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El príncipe Carlos trata de evitar que se publiquen 27 cartas comprometedoras

El diario 'The Guardian' está a un paso de obtener las misivas por vía judicial

Solo el tribunal Supremo puede evitar ya que se publiquen

En los correos el príncipe presiona con sus opiniones a varios ministerios, lo que contradice su obligación de neutralidad

El príncipe Carlos de Inglaterra. Ampliar foto
El príncipe Carlos de Inglaterra. Getty

Carlos de Inglaterra cada vez está más cerca de protagonizar una polémica que tiene el potencial de cuestionar la neutralidad que le exige para ser rey. Ya solo el Tribunal Supremo, última instancia del sistema judicial británico desde que se creó en 2009 para separar esa función de la Cámara de los Lores, puede impedir que se publiquen 27 cartas personales enviadas por el príncipe a siete departamentos ministeriales entre 2004 y 2005, en las que expresa sus puntos de vista con tal franqueza que algunos creen que puede estar faltando a la exigencia de neutralidad política que pesa sobre la monarquía británica.

El Gobierno lleva ya muchos años intentando que esas cartas no lleguen a ser publicadas por el diario The Guardian, que las pidió en su día en base a la ley de Libertad de Información (FOI en sus siglas en inglés). Pero el ejecutivo, primero los laboristas y luego la coalición de conservadores y liberales-demócratas, se opone con el argumento de que las fuertes opiniones que muestra el príncipe en esas misivas podrían dar la impresión de que rompe la neutralidad política que se le exigirá cuando sea monarca. Esa es, precisamente, la razón por la que las cartas deben ser publicadas, responden quienes están a favor de que la gente sepa qué le ha dicho el príncipe a qué ministro sobre qué tema y cuándo.

En estos días, un tribunal de apelación formado por tres magistrados y encabezado por el jefe de la judicatura en Inglaterra y Gales, lord Dyson, ha rechazado la apelación presentada en su día por el fiscal general del reino, Dominic Grieve, que intentaba así revocar la sentencia a favor de la publicación de las cartas dictada en septiembre de 2012 por un tribunal independiente. Ese tribunal había a su vez tumbado el veto a la publicación de las cartas impuesto por Grieve en 2010 después de que la Cámara Administrativa de Apelaciones. que decide si se han de publicar o no documentos que el Gobierno intenta evitar que se publiquen a través de la Ley de Libertad de Información, se pronunciara a favor.

La insistencia de ambas partes en conseguir su objetivo no se basa en una curiosidad morbosa por desvelar chascarrillos, sino para evaluar, o impedir que se pueda evaluar, hasta qué punto el príncipe Carlos ha traspasado o no las líneas rojas de la neutralidad política de la corona y si eso puede ensombrecer su reinado cuando herede el trono que desde hace más de 60 años ocupa se madre, la reina Isabel II.

El soberano tiene derecho a opinar. Al menos hasta cierto punto. La convención del sistema constitucional británico señala que el monarca tiene el derecho a ser consultado, el derecho de aconsejar y el derecho de advertir. Esa formulación se confirmó a mediados de los años 1980 de manera algo más precisa: el monarca tiene el derecho y también la obligación de expresar al primer ministro sus opiniones sobre la política del Gobierno, pero al mismo tiempo está obligado a actuar bajo el asesoramiento de los ministros sean cuales sean sus propias opiniones. Lo que no puede de ninguna manera es mostrar partidismo político.

¿Han mostrado ese partidismo las opiniones expresadas por el príncipe Carlos en esas 27 cartas que los jueces creen que tienen interés público como para ser publicadas? ¿Han alterado de forma partidista la política del Gobierno? De momento hay información de que fueron enviadas entre septiembre de 2004 y abril de 2005 a los departamentos responsables de Negocios, Sanidad, Educación, Medio Ambiente, Cultura e Irlanda del Norte y al Cabinet Office. También sabemos que en ellas el heredero expresa “sus más profundos puntos de vista y creencias” y que en algunos casos lo hace “con particular franqueza”. También sabemos que, de publicarse, no sería el principio de una larga lista de cartas de Carlos, sino más el canto del cisne. El Gobierno modificó en 2010 la ley de Libertad de Información para excluir de ella todas las cartas de la familia real, incluso las que, como estas 27, pueden ser del interés público. Tras la aprobación de esa enmienda, la correspondencia del heredero se pude acoger a una exención de 20 años o cinco años desde la muerte del afectado antes de que pueda ver la luz.