Los menores hondureños huyen de la violencia y la exclusión

Atrapados en las redes criminales de las calles, niños, niñas y adolescentes deciden cruzar la frontera y caer en una travesía de peligros y abusos

Un niña de origen centroamericano, en un albergue en México.
Un niña de origen centroamericano, en un albergue en México.Eduardo Verdugo (AP)

En barriadas con un ambiente hostil y sometidas a la ley del más fuerte, niños y adolescentes hondureños son utilizados por los grupos criminales para actuar en robos, asaltos, sicariato, violaciones, extorsión y tráfico y venta de drogas y de armas. La situación de violencia y de exclusión empuja cada vez a más menores de edad hacia las redes de traficantes de seres humanos en las que se introducen para emigrar, sin compañía y por tierra, hacia Estados Unidos.

Los menores son “víctimas de un sistema excluyente”, asegura un informe de Casa Alianza, una organización internacional y no estatal de protección y defensa de la niñez que funciona en Honduras. “En las últimas décadas se ha fomentado en el país una tendencia ‘criminalizadora’ de la juventud. El simple hecho de vivir en una situación de calle, vestir de una forma particular, llevar un tatuaje o sentarse en grupo en una esquina, basta para catalogar a niñas, niños y jóvenes como vagos y delincuentes”, puntualiza el estudio.

Las personas menores de 18 años son el 45% de la población total—7,8 millones—de un país que, junto a Guatemala y El Salvador, es de los que más aportan a la crisis que recrudeció desde mayo anterior en la frontera suroeste de Estados Unidos por la masiva migración de niños, niñas y adolescentes no acompañados.

Atrapados en la miseria en un país en el que el 70% vive en diversas y crecientes etapas de pobreza, los menores están en un laberinto: optar por quedarse en Honduras a seguir sufriendo marginación social o emigrar a Estados Unidos, donde ya están—si es que tienen y si preservan el contacto—sus madres, sus padres o ambos. En una muestra de la migración masiva y en aumento, el Gobierno de Honduras informó de que más de 14.000 menores de edad hondureños ingresaron por vías ilegales a Estados Unidos de octubre de 2013 a junio de 2014, mientras que el número total de octubre de 2012 a septiembre de 2013 fue de 2.500.

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El incremento se ha registrado por una falsa noticia, divulgada por los coyotes o polleros, que son los traficantes ilegales de seres humanos, sobre una supuesta amnistía migratoria que dictaría Estados Unidos, explica Ana García de Hernández, primera dama de Honduras y jerarca de una comisión gubernamental creada por su esposo, el presidente Juan Orlando Hernández, para encarar el impacto del conflicto.

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La información propalada por los traficantes aceleró el problema y condujo a numerosos padres y madres de menores centroamericanos y residentes (legales o ilegales) en Estados Unidos a buscar la reunificación con sus hijos e hijas. Los parientes pagan al menos 5.000 dólares a los traficantes para que les lleven a sus hijos e hijas, a pesar de los peligros de la travesía terrestre por Guatemala y México.

Autoridades migratorias de Honduras confirmaron que cerca de 90 niños, niñas y adolescentes hondureños no acompañados—o con la única compañía de traficantes de seres humanos— emigra a diario a Estados Unidos por 18 puntos “ciegos” en la frontera terrestre de Honduras con Guatemala como una vía de escape de la violencia criminal y de la exclusión.

Hoja de Ruta

Honduras diseñó la llamada Hoja de Ruta: Una Invitación a la Acción en una Conferencia Internacional sobre Migración, Niñez y Familia que se celebró el 16 y el 17 de este mes en Tegucigalpa, con representantes de los gobiernos Estados Unidos, México, Guatemala, El Salvador, Honduras, Costa Rica y Panamá, de las organizaciones de Naciones Unidas y de Estados Americanos, del Sistema de Integración Centroamericana y de organismos de cooperación internacional y de la sociedad civil.

La hoja de ruta plantea, entre otros aspectos, diseñar y ejecutar un programa para el control efectivo de las fronteras y la eliminación de “puntos ciegos”, así como para la persecución, desarticulación y derrota “definitiva” de las redes de “coyotaje”.

El programa buscaría la protección de los derechos humanos y de la integridad física y espiritual de los flujos de migrantes, especialmente los menores no acompañados, en los territorios de tránsito, como México.

Otro de los elementos es “la fijación definitiva de una política migratoria clara por parte de Estados Unidos” hacia Centroamérica, con un plan “de gran alcance de comunicación”, para que “todos los ciudadanos” conozcan la situación migratoria real, “sin lugar a confusiones o a desinformación”.

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