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Argentina y Uruguay, casi un mismo país, dos países enfrentados

El impacto ambiental de una fábrica de pasta celulosa en la ciudad uruguaya de Fray Bentos, en el límite con la argentina Gualeguaychú, ha creado un nuevo conflicto

Manifestación en contra de las papeleras, en 2010.
Manifestación en contra de las papeleras, en 2010. REUTERS

A más de un uruguayo que salió de viaje por el mundo le ha pasado que lo confundan por su acento con un argentino. “Por suerte no lo soy”, contestan algunos uruguayos. Otros les tienen más cariño a sus vecinos. Son pueblos hermanos, muy parecidos, pero también diferentes, ahora otra vez enfrentados por el impacto ambiental de una fábrica de pasta celulosa en la ciudad uruguaya de Fray Bentos, en el límite con la argentina Gualeguaychú. El Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, de excedencia por un coágulo en el cerebro, ha anunciado la semana pasada que recurriría al Tribunal Internacional de La Haya para evitar que la empresa finlandesa UPM aumente la producción de celulosa, mientras que vecinos de Gualeguaychú marcharon el domingo hasta la frontera con Uruguay para protestar contra el incremento autorizado por el presidente uruguayo, José Mujica.

Muchos argentinos suelen querer a los uruguayos como hermanos menores y los llenan de elogios por su amabilidad y honestidad. Muchos uruguayos recelan de ese hermano mayor, mientras que otros ponen en duda las virtudes que sus vecinos les endilgan. En algún sentido la presencia de Argentina en Uruguay se parece en algo a la de EE UU en Latinoamérica: su cultura es resistida y consumida a la vez.

La televisión uruguaya está plagada de programas argentinos, desde los de entretenimiento hasta los de cotilleo. Las estrellas de la televisión argentina repiten sus éxitos del otro lado de los ríos de la Plata y Uruguay, como son los casos de Susana Giménez o Marcelo Tinelli. A su vez, también ha sucedido que muchos uruguayos tanto han triunfado en Buenos Aires que han sido adoptados como argentinos, como las actrices China Zorrilla y Natalia Oreiro o el poeta de tango Horacio Ferrer. “Los uruguayos nos sentimos orgullosos de sus éxitos y recelosos de cómo se los adopta”, advierte Antonio Pérez García, catedrático de psicología social de la Universidad Católica de Uruguay. Pérez García considera que por la influencia de la televisión argentina los uruguayos comenzaron desde la década de los sesenta a hablar más parecido a los porteños. “Por un lado hay antagonismo con la televisión argentina, algunos ven que algunos programas son ordinarios, pero por otro lado se los consume con entusiasmo”, comenta Pérez García. Lo mismo sucedió en los últimos años con el fenómeno de la cumbia villera, género de las barriadas pobres de Buenos Aires que canta al sexo, las drogas, el alcohol y la delincuencia y que se ha contagiado a Montevideo.

Las revistas más vendidas en Uruguay son las del cotilleo argentino, como Caras, Gente, Pronto, Semanario y la versión porteña de ¡Hola!. Como la televisión por cable ofrece canales deportivos argentinos, se cuela también el lenguaje futbolístico del otro lado de la frontera, según Pérez García. Pese a la archirrivalidad entre las selecciones argentina y uruguaya, las que jugaron la primera final de un Mundial, en 1930, en la actualidad se ven jóvenes por Montevideo con camisetas del River Plate, el Boca Juniors, el Vélez Sarsfield o el Estudiantes. El duelo entre la albiceleste y la celeste, que en 1930 ganó esta última, también ha contribuido al antagonismo. Lo curioso que los argentinos suelen alentar en los Mundiales por la selección uruguaya, pero no es tan frecuente que suceda al revés.

En el mundo de la economía, Uruguay ya no depende como antes de las exportaciones a Argentina. Solo el 6% de sus ventas externas van al país vecino, según Luciana Marchesoni, de la consultora Deloitte. Sucede que Uruguay ha expandido sus ventas de carne vacuna, lácteos o soja hacia fuera de Latinoamérica. Eso sí, en los últimos años la expansión del cultivo de soja ha sido en parte consecuencia de la compra de tierras agrícolas por inversores argentinos. Además, “Argentina es un mercado relevante para muchas ramas industriales”, señala Marchesoni. "Algunos sectores sólo logran exportar hacia los países vecinos, a instancias de la ventaja geográfica y de la protección arancelaria de Mercosur (unión aduanera integrada también por Brasil, Paraguay y Venezuela)”, alude la consultora a las industrias de piezas de coches, papel y química. Precisamente, la industria uruguaya se viene quejando en los últimos años de las barreras proteccionistas de Argentina.

A su vez, el 15% de las importaciones de Uruguay viene de Argentina. Coches, artículos de limpieza, abonos, plásticos, cereales y minerales que se consumen en tierra uruguaya son de procedencia argentina.

Una de las principales fuentes de ingresos de Uruguay es el turismo, con sus atractivas playas como la lujosa Punta del Este. Alrededor del 60% de los turistas y de las divisas que entran por los viajes viene de Argentina. Las restricciones a la compra de moneda extranjera que impuso el Gobierno de Fernández en 2011 no afectaron el flujo de viajeros de manera significativa, según Marchesoni. Hasta Mujica mostró en 2012 su sorpresa por la habilidad argentina para hacerse de divisas en el mercado ilegal: "Les puedo garantizar una cosa, los argentinos son campeones para sacar los dólares. ¡Son campeones mundiales! Lo que hemos constatado en Punta del Este es que teóricamente no debería haber ninguno, ¡pero están!".

Los bancos uruguayos han sido uno de los refugios del dinero argentino en el exterior en la historia de las últimas décadas. Más de un argentino cruza en barco a Colonia del Sacramento o Montevideo para llevar o traer efectivo, según sus necesidades. En 2001, cuando la crisis de Argentina impulsaba una brutal fuga de capitales desde ese país, en Uruguay el 15% de los depósitos del sector privado en moneda extranjera era de no residentes, en su mayoría argentinos. En la actualidad, la relación es del 6%, según la consultora de Deloitte.

Mucho del dinero argentino en Uruguay no está declarado en el fisco de su país de origen. Lo mismo sucede con parte de las casas de descanso de argentinos en Colonia o Punta del Este. Los argentinos pesan en el mercado inmobiliario uruguayo de algunas ciudades costeras.

“Argentinos y uruguayos partimos de una matriz común, pero diferenciada en origen”, observa Pérez García, que se exilió en Buenos Aires cuando en 1973 irrumpió la dictadura cívico-militar en Uruguay, pero después regresó a su país. “Argentina termina organizándose a partir de Buenos Aires, lo que no quiere decir que la cultura sea porteña sino muy diversa. Montevideo nace a regañadientes para frenar el avance de Portugal (ante el virreinato español del Río de la Plata). Desde comienzos hubo rivalidad entre ambos puertos. En el proceso de la independencia, se marca otra diferencia. Desde Buenos Aires se favorecía un modelo centralizador y desde Montevideo se demandaba una organización confederal. La fecha declaración de la independencia de Uruguay, el 25 de agosto de 1825, es la fecha de la independencia de Brasil seguida de la anexión a las Provincias Unidas del Río de la Plata. A partir de 1830, cuando nace Uruguay por acuerdo entre Argentina, Brasil y Gran Bretaña, es necesario generar un relato que nos confiera sentimiento nacional. La historia se construye antiporteña, no antiargentina. Eso genera distancias, a pesar de la lengua común, de la historia compartida, de los lazos familiares muy profundos, porque hay una multitud de familias argentino-uruguayas”, describe Pérez García.

A finales del siglo XIX y principios del XX, a Buenos Aires llegaron más migrantes italianos y a Montevideo, más españoles, lo que también diferencia a ambas ciudades hasta en la gestualidad al hablar, según el psicólogo social de la Universidad Católica de Uruguay. “Para intelectuales y artistas uruguayos es muy frecuente que una parte de su vida se desarrolle en Buenos Aires. Para el uruguayo medio ir a Buenos Aires es ir a la gran ciudad cercana. Para los argentinos, venir a Uruguay es venir a un lugar pacífico y amable”, describe Pérez García.

“Desde el lado de los argentinos, hay una actitud positiva, simpática, sobreprotectora hacia el uruguayo, mientras que desde Uruguay hay una actitud de resistencia que se manifiesta en la mala imagen del porteño”, continúa el psicólogo social. “No nos puede extrañar que cuando hay conflictos de intereses se exacerban los antagonismos latentes, sentimos que el hermano mayor se pasa de sobreprotector, lo sentimos como abusador”, relata el catedrático uruguayo. “Los estereotipos siguen vigentes: creer que el porteño es soberbio, corrupto y prepotente es muy típico de nosotros, lo que no nos permite hacer una inferencia de si es real. El estereotipo del uruguayo honesto existe, pero no es tan así”, reconoce Pérez García.

Las izquierdas de ambos países están más unidas entre sí por el sueño de la hermandad latinoamericana y porque unas y otras se apoyaron y cobijaron en los tiempos de las dictaduras militares de los setenta y ochenta. Sin embargo, existen diferencias. “En Uruguay hay un fuerte respeto por la institucionalidad y el peronismo, que incluye derecha e izquierda, no es difícil de entender”, considera Pérez García.

El politólogo argentino Claudio Fantini, columnista del periódico El País de Montevideo y de la radio uruguaya Sarandí, también observa diferencias políticas: “Hay una similitud paradójica entre argentinos y uruguayos. En muchas cosas son pueblos similares, sin diferencias en sus actitudes y gustos, pero son paradójicas las inmensas diferencias en lo político y lo cívico. En la política uruguaya hay una clase dirigente más homogénea, con Gobierno y oposición más cercanos entre sí. En Argentina hay liderazgos hiperpersonalistas”.

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