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Los expertos llegan 14 días después al lugar donde cayó el MH17

Los forenses recogen muestras de ADN en difíciles condiciones de seguridad

El primer ministro malasio, Najib Razak, y su homólogo holandés, Mark Rutte, este jueves en La Haya. Ampliar foto
El primer ministro malasio, Najib Razak, y su homólogo holandés, Mark Rutte, este jueves en La Haya. AFP

El grupo de expertos internacionales encargados de esclarecer las circunstancias del derribo del vuelo MH17 de Malaysia Airlines con 298 pasajeros ha llegado este jueves al lugar donde se acumulan los restos del avión, en una zona controlada por los separatistas prorrusos en el este de Ucrania. Tras casi dos semanas de intentos, cuatro forenses holandeses y australianos han sido los primeros en llegar a la zona, acompañados por observadores de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE).

Según ha afirmado el jefe de misión holandés en Ucrania, Pieter Jaap Aalbersberg, rebeldes prorrusos le han entregado pertenencias y muestras de ADN de las víctimas que todavía estaban en la morgue de Donetsk. De acuerdo con el Gobierno de Holanda, se trata de 25 muestras de ADN y 27 objetos personales de víctimas.

Aalbersberg ha declarado que la situación de seguridad en la zona "es muy inestable". Por eso ha rechazado dar una fecha para el fin de los trabajos en el área del siniestro, que calificó de "muy complejos", aunque dijo que, de tener acceso ilimitado, podrían concluirse en "una semana".

En esta primera etapa de trabajo, los expertos de los dos países que más víctimas han sufrido en esta catástrofe tratarán de localizar restos humanos que no han sido hallados por los servicios de rescate ucranios y las pertenencias de los pasajeros y miembros de la tripulación. Más adelante comenzarán el resto de investigaciones, incluidos los peritajes en el avión.

Según un periodista de la agencia rusa RIA Nóvosti que acompañó a la misión, el grupo de expertos se vio sorprendido por fuego de artillería procedente de una zona próxima en la que combatían fuerzas ucranias y separatistas prorrusos. Varios proyectiles disparados por morteros explotaron a unos 100 metros del lugar donde trabajaban.

Para evitar estas situaciones, Kiev ha asegurado este jueves que los Gobiernos de Rusia y Ucrania y la OSCE al fin han llegado a un acuerdo para establecer un corredor seguro al lugar donde se estrelló el avión, explica Efe. Este corredor implicará, según el vice primer ministro ucranio, Volodimir Groisman, el cese de las "operaciones militares" en esa zona, si bien no está claro hasta qué punto los separatistas prorrusos están al tanto de este acuerdo.

A Holanda han llegado 227 féretros de víctimas del accidente, y Australia cree que pueden quedar 80 cadáveres por recoger. Dos semanas después de la catástrofe, la aparente falta de respuesta ciudadana holandesa, ya sea en forma de manifestación de las familias, o bien ejerciendo presión directa sobre sus políticos, es sólo eso: aparente. El país sigue conmocionado por la muerte de 196 de sus compatriotas (según el recuento más reciente). Pero Holanda ha asumido en los últimos días dos cosas: que la catástrofe se ha producido en una zona en guerra y no puede recoger sola los cadáveres, y que debe cambiar el tradicional enfoque económico de su política. Este jueves, el primer ministro malasio, Najib Razak, ha pedido en La Haya acceso a la zona del desastre y ha enviado 69 expertos propios.

Los primeros días, cuando todos los cuerpos estaban expuestos, Mark Rutte, el primer ministro holandés, habló varias veces con el presidente ruso, Vladímir Putin, sospechoso a ojos de la comunidad internacional de tener línea directa con los separatistas. Ante la falta de éxito de esta iniciativa, Rutte ha asumido el riesgo de dañar los intereses de su país imponiendo sanciones a Rusia. El giro es copernicano para la prudente política exterior holandesa.

En 2013, se cumplieron 400 años de relaciones entre Rusia y Holanda y hubo sendos roces diplomáticos de altura. Dimitri Borodín, canciller de la embajada rusa en La Haya, fue detenido por la policía sin atender a su inmunidad diplomática. El informe oficial le describía borracho y pegando a sus hijos pequeños en el jardín familiar. Hubo enfados desde Moscú y silencio, al principio, en Holanda. Al final, se optó por una solución salomónica. El Ministerio de Exteriores pidió disculpas a Rusia por haber ignorado la inmunidad del sujeto, pero apoyó a la policía “por haber primado la seguridad de los menores”.

Poco después, el canciller holandés en la embajada de Moscú, Onno Elderbosch, fue asaltado por unos desconocidos en su casa. Le insultaron y dejaron unas pintadas homófobas en un espejo. Esta vez, las explicaciones se pidieron desde La Haya. El presidente Putin dijo que había sido obra de delincuentes comunes, pero lo investigaría. Ambos diplomáticos abandonaron luego sus puestos. El ruso despareció de la escena. El holandés es hoy embajador.

A pesar de que hubo encontronazos verbales entre los dos países, prevalecieron los intereses comerciales holandeses en Rusia. Holanda exporta por valor de unos 30.000 millones de euros a Rusia. En 2013, Róterdam fue el mayor puerto de entrada de bienes rusos en el mundo. Y cerca de 70.000 millones de productos rusos son descargados en esos muelles cada año. Con los Juegos Olímpicos de invierno de 2014 en Sochi (Rusia), en el horizonte, las tensiones bilaterales acabaron diluyéndose en un brindis entre los reyes de Holanda, Guillermo y Máxima, y Putin. Lo de ahora es diferente. Según todos los indicios, los 196 holandeses caídos en Ucrania han sido víctimas de un atentado. Es el mayor golpe recibido por su país en la historia contemporánea, y a su manera, sin aspavientos, las cosas van cambiando en La Haya, el corazón político.