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La OPAC se reúne para fijar el calendario de destrucción del arsenal químico sirio

Las inspecciones del arsenal sirio pueden empezar el martes

Los inspectores visitarán todos los sitios "sospechosos" de albergar este tipo de armamento

La sede de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas, en La Haya.
La sede de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas, en La Haya. AFP

El Consejo Ejecutivo de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAC) se reúne este viernes para fijar la agenda de la destrucción escalonada del arsenal sirio. La operación debe estar lista para mediados de 2014, según el acuerdo alcanzado por Rusia y Estados Unidos y que la ONU abordará también hoy. De llegar la OPAC a un rápido consenso, sus inspectores podrían salir hacia Damasco la próxima semana. Estos expertos son los únicos cualificados para visitar las instalaciones donde se producen y mezclan las sustancias letales con que son cargadas las armas químicas en el mundo.

El Consejo Ejecutivo de la OPAC suma 41 miembros elegidos por turnos de dos años entre los 188 países adscritos a la Convención (sobre las armas químicas) efectiva desde 1997. En estos momentos, su presidente es el ucranio Olexandr Horin. Sus vicepresidentes proceden de Ecuador, Camerún, India e Italia. En la actual ronda bianual del Consejo no figura España. La vez le ha tocado, entre otros, a Brasil, Kenia, Libia, China, India, Irán, Irak, Japón, Pakistán, Rusia, Canadá, Estados Unidos, Reino Unido, Alemania y Francia. Según la agencia Reuters, el borrador del acuerdo facultaría a los inspectores para visitar enclaves no citados por Damasco en el informe sobre su arsenal. Ello siempre que lo solicite otro Estado miembro de la Convención.

La petición de fondos para acelerar la destrucción de las armas también figura en la cita de esta noche en La Haya, sede de la OPAC. La razón es simple. Acabar con ellas es una labor costosa y difícil que requiere suficientes especialistas para comprobar la fiabilidad de los datos recibidos. Una vez localizado el arsenal y sus fábricas, así como las sustancias almacenadas, es necesario construir instalaciones adecuadas para deshacerse de todo sin peligro. Siria no cuenta con dicho equipamiento, y para levantarlo hace falta tiempo y dinero. Dada la virulencia de la guerra civil y lo imprevisible de su desarrollo, al régimen de El Asad se le exige estar limpio en unos nueve meses. Otros países, con armas similares, pero sin conflicto interno, disponen de años para hacerlo.

El presupuesto anual de la OPAC suma alrededor de 100 millones de dólares y unos 500 empleados. El equipo de inspección trabaja con unos plazos cortos, que serán establecidos en la cita de esta noche. La CIA calcula que Siria guarda hasta 1.000 toneladas de gas mostaza y sarín. También puede tener gas VX, mucho más tóxico y persistente y que ataca asimismo el sistema nervioso. La destrucción puede hacerse incinerando los productos químicos en lugares adecuados para no contaminar el aire y el agua. O bien por medio de la hidrólisis, que genera un residuo tóxico más fácil de limpiar. El Consejo Ejecutivo suele adoptar sus decisiones por consenso, aunque solo precisa de una mayoría simple.

La adhesión de Siria al tratado de prohibición y destrucción de las armas químicas ha sido la condición indispensable para llegar al acuerdo de resolución internacional sobre el país árabe al que se llegó este jueves en Naciones Unidas. El pacto al que llegaron los miembros permanentes del Consejo de Seguridad prevé el uso de la fuerza en el caso de que el régimen de El Asad no cumpla con su propósito de destruir su arsenal químico, pero obliga a las potencias internacionales a pactar antes de llegar a ese punto.

La firma del tratado internacional por parte de Damasco fue una salida al punto muerto diplomático provocado por el ataque del 21 de agosto. Rusia había bloqueado en el Consejo de Seguridad una respuesta coordinada de la comunidad internacional al ataque. El presidente de EE UU, Barack Obama, había declarado que el uso de armas químicas en Siria sería "una línea roja" que provocaría una intervención militar. Las reticencias en Estados Unidos y Francia a una acción armada sin el respaldo de la ONU —y el rechazo declarado de la Cámara de los Comunes británica a una intervención de este tipo— produjeron una situación de parálisis que se resolvió cuando el secretario de Estado, John Kerry, afirmó el 9 de septiembre que Siria podría evitar ser atacada si entregase su arsenal químico.