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Italia amenaza con reabrir la crisis del euro en su versión más política

Bruselas no espera una sacudida pero sí presión en los mercados de deuda

El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, gesticula durante una rueda de prensa.
El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, gesticula durante una rueda de prensa. EFE

Todas las grandes crisis son una especie de virus mutante. Son, en distintas etapas, financieras, económicas y de deuda, y acaban teniendo siempre peligrosas reverberaciones políticas. “El mayor riesgo del euro es político”, repiten desde hace meses a la menor ocasión el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, y el del Eurogrupo, el holandés Jeroen Dijsselbloem. “El peor escenario, tras varios años de recesión severa y con la lógica fatiga en la ciudadanía causada por los recortes, es una crisis política que puede venir por el Sur o por el ascenso de partidos radicales en cualquier país”, decía el pasado viernes un alto funcionario en Bruselas. Italia, y en menor medida Grecia, amenazan con convertir ese temor en la cruda realidad. Los mercados —la Bolsa y sobre todo las inevitables primas de riesgo— medirán hoy tanto la profundidad de la crisis en Roma como el miedo al retorno de la crisis del euro, si es que alguna vez se fue.

La crisis europea ya ha dejado varios requiebros políticos: ha provocado sonoras protestas en las calles de prácticamente toda Europa, ha barrido a una veintena de Gobiernos de todos los colores (pero no ha podido con la canciller Angela Merkel), incluso ha dejado un par de veces a la democracia en un extraño limbo, con el ascenso de tecnócratas en Roma y Atenas. Esta vez no es diferente: la crisis política llega por el flanco más débil del euro, una Italia en declive que lleva dos años en recesión y que preocupa por la salud de su sector financiero y por la inestabilidad política.

A pesar de todo lo relacionado con los extremistas de Aurora Dorada, cada vez es más difícil que Grecia sorprenda a los mercados, acostumbrados a una ristra de desastres en Atenas, que ha protagonizado dos rescates fallidos y tiene un tercero a la vista. Lo que de veras preocupa en Bruselas es Italia, la tercera economía del euro. Tras apenas cinco meses, el Gobierno de Enrico Letta no ha logrado evitar una sombra de desconfianza por su incapacidad para poner en vereda sus cuentas públicas, pero sobre todo por las posibilidades crecientes de un colapso en la coalición de Gobierno, que finalmente ha precipitado Silvio Berlusconi.

La prima de riesgo lleva semanas al alza ante la crisis de gobernabilidad

La chispa que ha hecho saltar a Berlusconi es eminentemente judicial: crece la presión para que el exprimer ministro sea juzgado si se suspende su inmunidad como senador. Pero Il Cavaliere ha disfrazado ese jaleo con números: el Gobierno de Letta es incapaz de cumplir con el sacrosanto déficit del 3% del PIB por apenas 1.600 millones de euros. Por ello, se ve obligado a poner en marcha nuevos recortes y a elevar el IVA a partir de mañana. Berlusconi se opone con uñas y dientes a ese incremento de impuestos, y ese es, aparentemente, su principal argumento para dimitir. “Berlusconi está tratando de justificar así su locura e irresponsabilidad”, dijo ayer Letta.

El problema es que los mercados no suelen pasar por alto la desintegración de un Gobierno. La prima de riesgo italiana mejoró ostensiblemente hace un año tras las palabras mágicas del presidente del BCE, Mario Draghi —“haré todo lo que sea necesario”, dijo en un momento de gran debilidad en España e Italia—, pero lleva semanas al alza por las dificultades de Letta para evitar una crisis de Gobierno. Nadie espera un terremoto, pero ese sainete político traerá consecuencias. “Las Bolsas están en máximos y ahí una corrección es segura. Pero la clave es la deuda italiana, que lleva meses bien posicionada pero que puede sufrir ahora porque con muy poco volumen puede haber lío”, explican fuentes financieras en Washington.

La debilidad económica y sobre todo la inestabilidad política son un caldo de cultivo excelente para un nuevo arreón de la crisis del euro, esta vez por el flanco italiano. El ministro de Economía transalpino, Fabrizio Saccomani, apostaba ayer por una reacción tibia en el mercado. “Hay que estar alerta, pero es poco probable una sacudida importante. Lo que sí habrá es un examen para la resistencia de algunos países, como España, que mostraban signos de mejoría. La crisis política en Italia es un peligro, pero a la vez puede ser un buen momento para que otros países demuestren que pueden resistir porque han hecho los deberes”, apuntan fuentes diplomáticas.

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