada por el partido Libertad o por el Sector de Derechas, cuyos líderes no llegaron al 2% en los comicios de mayo. Liashkó es “un fenómeno artificial que refleja el desequilibrio psicológico de la sociedad tras los acontecimientos del último año”, opina el analista Dmitro Ponomarchuk desde Kiev.

De los 450 diputados que forman la Rada, la mitad se eligen por listas de partido, y el resto por listas mayoritarias; pero esta vez solo se cubrirán 438 escaños porque Kiev no controla los 12 distritos electorales de Crimea. En Donbás (las regiones orientales de Lugansk y Donetsk) hay 5,4 millones de electores, de los cuales solo 2 podrán participar, según el jefe de la Comisión Electoral Central, Mijaíl Ojendovski. A las elecciones se presentan comandantes y jefes de batallones formados y curtidos en la operación militar en el este (oficialmente “operación antiterrorista”). Esta circunstancia podría militarizar la futura Rada con personajes con experiencia bélica, hostiles a las reivindicaciones del este.

En lo que a los sectores prorrusos y rusófonos se refiere, su representación en los órganos de poder quedó desmantelada tras la huida de Yanukóvich. El Partido de las Regiones no compite en los comicios, aunque su gente ha formado el Bloque de Oposición, dirigido por el exministro Yuri Boiko. Analistas en Kiev consideran, sin embargo, que los sectores prorrusos mejor situados son los de Ucrania Fuerte de Serguéi Tigipko, que fue socio del Gobierno de Yanukóvich y que tiene apoyo de la “cooperativa de oligarcas”, según el servicio Liga.net. El actual primer ministro, Arseni Yatseniuk, encabeza la lista de El Frente Popular, partido que formó tras abandonar a Yulia Timoshenko, su antigua protectora.

En un reciente sondeo, cinco partidos superan la barrera del 5%, necesaria para incorporarse al parlamento. Se trata del Bloque de Petró Poroshenko, dirigido por el alcalde de Kiev y exboxeador Vitali Klichkó, que obtendría el 29,9% de votos; el partido Patria, encabezado por la aviadora Nadezhda Sávchenko (encarcelada en Rusia por la muerte de dos periodistas rusos) y Yulia Timoshenko, con un 8,7%; el partido Radical de Oleg Liashkó, con 7,6%; la Posición Cívica, dirigida por el exministro de Defensa Anatoli Gritsenko, con 7,3%; y el Frente Popular, de Yatseniuk, con un 7%. El sondeo, realizado por GfK Ukraine no incluye las regiones controladas por los separatistas.

Rechazo independentista al voto

Los independentistas, que controlan parte del territorio de Donbás, rechazan los comicios organizados por Kiev y han anunciado sus propias elecciones para noviembre. Sin embargo, pese a todos los problemas de seguridad y falta de control territorial, las autoridades ucranias esperan que una parte del electorado de Donetsk y de Lugansk pueda acudir a las urnas.

En la ciudad de Mariúpol, en el sur de Donetsk, compite como independiente Serguéi Taruta, que el viernes fue cesado como gobernador de la región por el presidente Poroshenko, que lo sustituyó por un militar, Alexandr Kijtenko. El cese puso fin a unas divergencias que resultaban evidentes. Taruta había criticado en público la política de Kiev, incluidas las lagunas, ambigüedades y contradicciones del estatus especial que Poroshenko ofreció a Donetsk.

Con todo, la gota que colmó la paciencia de Poroshenko, según varios medios de comunicación ucranios, fue el telegrama de felicitación que, en un tono irónico y mordaz, Taruta envió al presidente de Rusia, Vladímir Putin, con motivo del reciente cumpleaños de éste. En el mensaje, Taruta exhortaba a Putin a poner fin a la “guerra fratricida” mediante “acciones más decididas”. “Se necesitan conversaciones lo más amplias posibles para poner fin al caos y crear el fundamento de una paz duradera y firme”, afirmaba. Además de desear a Putin “la sabiduría para acabar con la guerra”, Taruta, antiguo dirigente de la Unión de Industriales de Donbás, constataba el “ensanchamiento” de Rusia y el “encogimiento de Ucrania” durante el último año de vida del líder ruso. El mensaje irritó en Moscú. En Kiev, fue considerado insubordinación institucional.