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Los rebeldes sirios combaten entre ellos

Los islamistas abren una brecha en la oposición al régimen de El Asad y se enfrentan al ELS

Un opositor a El Asad observa los combates en la provincia de Idlib.
Un opositor a El Asad observa los combates en la provincia de Idlib. AP

Un nuevo frente de guerra se ha abierto recientemente en Siria, este entre rebeldes. Fagocitando los avances del Ejército Libre Sirio y sus brigadas asociadas en los pasados 30 meses de lucha, los grupos radicales islámicos han avanzado lentamente en el país, enarbolado sus banderas negras en numerosos bastiones opositores, provocando al principio meras fricciones y más recientemente verdaderas batallas. Tales fueron los enfrentamientos el jueves en la localidad de Azaz, en la frontera con Turquía, que el gobierno de este último país cerró temporalmente el paso fronterizo de Oncupinar, para contener la violencia. Este viernes, los islamistas y los rebeldes moderados firmaron una tregua, que fue solo un respiro en una cruenta batalla dentro de otra guerra mayor, en la que el régimen secular de Bachar el Asad avanza cada vez más reforzado.

Mientras Damasco prosigue sus negociaciones con Occidente —ha entregado los primeros datos sobre sus arsenales químicos a la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas— los rebeldes quedan cada vez más divididos, las milicias radicales islamistas se refuerzan con yihadistas extranjeros y defecciones del moderado Ejército Libre Sirio. Según un informe publicado esta semana por la consultora de defensa IHS Jane's, de los 100.000 milicianos opositores, 10.000 son yihadistas declarados y como mínimo otros 30.000 albergan ideales islamistas radicales. Son pues, cerca de la mitad, algo que refuerza a aquellos legisladores, a derecha e izquierda, que han presionado en las pasadas semanas en Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos a favor de que Occidente no ataque a Damasco.

Fuentes opositoras moderadas han admitido que en los pasados días dos brigadas rebeldes se han unido recientemente al Frente Al Nusra, una de las principales milicias islamistas, en Raqqa, capital de provincia que cayó a manos rebeldes en abril. A ese grupo se le han unido también los quince batallones de una milicia sintomáticamente autodenominada Brigada por la Victoria de Alá. Los islamistas más acérrimos, sin embargo, luchan en el llamado Estado Islámico de Irak y Siria. Muchos de ellos se curtieron en la guerra contra la invasión norteamericana de Irak, y cruzaron la frontera para luchar contra El Asad.

“El Estado Islámico le inflige a la ciudadanía las mismas opresiones que [...] el régimen de El Asad”, dice la oposición

Del estado Islámico dijo ayer en un comunicado la Coalición Nacional Siria, principal partido de oposición política, que “sigue una agenda extranjera” y que “ya no lucha contra el régimen de El Asad”, sino “por reforzar sus posiciones en zonas liberadas”. “El Estado Islámico le inflige a la ciudadanía las mismas opresiones que el partido Baatah [que controla el país] y el régimen de El Asad”, añadió.

En uno de los últimos informes del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas se alertaba de la creciente actividad de esos grupos radicales en el norte y el este del país, zonas sin ley, pasto para el secuestro y las ejecuciones sumarias. En lugares como Raqqa, decía la ONU, se han constituido tribunales donde se vela por el cumplimiento de la sharía o ley islámica. En junio, radicales islamistas mataron a un cura católico y también a un menor de 15 años, acusado de blasfemia por insultar al islam.

La tregua declarada ayer acaba momentáneamente con dos días de intensos enfrentamientos en Azaz, al norte del país, cerca de uno de los pasos a Turquía que emplean numerosos refugiados. El miércoles el Estado Islámico se hizo con el control de la localidad, y entonces comenzaron los enfrentamientos con las Brigadas de la Tormenta Norte, afiliadas al Ejército Libre Sirio. Hubo bajas en ambos lados, según varios grupos observadores. Mientras, el régimen de El Asad emplea esas luchas intestinas en el bando rebelde para calificar a todos los opositores de terroristas, un mensaje que ha resonado en numerosos políticos y electores de Occidente.

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