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Alerta en el suroeste de Inglaterra por el desbordamiento del Támesis

El pronóstico de nuevas tormentas de lluvia y viento ha forzado a mantener 16 alertas de inundaciones en zonas cercanas al río

Imágenes de zonas del suroeste de Inglaterra inundadas por las lluvias de las últimas semanas. ATLAS

“Vamos a hacer todo lo que esté en nuestra mano y el dinero no será un impedimento, pero llevará tiempo arreglar las cosas”. Con esta declaración desde una de las zonas más castigadas por las inundaciones que viene sufriendo el suroeste de Inglaterra, que luego repitió en una comparecencia televisada en Downing Street, David Cameron intentó este martes recuperar la iniciativa política y escenificar el compromiso de su gobierno para afrontar los estragos de las precipitaciones más intensas registradas en los últimos 250 años. Un compromiso tardío, según la crítica de miles de afectados en las zonas rurales que han reprochado al primer ministro británico su lentitud en reaccionar ante una crisis que asuela al país desde hace semanas y amenaza con agravarse ante el pronóstico de nuevas tormentas de lluvia y viento.

Las palabras de Cameron en Dawlish, una localidad de Devon donde el agua ha arrasado un tramo de las vías ferroviarias, coincidieron con 16 nuevas alertas de inundaciones en las ciudades y pueblos de la ribera del Támesis y en el condado de Somerset. Un millar de familias se han visto obligadas a abandonar sus viviendas en las áreas que bordean el río y otras miles de propiedades arriesgaban este martes y miércoles la misma suerte, con la prevista llegada de más lluvias y fuertes vientos provocados por una corriente procedente del Atlántico.

Si hay que gastar dinero, se gastará; si los militares pueden ayudar, allí estarán”

David Cameron

“El gobierno hará todo lo que esté en sus manos para coordinar los recursos de la nación; si hay que gastar dinero, se gastará; si se precisan medios, los procuraremos; si los militares pueden ayudar, allí estarán”, aseguró este martes Cameron en un esfuerzo por contrarrestar el sentimiento de agravio comparativo que se vive en las poblaciones del campo. Si las inundaciones se hubieran producido en Londres, vienen a decir los afectados, las autoridades habrían actuado con mayor celeridad. Invectivas de ese tipo contra el primer ministro —y en boca de los habitantes de un medio rural que vota a los conservadores— han venido acaparando titulares de la prensa desde que las inclemencias de la meteorología comenzaron a cebarse a finales del otoño en el suroeste inglés, con un balance de más de 5.000 viviendas inundadas.

A esos votantes se dirigió el político tory cuando, en pose de estadista desde la tribuna de Downing Street, anunció una paquete de medidas destinadas a apoyar con subvenciones públicas a los empresarios y agricultores de las zonas afectadas, a presionar a las aseguradoras para que aceleren los trámites de aquellos que han perdido sus casas y propiedades o a movilizar al ejército —parte de un contingente de 1.600 soldados ya ha sido desplegado en el suroeste inglés— para contribuir a las labores de ayuda.

David Cameron eludió asumir cualquier responsabilidad ante la parálisis que ha denotado su gabinete (“ahora hay que actuar”, dijo)

“El dinero (del gobierno central) no va a ser un problema”, garantizó a tantos afectados que han venido denunciado la hasta ahora pasividad del gobierno, su negativa por ejemplo a dragar los ríos en las zonas afectadas en los dos últimos meses y la falta de medios de las administraciones locales y las agencias medioambientales, producto de la drástica política de ajuste del gasto público promovida por el gobierno de conservadores y liberal demócratas. Para subrayar el carácter prioritario de la presente crisis, que precisa de “un esfuerzo nacional”, el primer ministro británico ha decidido cancelar una visita a Oriente Medio prevista la próxima semana. “Nada es más importante (que encarar las inundaciones)”, remachó, y yo seguiré liderando la respuesta del gobierno”. A lo largo de una intervención en la que tuvo que responder a las preguntas de la prensa, Cameron eludió asumir cualquier responsabilidad ante la parálisis que ha denotado su gabinete (eso lo dejó para más tarde: “ahora hay que actuar”, dijo) e incluso elogió la labor de la muy criticada Agencia del Medio Ambiente. Sí admitió que “la situación puede emporar antes de que podamos enderezarla”.

Así lo sugieren las 16 nuevas alertas activadas, de las que catorce corresponden a las zonas ribereñas del Támesis y las otras dos al condado de Somerset. Las autoridades también han lanzado otras 350 alertas menos severas en otras partes del sur de Inglaterra y en las Midlands, al tiempo que aconsejaba medidas de precaución a los habitantes de algunas zonas de Gales. Las lluvias han afectado, asimismo, al servicio ferroviario que enlaza el sudoeste con el resto del país, lo que ha forzado a ampliar las conexiones aéreas, y a aminorar la velocidad de los trenes que conectan la capital con el condado de Berkshire.

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