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El seductor que conquistó a Santos

J.J Rendón comenzó su ascenso imparable como estratega político en su natal Venezuela

Colaborador de la campaña del presidente colombiano, renunció por sus supuestas relaciones con el narco

Captura de la web http:www.jjrendon.com
Captura de la web http://www.jjrendon.com/

Con Juan José Rendón, el polémico exasesor de la campaña por la reelección del presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, no hay medias tintas. Lo odian o lo aman. Bien lo sabe el chavismo en Venezuela. Cada vez que se acerca una campaña electoral en este país su nombre sale a flote como el autor de la propaganda sucia contra el Gobierno. Las denuncias de sus tratos con el narcotráfico reveladas por la prensa colombiana le sirvieron a la Asamblea Nacional para reavivar la vieja inquina. Este martes la mayoría chavista discutió en la plenaria el caso y anunció que pedirá al Ministerio Público que solicite una alerta roja a Interpol por una ristra de supuestos delitos: traición a la patria, conspiración, ultraje contra personas investidas de autoridad, legitimación de capitales e intimidación al público. “Ese señor, asesor de la derecha venezolana, es un delincuente, un malandro y asesino”, dijo sin nombrarlo el presidente Nicolás Maduro este martes en su programa de radio.

Juan José Rendón (Caracas, 1964) es hijo de un suboficial del ejército venezolano y un ama de casa. Comenzó sus estudios universitarios de Psicología en la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas, pero dos años después emigró a Italia gracias a una beca. En ese país obtuvo un título en Ontopsicología que el propio Rendón definió en una entrevista concedida en 2010 a la revista Poder y Negocios de Venezuela como “una disciplina holística que estudia de forma integral al ser”.

La selección de esa carrera responde a un claro interés por vincular la publicidad con la psicología. Rendón es un obseso del estudio de las motivaciones que llevan a las personas a seleccionar una entre varias alternativas. De regreso en Venezuela acumuló experiencia como creativo publicitario hasta que se vinculó a la campaña que llevó a Carlos Andrés Pérez por segunda ocasión a la presidencia de Venezuela. Tenía entonces 24 años y muchas ganas de trascender en el ramo de la consultoría política, aunque su inexperiencia, y la desconfianza de los asesores del candidato, le impedían enterarse de primera mano acerca de las estrategias de mercadeo.

Fue entonces cuando se le ocurrió una idea que cambiaría para siempre su vida: se ofreció como chófer del fallecido gurú estadounidense del marketing político Joe Napolitan, quien era el asesor principal de la campaña de Pérez. Después de algunas trabas, dice, logró trabar una amistad con el consultor que se mantuvo en el tiempo. Rendón obtuvo a cambio una lista de 30 ítems que debía cumplir un consultor para ser el mejor. “Son el mejor secreto de mi trabajo”, dijo en aquella entrevista.

Ha sido asesor de Juan Orlando Hernández en Honduras y Enrique Peña Nieto en México

La historia resulta difícil de creer y hasta inverosímil en el peor de los casos. En ese punto se detienen los descreídos de las supuestas hazañas de Rendón como el Mesías de la consultoría política. “Yo lo recuerdo en una posición absolutamente periférica en la campaña”, afirmó entonces Fernando Egaña, exministro de Información del segundo gobierno del expresidente Rafael Caldera (1994-1999). En su página web (www.jjrendon.com), sin embargo, el asesor asegura que tuvo bajo su responsabilidad “el manejo creativo y gerencial de Chiripa Publicidad en 1993, que le procuró una victoria absoluta al Dr. Rafael Caldera”.

Otros episodios similares a ese resaltan en su biografía profesional. Sus enemigos suelen ser implacables al aterrizar esas versiones a tierra. Frente a esas críticas, Rendón, budista férreo y confeso, siempre asegura que nunca busca destacar en su trabajo. Tal vez no falte quien lo envidie. Dice no ser gregario, fiestero ni amiguero. Se jacta de una cruda sinceridad que no repara en el cargo de la persona.

Rendón viste siempre de negro, con trajes hechos a la medida, que parecen a veces las guerreras de un judoka, y diseñados por él. Es un fanático de las espadas de Samuráis y cree en la filosofía zen. El color de su indumentaria es un homenaje al artista plástico venezolano Rolando Peña, apodado El Príncipe Negro, pero también traza el perfil de un provocador. “No tengo tiempo de estar a la moda. No sé si se llevan ahora las corbatas gruesas o delgadas, si llevan estampados o tonos claros. Soy un irreverente y un rebelde en muchos aspectos. Creo que tengo un problema de narcisismo intelectual”.

Después de la derrota que sufrió la oposición a manos del presidente Hugo Chávez en el referéndum revocatorio de 2004, J.J. Rendón lideró el movimiento de opinión que pretendía sembrar dudas del triunfo oficialista. Denunció entonces la existencia de topes numéricos en los votos opositores en varias mesas instaladas en el estado Bolívar. “Yo estaba en Ciudad Bolívar (la capital del estado) con mi mamá y un político amigo que obtuvo esas actas me dijo que las revisara”, recuerda. Con ese material Rendón elaboró mensajes clave que dejaban al descubierto la supuesta programación de las máquinas de votación. Era común verlo en los canales de televisión, vestido de negro cerrado y con el cabello engominado, explicando las supuestas irregularidades que probarían el fraude. Un sector de la población todavía hoy está convencido de que el gobierno ganó con fraude aquella consulta.

Esa cruzada en contra del sufragio electrónico tuvo nefastas consecuencias para los adversarios del gobierno nacional. En las consultas sucesivas –las elecciones de gobernadores y alcaldes de octubre de 2004 y los comicios parlamentarios de diciembre de 2005- la oposición abandonó la ruta electoral con la idea de deslegitimar al gobierno. Nunca se concretó la proyección de ese escenario, pero sí otro: la desmovilización de parte del antichavismo en virtud de la desconfianza en el sistema electoral. Desde entonces Rendón no volvió más al país: viajó a México, Colombia y Honduras, países que no han sido indiferentes a su presencia, y se residenció en Miami, Florida.

En su currículum destacan veintiocho campañas presidenciales. Recientemente fue asesor del presidente electo Juan Orlando Hernández en Honduras, además del actual presidente del mismo país Porfirio Lobo y de Enrique Peña Nieto de México. “Se ha considerado el consultor mejor pagado, más reconocido, más temido, más atacado, pero también el más solicitado y eficiente”, asegura su página web. Desde este fin de semana habrá que agregarle un hito –el puente con el narcotráfico- que quizás hubiera querido ocultar.