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Un nuevo atentado contra Hezbolá aumenta la tensión en Líbano

Un coche-bomba sacude los alrededores de una de las sedes del partido-milicia aliado de Damasco en la Bekáa

Miembros del Ejército libanés inspeccionan los restos del coche bomba.
Miembros del Ejército libanés inspeccionan los restos del coche bomba. REUTERS

La amenaza del coche bomba se está transformando en rutina en Líbano. Esta madrugada, un nuevo atentado despertaba a los vecinos en los alrededores de Sbuba, una localidad de mayoría chií en el Valle oriental de la Bekaa. La explosión se ha producido cuando hombres de Hezbolá han abierto fuego sobre un todoterreno sospechoso que circulaba por la carretera en dirección al puesto de control de los milicianos, según la Agencia Nacional de Noticias libanesa (NNA).

Pese a que no se ha confirmado el número de víctimas, varios testigos han descrito en los medios locales la llegada de ambulancias a la zona después de las 3.00 de la mañana (2.00, hora peninsular española), momento en la que se ha registrado el ataque. Según la NNA, entre los heridos se cuentan civiles y miembros del partido-milicia chií.

El vehículo, un todocamino de alta gama, ha sido interceptado por los efectivos desplegados en un puesto de control a apenas dos kilómetros de una de las sedes de Hezbolá en la zona. El coche ha explotado al paso de un autobús en el que viajaban simpatizantes de la milicia. Las primeras pesquisas apuntan a que el conductor pudo haber detonado la carga el coche bomba tras ser detectado por los hombres armados. No se ha descartado la explosión que un segundo vehículo, según la cadena LBC.

De confirmarse las primeras informaciones, el atentado sería el segundo acto suicida registrado en el país desde la guerra civil (1975-1990). Sí se trata del último de una serie de ataques dirigidos contra Hezbolá en sus zonas de control en Líbano. En noviembre, 23 personas murieron en una doble explosión a las puertas de la Embajada iraní en los alrededores de Dahiyeh, suburbio al sur de Beirut y bastión de la milicia en la capital. Otros dos atentados registrados en julio y agosto consagraron los intereses de Hezbolá como objetivo de brigadas radicales suníes con raíces o vínculos yihadistas.

La creciente radicalización de la guerra civil siria está elevando al máximo la tensión sectaria en su pequeño vecino, especialmente desde que Hasan Nasralá, líder de la guerrilla libanesa aliada de Damasco y Teherán, proclamase abiertamente la participación de sus combatientes en apoyo al régimen de Bachar el Asad. El mismo Nasralá ha acusado directamente a Arabia Saudí y los países del Golfo que financian a los rebeldes suníes en Siria de estar detrás de los ataques contra objetivos chiíes en Líbano.

El área donde se ha registrado este último atentado es especialmente sensible. La vía por la que circulaba el coche bomba deriva en la intersección hacia la localidad de Arsal, único punto de mayoría suní en la región fronteriza de la Bekaa, feudo histórico de Hezbolá en Líbano y una de las regiones más inestables del país. Varias ofensivas protagonizadas tanto por la oposición armada al régimen sirio como por el propio Ejército de Asad siguen golpeando intermitentemente posiciones cercanas a la frontera, donde se libra una de las batallas más contundentes de los últimos meses.

Transformada en una crisis regional, la guerra en Siria está afectando más gravemente a Líbano que a ningún otro estado colindante con el país. A la situación de emergencia humanitaria desatada por la presencia de más de 800.000 refugiados en el país del cedro (el equivalente a un 20% de sus cuatro millones de habitantes), se suman constantes choques entre partidarios de ambos bandos enfrentados al otro lado de la frontera.

Este mismo lunes, un soldado del Ejército libanés falleció en otro doble ataque en Sidón, ciudad costera de mayoría suní al sur de Beirut. Según informó el Ejército, el militar falleció cuando estalló el coche que registraba tras darle el alto en un checkpoint. Los incidentes contra las fuerzas armadas libanesas, señaladas como cómplices de Hezbolá por líderes salafistas libaneses han sido una constante en las ciudades suníes de Trípoli y Sidón desde que este verano una batalla campal entre el Ejército y seguidores del jeque radical Ahmed Assir provocase casi medio centenar de muertos en dos días de enfrentamientos.