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Fernández acomete cambios en su política por temor a un batacazo electoral

Las elecciones legislativas de octubre auguran una derrota del oficialismo que impediría cualquier intento de reelección de la presidenta

La presidenta Fernández en un acto público este jueves.
La presidenta Fernández en un acto público este jueves. EFE

Soplan nuevos vientos en el Gobierno de Argentina. O para ser más precisos, sopla una ligera brisa provocada por el temor a un batacazo electoral en los comicios legislativos del próximo 27 de octubre. En las elecciones primarias y obligatorias del 11 de agosto el kirchnerismo obtuvo sus peores resultados en diez años. Pero eran sólo unas primarias. Y el Frente para la Victoria de la presidenta Cristina Fernández seguía siendo la principal fuerza política del país. Así que Fernández no reconoció en un primer momento el varapalo. Pero pocos días después de aquel 11 de agosto comenzaron a llegar los cambios.

Hasta entonces, el problema de la inseguridad era una especie de tabú. En las pocas ocasiones en que Fernández aludía a ella la relacionaba con la supuesta rapidez con que los jueces dejan en libertad a los delincuentes detenidos. Pero el 31 de agosto, el Gobierno anunció el envío de 4000 gendarmes para vigilar la periferia de Buenos Aires. Y el seis de septiembre, el primer candidato a diputado nacional del kirchnerismo en la provincia de Buenos Aires, Martín Insaurralde, declaró que el oficialismo propondrá bajar la edad de imputabilidad a los 14 años. Por supuesto, negó que la medida tuviera fines electoralistas. Pero los primeros que no se creyeron las buenas intenciones de Insaurralde y expresaron su oposición fueron algunos dirigentes de su propio partido.

Además, el gobernador peronista de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, designó ministro de Seguridad al alcalde del municipio de Ezeiza, Alejandro Granados, la imagen de la “tolerancia cero” frente a la delincuencia. En 1999 asaltaron dos ladrones su casa y Granados los despachó a tiros. "Ojalá les hubiera pagado. Lamentablemente tuve mala puntería", declaró.

La inflación, la otra bestia negra del Gobierno, también ha sido atacada. Si no con hechos, con palabras. El candidato oficialista Martín Insaurralde se ha atrevido a declarar algo que hace unos meses habría sonado a herejía imperdonable. Admitió que la inflación real era mayor que la oficial. Él sigue siendo candidato y la inflación oficial sigue rondando el 10%, mientras que las consultoras privadas la sitúan en torno al 25%.

Más cambios: a los 16 días de las elecciones del 11 de agosto, Fernández abrió la hucha del Estado, claudicó ante un reclamo de los sindicatos y anunció grandes deducciones en el impuesto sobre la renta para los asalariados. Y dos semanas después proclamó beneficios fiscales para los pequeños empresarios autónomos.

En materia de comunicación también se han dado tímidos pasos de aperturas. Los candidatos oficialistas a las elecciones se han dejado entrevistar en el canal Todo Noticias, del grupo Clarín. Y la presidenta ha inaugurado sesiones de entrevistas semanales televisadas. Eso sí, en la primera de ellas la preguntas más complicada resultó ser: ¿Qué es el kirchnerismo? La inflación o la imputación del vicepresidente Amado Boudou por tráfico de influencias ni se mencionaron.

Pero, a pesar de los cambios impulsados desde el 11 de agosto, el oficialismo no termina de remontar. Y tampoco es que el principal candidato opositor, el exkirchnerista Sergio Massa, esté haciendo una campaña brillante. Lo más concreto que llegó a declarar es que cree que 2014 no va a ser un año bueno. O que está armando un espacio para convocar a todos los sectores. Lo que traducido viene a ser que en su partido caben todos los kirchneristas que quieran unirse y, por supuesto, también los antikirchneristas.

Pero esos mensajes de Massa tan simples como conciliadores están infligiendo daño al Gobierno. Si la mayoría de las encuestas no se equivocan el Frente para la Victoria de la presidenta Fernández sólo podrá aspirar en octubre a mantener el mismo número de diputados que tiene ahora y a perder, como mínimo, un par de senadores. En el mejor de los casos mantendría la mayoría simple. Pero se quedaría muy lejos de los dos tercios de congresistas que se requieren para modificar la Constitución. Y la Constitución habría que modificarla en caso de que Fernández pretenda presentarse a un tercer mandato, cosa que hasta el momento ni afirmó ni desmintió.

Cuando se pregunta por qué las medidas de Cristina Fernández no le han servido para remontar el vuelo hay quienes recuerdan la frase de que el peronismo es un sentimiento. “Y una vez que te desenamoraste ya no hay nada que te detenga. La gente se va y se va”.