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Una comisión del Senado vota la expulsión de Berlusconi

La decisión, motivada por la condena a Il Cavaliere en el 'caso Mediaset', deberá ser aprobada por el pleno de la cámara

La semana de Silvio Berlusconi es para enmarcarla. El miércoles, sufrió la peor derrota de su carrera política al caer en la trampa que él solito le había tendido al primer ministro Enrico Letta. Y el viernes, mientras trataba sin éxito de contener la hemorragia que su maniobra fallida había provocado en el Pueblo de la Libertad (PDL), una comisión del Senado votaba a favor de su expulsión en virtud de una ley contra los políticos corruptos aprobada hace menos de un año –en qué estaría pensando—con los votos de su propio partido. Aunque la expulsión definitiva corresponde al pleno del Senado, que deberá votarla antes de 20 días, ya no se esperan sorpresas marca de la casa. El otrora poderoso líder del centroderecha recorre, de derrota en derrota, las últimas estaciones de su particular vía crucis político y judicial.

La caída del Gobierno y la consiguiente convocatoria de nuevas elecciones era, tal vez, su última oportunidad, de ahí que lo intentara a la desesperada. Pero una vez fracasada su maniobra, la Junta para las Elecciones y la Inmunidad del Senado no ha hecho más que cumplir con su deber, aunque Berlusconi –como de costumbre—se declare víctima de una conspiración jurídico-política para dejarlo fuera de juego. Pero lo cierto es que la llamada Ley Severino, aprobada a finales de 2012 por el Gobierno de Mario Monti con los votos del centroderecha y el centroizquierda, prevé la ilegibilidad o la expulsión del Parlamento de los políticos con condenas en firme superiores a dos años de cárcel. Y Silvio Berlusconi fue condenado por el Tribunal Supremo el pasado 1 de agosto a cuatro años de cárcel por un delito de evasión fiscal en el llamado caso Mediaset.

La caída del Gobierno y la convocatoria de elecciones era, tal vez, su última oportunidad

Así que las semanas que se avecinan no parecen mejores para Il Cavaliere que la que acaba de terminar. De aquí a dos semanas se tiene que reunir el Senado para votar su expulsión, y bastan los votos sumados del Partido Democrático (PD) y del Movimiento 5 Estrellas (M5S) para que Berlusconi pierda, por corrupto, su condición de parlamentario. Será la primera vez en dos décadas que el magnate que ha liderado la política italiana, unas veces gobernando y otras veces no dejando gobernar, se quede fuera de los palacios del poder. Pero aquí no terminarán sus desgracias. Su, prácticamente segura, expulsión del Senado coincidirá con el último día, 15 de octubre, que Berlusconi tiene para comunicar si desea cumplir su condena en arresto domiciliario o prestando servicios a la comunidad. Aunque fue condenado a cuatro años, la pena quedó reducida por una amnistía a un año, que por ser mayor de 70 años –el domingo cumplió 77-- podrá descontar sin pisar la cárcel.

Aunque ya se trate oficialmente de un delincuente de tomo y lomo –a las sentencias definitivas por Mediaset y Mondadori, se une la del caso Ruby, aun en primera instancia--, Berlusconi dice que todo corresponde a una tremenda injustita contra su persona: “Esta indigna decisión no ha sido fruto de la correcta aplicación de la ley, sino de la precisa voluntad de eliminar a un rival por la vía judicial”.

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