La polémica marca de Pablo Escobar

El hijo del fallecido jefe de la droga comercializa ropa con la imagen de su padre y mensajes de paz. Colombia ha negado el registro de la marca que lleva el nombre del capo

El narcotraficante Pablo Escobar, con su hijo Juan Pablo, en 1978.
El narcotraficante Pablo Escobar, con su hijo Juan Pablo, en 1978.CEDIDA POR NICOLÁS ENTEL

Sebastián Marroquín podría pasar como un arquitecto colombiano de 36 años que vive en Buenos Aires, donde se convirtió en emprendedor al fundar una marca de ropa. Pero su apellido tiene un pasado marcado por la violencia. De hecho, ya no es un secreto que su verdadero nombre es Juan Pablo Escobar Henao, el hijo del jefe de la droga Pablo Escobar, que se vio obligado a cambiárselo después de que su padre —que llegó a ser uno de los narcotraficantes más poderosos del mundo— fuera abatido en un tejado de Medellín hace 20 años.

Pero poco a poco, Marroquín ha dejado atrás su anonimato. Tal vez, el primer episodio ocurrió en 2009 cuando se estrenó el documental 'Los pecados de mi padre', donde él pedía perdón a los hijos del excandidato presidencial Luis Carlos Galán y del exministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla, asesinados por órdenes de su padre. El documental fue premiado y en Colombia tuvo un gran impacto por lo que representaba para un país que luchó durante 30 años contra el narcotráfico.

En 2012, Marroquín volvió a aparecer, pero, esta vez, sus intenciones no fueron recibidas con buenos ojos en Colombia. Lanzó una marca de ropa que utiliza la imagen del capo y desde entonces vende camisetas estampadas con documentos que pertenecieron a su padre y con mensajes de paz que invitan a los jóvenes a no ser como Pablo Escobar.

Marroquín se define como un pacifista. Dice que lo era desde niño. “Nunca estuve a favor de la violencia y aun cuando yo era una de las víctimas de esa violencia, porque esto era de parte y parte, era el único que le manifestaba en vida a mi padre la oposición a esa manera de proceder”, dijo en una entrevista concedida a este diario.

Sin embargo, su marca de ropa Escobar Henao, que hace referencia a los apellidos paterno y materno, se presta para confusiones porque se concentra en la imagen del criminal. Las camisetas, que cuestan entre 60 y 95 dólares (entre 44 y 70 euros) y son confeccionadas en Colombia, llevan impreso, por ejemplo, un certificado judicial expedido en 1970 donde el narcotraficante aparece sin antecedentes, pero acompañado de la pregunta: “¿En qué andas? Piénsalo bien”.

“No creemos que una camiseta va a hacer a los jóvenes más o menos violentos, pero instala el debate con mensajes inequívocos sobre la paz”, se defiende Marroquín y aclara que por respeto a las víctimas, no vende sus productos en Colombia.

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Otras camisetas llevan estampadas una cartilla de ahorros que tuvo Escobar, la cédula de ciudadanía, el permiso parlamentario que ostentaba a principios de los años ochenta o su tarjeta de crédito. “Ahora puedes llevarla puesta preguntándote si quieres ser recordado por tu nombre o con un alias. ¿Cómo prefieres ser llamado?”, dice una etiqueta. Todas llevan preguntas como: “Hay inversiones que te dejan en ceros, ¿cuál será la tuya?” o “tus privilegios ¿son acaso fruto de tus engaños?”.

La marca, que Marroquín define como “mi pequeña columna textil de opinión de lo que aprendí acerca de la guerra en Colombia contra las drogas”, también tiene jeans. En la última colección, la cara del traficante está impresa en el interior de los bolsillos. “Pero si en un bolsillo está la cara, en el otro hay mensajes que contradicen el significado que le pueden dar a mi padre”, explica.

Marroquín defiende sus productos e insiste en que no hace apología del delito. “Los pasos de Pablo Escobar no hay que seguirlos, eso es lo que buscan transmitir las prendas de ropa”, aclara. Sin embargo, en Colombia no ha recibido apoyo para la marca. Intentó hacer donaciones a fundaciones pero lo rechazaron, poniendo en duda el origen del dinero. “[Colombia] tiene que reconocernos como individuos, no puede seguir pretendiendo castigar en nosotros, su descendencia, los crímenes que no pudo castigar en vida de mi padre”, dice. En su defensa asegura: “No me convertí en lo que me pude haber convertido, que era Escobar 2.0, y con hechos puedo demostrar que mi actitud hacia la paz es genuina”.

Sin embargo, si hay algo que Marroquín no negocia es el afecto por su padre. “Entiendo que miles de personas fueron maltratadas con su violencia, que las afectó de muchas maneras, pero eso no me obliga a renunciar al amor que como hijo le tuve. Yo conocí otros sentimientos diferentes a los que conocieron los colombianos. La marca no la hago como un homenaje a él sino como una búsqueda de la paz. Yo soy el primero en dar el ejemplo de que los pasos de mi padre no deben continuarse”, recalca.

Según Marroquín, fuera de Colombia, la marca ha tenido acogida, sobre todo, en México. La ropa de distribuye en locales y vía internet en Los Ángeles, Nueva York, Guatemala, Chile y Bruselas. “La marca está registrada en un montón de países y no hemos tenido los reparos de Colombia”.

Este arquitecto es consciente de que camina por un filo muy delicado y que sus mensajes pueden malinterpretarse. Sin embargo, critica que empresas colombianas se beneficien de la imagen y del nombre de su padre de una manera que considera que irresponsable.

Se refiere a la serie de televisión Escobar, El patrón del mal, que se emitió en 2012 en Colombia y que ha sido un éxito en varios países latinoamericanos.

A Marroquín le negaron en septiembre pasado registrar en Colombia la polémica marca con el nombre completo de su padre, Pablo Emilio Escobar Gaviria. Según la Superintendencia de Industria y Comercio, está asociada con la violencia que dejó miles de víctimas en los años ochenta y noventa, y por lo tanto “atenta contra la moral de la sociedad colombiana y el orden público”. El hijo del narco ha anunciado que apelará la decisión de las autoridades.

Para Marroquín, esta nueva marca, que ya ha sido registrada en otros países y es diferente a la de la ropa, tiene relación con su familia y ha sido utilizada, asegura, sin su consentimiento o participación. De ahí que reclame su derecho para impedir lo que llama usufructo indiscriminado. “Yo nunca he dicho que mi padre fue un santo. Pablo puede caerle muy mal a mucha gente, y en eso no me voy a meter, pero pareciera que hay un Código Penal y una Constitución escrita exclusivamente para esta familia y otra para el resto de los colombianos y eso es lo que nosotros no estamos dispuestos a aceptar”.

El debate está servido.

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