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La ONU nombra a Bernardino León enviado para Libia

El diplomático español niega que el país norteafricano sea un “Estado fallido”

Bernardino León.
Bernardino León. EL PAÍS

Bernardino León (Málaga, 1964) rechaza el calificativo de “Estado fallido” para Libia y niega que dicho país corra el riesgo de convertirse en una Somalia asomada al Mediterráneo. “La somalización de Libia está muy lejos”, asegura.

Este diplomático español, que fue secretario general de la Presidencia del Gobierno con Zapatero y enviado especial de la UE para la primavera árabe durante los últimos tres años, acaba ser nombrado representante del secretario general de la ONU para Libia. Tras descartar a otros candidatos, Ban Ki-moon lo ha elegido para un puesto que, con el aval del Consejo de Seguridad, lleva aparejada la jefatura de la misión de Naciones Unidas para Libia (UNSMIL).

Aunque no estrenará el cargo hasta principios de septiembre, León está ya enganchado al teléfono haciendo gestiones con los dirigentes de las facciones libias e intentando tejer un alto el fuego que, en su opinión, podría alcanzarse en los próximos días en Trípoli y será más difícil en Bengasi. A la mayoría de ellos los conoce personalmente, pues en los últimos meses ha ejercido también como asesor de Catherine Ashton para este país sumido en el caos desde que la intervención de la OTAN precipitó en 2011 la caída del régimen de Gadafi.

Pese a que los combates por el control del aeropuerto de Trípoli han provocado la evacuación de la mayoría de las embajadas y colonias extranjeras (incluida la española) y el Parlamento elegido en las elecciones del 25 junio ha tenido que reunirse en Tobruk, a 1.200 kilómetros de la capital, junto a la frontera egipcia, León cree que se acabará alcanzando un acuerdo, ya que “ninguno de los actores tiene fuerza suficiente para imponerse a las demás y todos se enfrentan a un enemigo común, Al Qaeda, que se beneficia del actual caos”. Eso sí, advierte de que el Gobierno libio, cuya legitimidad reconoce la comunidad internacional, debe hacer una política inclusiva y ampliar su base social si quiere estabilizar el país.

Hay otra diferencia que, en su opinión, permite ser optimista sobre el futuro y es que “la ONU no va a abandonar a los libios su suerte”. Al contrario de lo sucedido con Siria, donde el veto ruso ha atado de manos a Naciones Unidas, “hay un consenso entre los miembros del Consejo de Seguridad sobre la necesidad de intervenir, si es necesario”. Está previsto que, en octubre, se presente en Nueva York un menú de opciones para reforzar y robustecer la misión de la ONU. “Y no está descartada ninguna posibilidad”, advierte, incluido el cambio de naturaleza de la actual misión civil por otra de carácter policial o militar.

De momento, una vez que se restablezca la calma en Trípoli, habrá que reagrupar a los 200 miembros de la UNSMIL, actualmente desplazados a Túnez y al sur de Italia. Antes de que acabe agosto, León tiene previsto viajar a Nueva York e inmediatamente antes o después irá a Libia, aunque sea todavía con el gorro de la UE.

El cargo, en el que sustituye al libanés Tarek Mitri, tiene el rango de subsecretario general (el más alto alcanzado por un diplomático español desde los tiempos en que Francesc Vendrell era enviado especial para Afganistán) y una duración de un año prorrogable. Durante este tiempo, vivirá a caballo entre Trípoli y Nueva York. El plazo es muy corto para poner en pie un Estado que nunca ha existido, pero León está convencido de que los frutos se verán mucho antes que los de la ahora agostada primavera árabe. “Los libios no quieren la guerra”, sostiene, “y eso empuja a favor de un gran acuerdo nacional”. El modelo no es Siria ni Egipto, y mucho menos Somalia, sino Túnez. Pero con petróleo y con muchos más intereses sobre el tablero.