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EE UU se dispone a asumir todo el peso de destruir los arsenales químicos sirios

Estudia enviar un buque de carga al Mediterráneo para destruir en él los materiales más peligrosos

Los gases venenosos se diluirán en un nuevo sistema militar portátil del Pentágono

Inspectores de la ONU en uno de los sitios atacados con gas sarín en la provincia de Damasco en agosto.
Inspectores de la ONU en uno de los sitios atacados con gas sarín en la provincia de Damasco en agosto. REUTERS

Ante la ausencia de un solo gobierno aliado que se haya ofrecido a permitir la destrucción del arsenal químico de Siria en su territorio soberano, Estados Unidos ha optado por emplear todos los recursos a su alcance para asegurarse de que esas armas de destrucción masiva quedan neutralizadas dentro del plazo límite marcado por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, mediados de 2014. Empleando por vez primera un sofisticado y novedoso sistema de dilución de los materiales tóxicos de fabricación militar, Washington movilizará un buque capaz de transportar hasta 177.000 toneladas de carga para destruir en alta mar los materiales más peligrosos del arsenal químico que el régimen de la familia El Asad ha amasado en Siria durante sus cuatro décadas en el poder.

Según la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ), antes del 31 de diciembre el régimen sirio reunirá en el puerto de Latakia, bajo su control, los depósitos más peligrosos de su arsenal químico, que se estima en unas 1.300 toneladas de sustancias venenosas como gases mostaza o sarín. De allí unos barcos supervisados por la OPAQ transportarán la carga al buque norteamericano. Según fuentes diplomáticas norteamericanas, ese navío será el MV Cape Ray, de fabricación japonesa y comprado por el gobierno de EE UU en 1993. Forma parte de una flota de la Agencia Marítima del Departamento de Transporte para su uso en emergencias nacionales.

En noviembre, el subsecretario de Defensa norteamericano, Ashton Carter, ya dio indicaciones de que el gobierno norteamericano se plantea destruir los químicos con el nuevo Sistema de Hidrólisis Móvil de Campo, construido en 2012 por encargo del Pentágono. “Está listo para su uso donde sea necesario, algo que ha llevado a nuestro gobierno a considerarlo en sus recientes negociaciones con Damasco”, dijo en un discurso. Las unidades que lo componen se pueden montar en 10 días y según fuentes militares, el buque albergará dos de ellas. Según un informe militar norteamericano, ese sistema “está diseñado para transformar material químico de guerra en componentes que no se pueden usar como armas”, mezclando químicos con agua, sosa caústica o hipoclorito de sodio.

Según los informes con los que cuenta la OPAQ, ese proceso generará 7,7 millones de litros de residuos con un nivel de toxicidad menor al de las armas. Se podrán evacuar a otros países para su almacenamiento y ulterior destrucción completa en 4.000 contenedores sellados. “Los efluentes químicos, los residuos que quedan tras la destrucción, se tratarán en otros países a través de varias empresas privadas”, dijo el sábado en Damasco Sigrid Kaag, miembro del equipo conjunto de la OPAQ y la ONU que controla el desarme sirio. Al menos 35 compañías ya han ofrecido sus servicios y la OPAQ estudia el proceso de licitaciones.

Una imagen del buque MV Cape Ray.
Una imagen del buque MV Cape Ray. Flickr

“No va a ser un plan fácil de implementar”, opina Ely Karmon, experto en armas químicas en el Centro Interdisciplinar de Herzliya, en Israel. “Muchos países de la zona mediterránea, como Chipre, Turquía, Líbano o Israel, además de las organizaciones ecologistas, no van a apoyarlo fácilmente. ¿Qué sucede si hay un accidente en uno de los barcos que transporta el material químico desde Latakia al buque norteamericano? Además, ni siquiera es seguro que el transporte de esos materiales se pueda hacer de forma segura hasta el puerto, dado que varios depósitos se hallan cerca de zonas rebeldes”.

En septiembre, con la mediación del Consejo de Seguridad de la ONU, el régimen de Bachar El Asad aceptó la destrucción de sus arsenales químicos para evitar un ataque que EE UU había decidido acometer en represalia por el uso de gas sarín. La ONU y la OPAQ han efectuado un inventario detallado de ese armamento y han destruido equipos de producción y varias de las armas destinadas a diseminar los químicos. El transporte de los materiales será complejo en un país sumido en una guerra en la que han muerto ya más de 100.000 personas y seis millones han abandonado sus hogares.

Las partes en liza no se han comprometido a un alto el fuego para facilitar la evacuación del arsenal. El bando rebelde se halla dividido entre la oposición moderada a la que reconoce occidente y un creciente número de milicias islamistas. Según Aymenn Jawad al Tamimi investigador en la organización Middle East Forum y experto en el bando rebelde, no habrá alto el fuego en un futuro próximo. “Los rebeldes islamistas creen que el proceso de destruir las armas químicas es en realidad un medio de preservar el régimen de El Asad y negarles el poder”, dice.