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Alemania reprende a Reino Unido por su ultimátum contra Juncker

La canciller alemana se reúne en Suecia con tres líderes europeos críticos con el luxemburgués

Rutte, Merkel, Reinfeldt y Cameron, este martes en Suecia. Ampliar foto
Rutte, Merkel, Reinfeldt y Cameron, este martes en Suecia. REUTERS

La dueña de la llave de casi todo en la Unión, la canciller alemana Angela Merkel, despachó ayer sin miramientos el ultimátum del primer ministro británico, David Cameron, sobre la salida del Reino Unido de la UE si el líder conservador —y federalista convencido— Jean-Claude Juncker es el próximo presidente de la Comisión Europea. “Las amenazas no forman parte del espíritu europeo”, dijo la canciller. Merkel propinó así un sonoro revés en público a Cameron, que aspiraba a convencer a la canciller de que el candidato del PP no es la persona idónea para llevar las riendas de la Comisión. “Ha habido demasiadas declaraciones en los últimos días; tenemos que volver al camino responsable, constructivo”, sostuvo Merkel en Harpsund (Suecia), en una rueda de prensa en la que el británico ponía cara de póquer a tres metros escasos de la mujer más poderosa de Europa.

Merkel y Cameron, junto al primer ministro sueco, Fredrik Reinfeldt, y al holandés Mark Rutte, participaron en una minicumbre para pactar una posición conjunta del ala más liberal de Europa sobre las reformas que necesita la Unión en los próximos cinco años. Al menos en público ese eje del Norte apenas hizo vagas referencias al respecto. La candidatura de Juncker —y la impetuosa reacción de Londres, que ha conseguido ponerse en contra a casi todo el mundo con la amenaza de veto— copó la mayor parte de la agenda. El avance de los partidos radicales en las elecciones europeas del 25 de mayo, con la consiguiente erosión del bipartidismo, debería ser un revulsivo para aclarar los próximos pasos de la construcción europea, pero las principales capitales, la Eurocámara y el Consejo Europeo siguen absortos en la batalla política por la presidencia de la Comisión, el puesto más importante en Bruselas.

El tono de ese debate baja ahora varios peldaños, y promete ir para largo. Merkel reiteró su apoyo a Juncker, pese a que tiene problemas en casa porque ese respaldo desprende el inconfundible aroma de las ambigüedades calculadas. "Juncker es el candidato", dijo por enésima vez la canciller, que a su vez lleva días insistiendo en un doble pero: Alemania no quiere aislar a Reino Unido, y antes de ponerse a hablar de personas quiere fijar "el contenido" de la agenda del sucesor de José Manuel Durão Barroso. Pero no hay casi nada sustantivo en esa agenda, al menos por el momento, más allá de las "reformas", ese cajón de sastre que significa algo distinto según quién lo mencione.

Suecia, Reino Unido y Holanda llevan meses anunciando que persiguen una repatriación de competencias; Alemania es mucho menos clara al respecto. Tanto, que de la minicumbre se salió con lo de casi siempre: "Europa tiene que mejorar su competitividad, apuntalar el mercado interior y extender el mercado único al área digital y a otros servicios", resumió el anfitrión, Reinfeldt, tradicional aliado de Cameron como uno de los máximos exponentes de la agenda liberal de la Unión.

Frente a los objetivos mil y una veces reiterados de las reformas y demás, media Europa está ahora mismo pendiente del mercadeo de cargos en Bruselas. El sillón más preciado es el de presidente de la Comisión, que a pesar del ninguneo de los últimos años de crisis —con los Estados, y Alemania en particular, tomando las riendas— sigue teniendo un papel fundamental en la futura configuración del proyecto europeo.

Tras el reproche de Merkel, también Cameron rebajó el tono, en unas declaraciones más matizadas que las que ha realizado últimamente. "Quiero que Reino Unido siga dentro de una UE reformada. Pero la decisión la tomarán los británicos en un referendo a finales de 2017", declaró. Cameron está tocado tras el mal resultado de los conservadores británicos, terceros en las elecciones europeas por detrás del antieuropeo UKIP y de los laboristas. Obligado a navegar entre el discurso del líder eurófobo, Nigel Farage, y las exigencias de la canciller Merkel, ayer encontró un término medio: aseguró que Londres cree que la UE "debe cambiar en respuesta a la intranquilidad de los electores". "Europa tiene que ser más abierta y necesita líderes capaces de llevar a la UE en esa dirección; obviamente, el enfoque que adopte la Unión entre ahora y el referendo de 2017 será muy importante", cerró.