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El mundo observa con atención las protestas de Ferguson

Varios gobiernos se pronuncian sobre los disturbios en Misuri

La detención de periodistas extranjeros crea inquietud en Ferguson

Varios ciudadanos, entre ellos el enviado especial de EL PAÍS en Ferguson, observan los disturbios desde un restaurante.
La policía carga tras una noche de protestas pacíficas.  Varios ciudadanos, entre ellos el enviado especial de EL PAÍS en Ferguson, observan los disturbios desde un restaurante. AP

Suena la hora de la revancha. Países que cada año se ven señalados por Estados Unidos como violadores de los derechos humanos ven en los sucesos de Ferguson (Misuri) una oportunidad para acusar a Estados Unidos de hipocresía y resaltar las imágenes de excesos policiales y los relatos sobre la desigualdad racial en la primera potencia.

China, Rusia, Egipto… La lista es larga. Estos días, los agraviados aleccionan a EE UU sobre el respeto al derecho a manifestarse y a la libertad de expresión. O hablan, como es el caso de Irán, de “discriminación intencionada” de la minoría afroamericana. “El incidente de Ferguson demuestra de nuevo que incluso en un país que durante años ha intentado desempeñar el papel de juez y defensor internacional de los derechos humanos todavía tiene mucho que mejorar”, ha escrito Xinhua, la agencia oficial china.

En la avenida de Ferguson donde se desarrollan las protestas, se ven observadores de Amnistía Internacional y abogados voluntarios para asistir a los detenidos. La cadena qatarí Al Yazira o la televisión estatal rusa recogen en entrevistas con los manifestantes los agravios de los afroamericanos y filman escenas de agentes con caras poco amables. He aquí, es el mensaje que resuena estos días en muchas audiencias, el país que se dedica a exportar democracia al resto del mundo…

Durante la guerra fría, la segregación de los negros en EE UU ya era un tema predilecto de los medios en la Rusia soviética. También el No-Do franquista se fijaba en ello.

Lo llamativo, en Ferguson, es lo limitado de la protesta en sí: unos miles de personas, en los momentos más concurridos, en un segmento de menos de un kilómetro en una calle de una pequeña ciudad suburbial del Medio Oeste de Estados Unidos. Para el resto del área metropolitana de San Luis, la gran ciudad vecina, los sucesos son algo lejano.

Pese a que las protestas por la muerte de un negro desarmado tiroteado por un policía blanco se han prolongado más de una semana, los disturbios son incomparables con antecedentes como el de Los Ángeles en 1992 como resultado del apaleamiento de un ciudadano negro, Rodney King, por parte de un grupo de policías, y el juicio posterior. En Los Ángeles murieron 53 personas y dos mil resultaron heridas. La Administración de Bush padre desplegó soldados y marines.

En Ferguson detención de periodistas —el lunes, dos alemanes, entre ellos el corresponsal del diario conservador e históricamente proamericano Die Welt— propician crónicas con retratos crudos sobre las actitudes de las fuerzas del orden. Si gran parte de la influencia mundial de este país se basa en el llamado soft power o poder blando —la capacidad de persuasión y atracción del modelo norteamericano—, estos días la imagen de EE UU ha quedado tocada.

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