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La cámara de gas no es un chiste

Francia quiere censurar el último espectáculo del humorista Dieudonné, un adepto de la provocación que ha despertado demonios antisemitas con sus bromas y ambiguos gestos

Dieudonné M'bala saluda con la ‘quenelle’.
Dieudonné M'bala saluda con la ‘quenelle’.

Manuel Valls, el ministro francés del Interior, tiene en el punto de mira a un humorista. Pocas cosas agradarían más al socialista que detener la gira por Francia que inicia este mes Dieudonné M’bala, el hombre que se ha convertido en portavoz del antisionismo en el país. Algunos de los extractos del espectáculo, que ya se representa en París, no ayudan a defender la causa del cómico; por ejemplo, el ataque a un periodista que propuso silenciar sus chistes en los medios de comunicación: “Cuando le escucho hablar, me digo: ‘Patrick Cohen… la cámara de gas… ¡Qué pena!”. Encerrado en su papel de agitador y voluntariamente ambiguo en sus posicionamientos, va sumando condenas por declaraciones antisemitas. Su provocación estrella es la quenelle (el nombre de una especie de croqueta), un gesto de su invención que él define como un corte de mangas al sistema, pero en el que sus detractores ven un homenaje al saludo nazi. Con él, Dieudonné ha despertado en Francia demonios que nunca estuvieron del todo dormidos.

Nacido en las afueras de París de padre camerunés y madre bretona, M’bala saltó a la fama en los noventa con el dúo que formaba con el judío Élie Semoun. La pareja se hizo célebre por su humor ácido e irreverente a la hora de abordar temas tabúes como el racismo. En 1997 se separaron. Dieudonné multiplicó desde entonces las colaboraciones con los cómicos más conocidos del país y participó en películas de éxito como Astérix y Obélix: Misión Cleopatra, en 2002.

El punto de ruptura en su trayectoria lo marcó al año siguiente un monólogo en directo en la televisión pública France 3. Dieudonné se presentó ataviado con un sombrero de judío ortodoxo con tirabuzones y el rostro cubierto por un pasamontañas. Llamó a los jóvenes de las periferias a “unirse al eje del bien, el eje estadounidense-sionista”, y concluyó con un saludo nazi al grito de “¡IsraHeil!”. El presentador, Marc-Olivier Fogiel, explicó luego que el humorista no le había informado sobre el contenido del monólogo y “pirateó la antena”.

“Es el momento en el que todo da un vuelco", relata el historiador Stéphane François al diario Le Figaro. “Dieudonné tiene un verdadero problema identitario: hace referencia a grupos radicales estadounidenses negros, como la Nación del Islam, para explicar que los judíos han participado en la trata de negros. Desde esa ruptura se desliza hacia el conspiracionismo”, añade este especialista en movimientos de contracultura y la extrema derecha.

Sus antiguos camaradas de ruta fueron los primeros en desvincularse de esta deriva. “Ya no eres el que conocí”, escribió en una carta abierta en 2004 su antigua pareja cómica, Élie Semoun. En 2008, ratificó el divorcio definitivo: “Se acabó. Dieudonné está en otro lugar, en el mundo del odio. Es como si hubiera vivido junto a un psicópata o a un pedófilo sin darme cuenta”, relataba a la Dépêche du Midi. El pasado 5 de octubre se quejaba en un programa de televisión de que le había perjudicado el reparto de ganancias con su antiguo comparsa. Este le respondió por YouTube: “¿Qué te pasa? ¿Son tus orígenes que emergen a la superficie?”.

Dieudonné pasó de encabezar campañas antirracistas —en 1997 se presentó en unas elecciones legislativas en Dreux, en el centro de Francia, contra el ultraderechista Frente Nacional (FN)— a protagonizar una gran sorpresa en 2004 cuando su nombre apareció en las listas de la formación Europalestine en la región parisiense. En 2009 dio el salto definitivo y presentó su propia candidatura, la Lista Antisionista, con un cartel en el que posaba con su característica quenelle junto a Alain Soral, un polemista que transitó de la extrema izquierda a la extrema derecha.

En los últimos meses el gesto se ha convertido en un fenómeno gracias a Internet. El juego consiste en saludar con un brazo tendido hacia abajo y la otra mano en el hombro para colgar una foto de esa guisa en la Red (como hizo en su día el baloncestista Tony Parker) o dejarse ver en público (caso del futbolista Nicolas Anelka durante un partido la pasada semana). La broma podría no tener más implicaciones de no ser porque varios anónimos se han retratado frente a sinagogas o la escuela judía de Toulouse en la que Mohammed Merah mató en 2012 a dos niños y a un profesor, sin que el humorista lo condene.

Anelka o Tony Parker han saludado con su ‘quenelle’, un gesto en el que muchos ven un homenaje a Hitler

¿Dieudonné intenta provocar con sus bromas o se cree lo que dice? Imposible afirmarlo. La ambigüedad alcanzó su cénit en 2006 cuando se presentó por sorpresa en una fiesta del FN y puso a disposición del partido su teatro parisiense de la Main d’Or. El coqueteo con la extrema derecha le llevó a pedir al fundador del partido, Jean-Marie Le Pen, que fuera padrino de una de sus hijas. Y en 2008 a invitar al negacionista Robert Faurisson que subiera con él al escenario.

El cómico ya no se comunica más que a través de sus abogados. Contactado telefónicamente por EL PAÍS, Jacques Verdier, que le defiende desde hace siete años, se limita a denunciar la “censura” de Valls, y repite que su cliente “no es antisemita”. En una de sus escasas entrevistas, Dieudonné le reconocía a la revista Le Point en 2009: “Exagero, sí. Estigmatizo el uso indecente y obsceno [de la Historia], aunque solo sea por el respecto que se le debe a las víctimas. No hay que hacer toda una historia de la Shoah, como no hay que hacerlo de la trata de negros”.

Para Chrystel Camus, productora de su gira Foxtrot en 2013, y ahora enfrentada a él por cuestiones financieras, “Dieudonné es un humorista con mucho talento, con muy buena escritura y, para mí, muy pacifista, que está rodeado de personas que incitan al odio”. Camus se puso en contacto con el humorista para producir su gira cuando este llevaba dos años obligado a hacer sus espectáculos en un autobús al no lograr salas.

“En Foxtrot no había ataques antisemitas, por lo que aporté mi garantía y conseguimos hacer la gira”. “No renové mi colaboración con él porque su entorno me avisó de que su siguiente espectáculo, Le Mur, incluía muchos, muchos temas antisemitas, como momentos en los que habla de quemar a los judíos como a palillos”, añade en conversación telefónica.

Ahora boicoteado por los grandes medios de comunicación, Dieudonné se dirige a sus seguidores por medio de su página web y YouTube. Algunos de sus vídeos alcanzan los dos millones de visitas. La web se encuentra fuera de servicio desde que fue pirateada a principios de diciembre por un internauta de 20 años que publicó en su blog las direcciones de correo y contraseñas de los abonados que habían enviado sus fotos realizando la quenelle. A los pocos días, un grupo de jóvenes judíos llevó a cabo una “expedición de castigo” contra uno de los autores del gesto.

A ojos de Valls, la posibilidad de que se repitan episodios violentos como estos son motivo suficiente para pedir la anulación de la veintena de espectáculos que Dieudonné tiene previstos este año, alegando el riesgo de alteración del orden público. Como aperitivo, este jueves la Main d’Or tuvo que ser desalojado por una amenaza de bomba. La decisión deberán tomarla los prefectos de las localidades en cuestión, y varios de ellos ya han anunciado su intención de seguir el criterio del ministro. Según Camus, muchos se esperarán al día mismo del espectáculo, dejando así sin tiempo al humorista para recurrir a los tribunales.