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La ONU da la alarma ante el drama de tres millones de refugiados sirios

Los expulsados por la guerra suponen ya una cuarta parte de la población de Líbano

Refugiados sirios levantan un campamento entre el último control militar libanés a 6 km de la frontera Siria, cerca de Ersal, Líbano en abril Ampliar foto
Refugiados sirios levantan un campamento entre el último control militar libanés a 6 km de la frontera Siria, cerca de Ersal, Líbano en abril

BEl Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) ha hecho sonar la alarma con el anuncio del vertiginoso aumento del número de refugiados sirios. De los 23 millones de habitantes con los que cuenta Siria, 10 huyen de un sangriento conflicto que se ha cobrado ya, según Naciones Unidas, 191.000 vidas. Tres millones han cruzado la frontera buscando refugio en los países vecinos. Y 6,5 son desplazados internos. Líbano acoge al mayor número de refugiados, 1,2 millones de personas que suponen un cuarto de la población del país. Le sigue Turquía (815.000), Jordania (608.000) e Irak (215,369), según cifras de la ONU.

La gran mayoría de ellos entraron ilegalmente a Líbano con lo puesto, y se agolparon en las regiones fronterizas como la explanada de la Bekaa, al este del país, o en Trípoli y la región de Akar, al norte. El goteo de refugiados prosigue tras desbordarse en el último mes a territorio libanés los enfrentamientos entre rebeldes y Ejército sirio desbordando los combates a territorio libanés.

En una habitación y media viven Abu Mazen, su mujer y sus dos hijos. Llegaron a Líbano a finales de 2011 cruzando la frontera a pie. Hoy, tras casi tres años como refugiados, su vida se basa en una constante búsqueda de la supervivencia. “En Siria era alguien. Tenía un trabajo, amigos y una vida. Aquí ya no nos queda dinero, las organizaciones ya no nos prestan ayuda y tengo que trabajar a escondidas como obrero para que no se me echen encima los hombres del pueblo”, se queja este desesperado padre de familia. Con una hija epilépsica de siete años y 100 euros de gastos mensuales en medicamentos, la prioridad de esta familia es lograr los ingresos suficientes para cubrir el alquiler y pagar el tratamiento de la pequeña May. La desesperación de miles de familias refugiadas sin recursos reemplaza progresivamente el miedo que inicialmente les empujó a abandonar su país

En Wadi Khaled, a cinco kilómetros de la frontera norte con Siria, el paisaje ha cambiado radicalmente en los últimos tres años. Los poblados se han visto inundados por refugiados sirios. Los hombres se trasladan en motocicletas y evitan los controles militares del Ejército libanés. Las kufiyas rojas sobre sus cabezas y el acento que retumba en las calles recuerda que medio Tell Kalah —poblado sirio a escasos kilómetros— vive hoy en tierras libanesas.

La guerra siria ha entrado en Líbano por la puerta de Ersal, una localidad a A 15 kilómetros de la frontera donde el mes pasado yihadistas del Estado Islámico se enfrentaron a las tropas libanesas durante una semana de combates que dejaron 71 muertos entre civiles y soldados libaneses. Ersal, con una población de 35.000 personas, acoge a 120.000 refugiados sirios. “Estamos esperando que se reduzcan los bombardeos en la frontera para regresar a Yabrut [al oeste de Siria]”, relata por teléfono Haytham Jarab, de 59 años, que tiene a su cargo dos mujeres y nueve hijos. Los refugiados sirios de Ersal son sospechosos de haber apoyado a los yihadistas que combaten al Ejército libanés, provocando una oleada de rechazo contra los sirios en el país.

En la periferia de Trípoli (norte), el campo de refugiados palestinos de Naher el Bared acoge a parte de los 52.000 palestinos sirios que han huido del conflicto. Jamal Kamel, de 49 años es uno de ellos. “Hace dos años que llegamos aquí. Vivimos con los 230 euros que recibimos mensualmente de la UNRWA [agencia de la ONU para los refugiados palestinos], sin trabajo ni ocupación alguna. Regresar a Siria es volver a la guerra y si lo hacemos no podremos volver a huir. Sólo rogamos poder ser acogidos en Europa”, cuenta entre cuatro destartaladas paredes que hacen las veces de hogar. Jamal ya ha renunciado a poder ver a su hijo Samer, de 15 años, que hace siete meses viajó a Damasco para examinarse en la escuela. “El Gobierno libanés no le dejó cruzar la frontera de vuelta y hoy vive en un colegio-refugio de Naciones Unidas en Damasco. Ya no dan permiso a los palestinos sirios para venir a Líbano. Tengo que elegir entre mis tres hijos aquí y el que se ha quedado atrapado allí”, concluye.

Tanto ACNUR como las ONG internacionales han reducido progresivamente la ayuda y los servicios prestados a los refugiados por falta de fondos. A la insuficiente ayuda humanitaria se suma el progresivo rechazo de la población libanesa que los acoge. El Banco Mundial cifra en 5.500 millones de euros el coste económico de los refugiados sirios para Líbano desde el inicio del conflicto, en marzo de 2011.

Los cuatro millones de libaneses, que 41 meses atrás recibían a las familias sirias, hoy se muestran hostiles en medio de una economía convulsa en la que no pueden competir con la mano de obra siria, hasta tres veces más barata. Los recién llegados se amontonan en tiendas de lona mientras que los veteranos lo hacen en frágiles construcciones. Ante la avalancha de sirios que desbordan las infraestructuras y el tráfico del país, numerosos ayuntamientos libaneses han decretado toques de queda para los refugiados sirios, que a partir de las ocho de la tarde tienen prohibido desplazarse.