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Aurora Dorada obtenía fondos mediante la extorsión a inmigrantes

El grupo neonazi griego reclutaba a menores y calcaba la estructura nazi

Una bandera preconstitucional española junto a otra nazi entre los objetos incautados a la formación de extrema derecha griega Aurora Dorada.

Con una mano pegaban a inmigrantes y con la otra recogían el dinero que extranjeros con o sin papeles, vendedores callejeros o dueños de pequeñas tiendas, les daban a cambio de protección (o como pacto de no agresión, para ser más precisos); el evangelio no habría podido ilustrar mejor aquello de la ignorancia de una mano para con la contraria. Pero la extorsión no era la única vía de financiación del partido neonazi griego Aurora Dorada (AD), cuya cúpula fue desmantelada este fin de semana; también la pingüe participación en el negocio del contrabando y venta de cigarrillos o el lavado de dinero.

El sumario que el fiscal Jaralambos Vurliotis ha instruido contra AD tras el asesinato, el 18 de septiembre, de un rapero por uno de sus miembros es un catálogo de horrores, no solo por la relación de desmanes que atribuye a la banda, sino también por asumir algunas de las clamorosas sospechas acerca de AD, como la implicación o connivencia de la policía —e incluso de los servicios secretos— en sus actividades criminales. Tres agentes, uno de ellos municipal, fueron suspendidos ayer de empleo y sueldo por servir de guardaespaldas a diputados del grupo.

En nueve páginas, el fiscal, que se basa en la declaración de dos exmilitantes, hace un retrato estremecedor del partido que dio la sorpresa en las elecciones de 2012, al entrar en el Parlamento con 18 diputados. AD se creó en 1987 con dos ramas, una política y otra operativa o violenta. Del líder máximo, el exmilitar Nikos Mijaloliakos, que comparecerá mañana ante el juez, emanaban todas las órdenes, no en balde es denominado Führer en el auto judicial. AD calcaba la estructura organizativa del partido de Adolf Hitler y aplicaba el Führerprinzip o principio de autoridad del líder. Todas las consignas, emitidas piramidalmente, eran de obligado cumplimiento; los miembros que cuestionasen alguna orden recibían palizas.

AD reclutaba a menores de hasta 14 años para su ala juvenil, los Centauros, dirigida por un chaval de 17 años; también a individuos con conocimientos de artes marciales para sus escuadrones de asalto, a los que luego sometía a formación paramilitar. "Tenemos una estructura absolutamente militar con al menos 3.000 personas dispuestas a todo", explicó al juez uno de los testigos, adscrito a la célula de Nikea (cerca de donde fue asesinado el rapero Pavlos Fisas); "hay alrededor de 50 falanges para operaciones callejeras y comandos de al menos seis hombres para los ataques organizados, bajo la guía de tres miembros de la organización".

“Todos los que no pertenecen a nuestra raza son subhumanos”, según señala el auto judicial

Sus víctimas potenciales, como en el nazismo —o en el poema falsamente atribuido a Bertolt Brecht—, eran todos aquellos que no fueran como ellos: inmigrantes extranjeros fundamentalmente, pero también gitanos, activistas de izquierda e incluso personas con discapacidad mental. "Todos los que no pertenecen a nuestra raza son subhumanos", les cita el texto del sumario, que subraya que "la violencia es para AD el mensaje, y no los medios para alcanzar sus objetivos" y apunta como hecho más alarmante la captación de jóvenes para engrosar sus filas. En la organización había clases regulares de adoctrinamiento, incluidas lecciones sobre Hitler, la negación de los crímenes nazis y del Holocausto.

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