Estados Unidos intenta contener el alarmismo ante los casos de ébola

Obama afirma que la probabillidad de un brote de ébola en EE UU es "extremadamente baja"

REUTERS LIVE! (reuters_live)

Con la llegada este lunes del cámara de la cadena NBC Ashoka Mukpo a un hospital de Nebraska, son ya cinco los estadounidenses repatriados desde África tras contraer el ébola. A ellos se une el caso de Thomas Eric Duncan, un liberiano que la semana pasada se convirtió en el primer enfermo de ébola diagnosticado en Estados Unidos, donde en los últimos días se han estudiado varios casos sospechosos -incluso en la capital, Washington- que acabaron no siendo confirmados.

Pese a que la cifra es infinitamente menor que en África, donde el número de muertos ya supera los 3.000, más allá de las medidas sanitarias para impedir que el ébola se extienda, las autoridades estadounidenses trabajan en un segundo frente de contención: evitar que cunda el pánico.

Todo ello cuando cada vez se conocen más detalles de los fallos de diagnóstico inicial en el hospital de Texas que está tratando a Duncan. A pesar de presentar ya síntomas como fiebre, los médicos que lo trataron en su primera visita al Hospital Presbiteriano de Dallas le dieron el alta tras recetarle meros antibióticos, por lo que durante las siguientes 48 horas, hasta que finalmente fue ingresado, el 28 de septiembre, pudo contagiar a hasta un centenar de personas, que ahora están bajo seguimiento para ver si desarrollan la enfermedad.

Además, pese a que el diagnóstico de Duncan fue confirmado el lunes 29, pasaron días hasta que equipos especializados retiraron en contenedores sellados la ropa de cama, toallas y otros posibles materiales con los que estuvo en contacto de la casa en la que el hombre residía cuando empezó a desarrollar los síntomas. Las cuatro personas que permanecían aisladas en ese apartamento desde el diagnóstico de Duncan -su novia, uno de los hijos de ésta y otros dos adultos- fueron trasladados el pasado viernes a otra casa para mantener su estricto seguimiento por si desarrollaran síntomas. En total, están siendo supervisadas un centenar de personas que se cree mantuvieron algún tipo de contacto con el enfermo cuando éste ya presentaba algunos síntomas de ébola.

Pese a ello, el director del Centro de Control de Enfermedades (CDC), Thomas Frieden, ha asegurado desde el primer momento que EE UU logrará contener el ébola, aunque ha subrayado que no se podrá bajar la guardia hasta que se ponga freno a la epidemia en África.

“Mientras siga la epidemia en África, hay una posibilidad de que un estadounidense o alguien de otra nacionalidad que regrese de allí y venga (a EE UU) pueda haber contraído ébola”, reconoció el lunes en entrevista con la cadena Fox. “Por eso estamos trabajando con los servicios médicos, para que identifiquen rápidamente los posibles casos, los aíslen y los traten”, señaló.

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Frieden participó en horas de la tarde en una reunión en la Casa Blanca convocada por el presidente Barack Obama para evaluar la situación sobre el ébola.

El mandatario, que calificó la epidemia como una cuestión de "alta prioridad de seguridad nacional" para su gobierno, también quiso enviar un mensaje tranquilizador, al aseverar que la probabilidad de que se produzca un brote en EE UU es "extremadamente baja".

No obstante, confirmó que su gobierno está estudiando, entre otras medidas preventivas, cómo  mejorar los controles sanitarios en los aeropuertos estadounidenses para los pasajeros procedentes de vuelos de los países más afectados por el ébola, si bien por ahora el gobierno descarta imponer una prohibición de viaje desde esas naciones, tal como reclamaban algunos políticos. “No es algo que estemos considerando en estos momentos”, dijo su portavoz, Josh Earnest.

Obama también anunció su intención de aumentar la "presión" para que la comunidad internacional incremente sus ayudas para combatir el ébola en África, algo que ya reclamó durante la Asamblea General de Naciones Unidas el mes pasado.

Sobre la firma

Silvia Ayuso

Corresponsal en París. Previamente formó parte del equipo de EL PAÍS en Washington. Licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, comenzó su carrera en la agencia Efe y posteriormente en la alemana Dpa, para la que también fue corresponsal en Santiago de Chile, La Habana y Washington.

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