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Comienza el juicio por la matanza de Fort Hood

El autor del tiroteo que acabó con la vida de 13 personas ha asumido su propia defensa y se enfrenta a la pena de muerte, un castigo inusual en el Ejército

Cuatro años después de que el comandante Nidal Malik Hasan abriera fuego indiscriminadamente sobre sus compañeros de la base militar de Fort Hood, en Texas, matando a 13 personas e hiriendo a más de una treintena, este martes comienza el juicio por una de las matanzas más letales de Estados Unidos. Más allá del dramatismo que vaya a rodear este pleito, plagado de dilaciones y que se prevé que dure un mes, la transcendencia del proceso reside en que Hasan se enfrenta a la pena de muerte, un castigo poco habitual en la justicia militar y a la que solo han sido condenados 16 militares desde que se reinstaurara en 1984, a 11 de los cuales se les ha conmutado.

Hasan, un antiguo psiquiatra del Ejército de 42 años, ha sido acusado de 13 cargos de asesinato premeditado y de 32 de asesinato en grado de tentativa. El comandante ha optado por asumir su propia defensa tras renunciar a dos de los abogados militares provistos por el Pentágono y a otro civil. La juez encargada del caso, la coronel Tara Osborn, ha establecido, no obstante, que durante el proceso esté asistido por los letrados que él rechazó. En su calidad de abogado y parte, Hasan interrogará a algunas de sus víctimas, varias de las cuales todavía tienen incrustadas en el cuerpo las balas que aquél les disparó el 5 de noviembre de 2009.

En su calidad de abogado y parte, Hasan interrogará a algunas de sus víctimas, varias de las cuales todavía tienen incrustadas en el cuerpo las balas que aquél les disparó el 5 de noviembre de 2009

Ese día, Hasan provisto de dos pistolas se subió a una mesa de una de las salas donde sus hacían cola para ser vacunados y al grito de “¡Allahu Akbar!” [Dios es grande, en árabe] comenzó a disparar de manera indiscriminada. Hasan ha reconocido ser el autor de los disparos y aunque ha tratado de confesarse culpable para evitar la pena de muerte, la juez encargada del caso le ha prohibido hacerlo. Para ser condenado a la pena capital es necesario que los 13 miembros del jurado —todos oficiales de la misma o superior graduación que el acusado y sólo dos mujeres, una de ellas, la única afroamericana, la presidenta— voten por unanimidad a favor de esa sanción.

Aun cuando a Hasan se le condenara a muerte, es muy difícil que le llegue a ser aplicada. El proceso de apelación puede prolongarse durante más de una década y la última decisión le corresponde al presidente del país. El último militar en ser ejecutado fue el soldado John Bennett, que murió ahorcado en 1961 por haber violado a una niña de 11 años. Desde que Ronald Reagan reinstaurara la pena capital, en 1984, 41 miembros del Ejército se han enfrentado a este tipo de condena, de acuerdo con un estudio del Diario de Derecho y Criminología. De los 15 a los que se les impuso, 11 lograron su conmutación, el resto aún espera en el corredor de la muerte la autorización presidencial.

Hasan provisto de dos pistolas se subió a una mesa de una de las salas donde sus hacían cola para ser vacunados y al grito de “¡Allahu Al bar!” [Dios es grande, en árabe] comenzó a disparar de manera indiscriminada

El acusado ha tratado de basar su defensa argumentando que disparó a soldados a punto de ser destinados a Afganistán para proteger a los talibanes, una estrategia legal que le ha prohibido la juez que dictaminó que “no hay pruebas que sustenten que alguien en Fort Hood fuera una amenaza inmediata para nadie en Afganistán” y que no hay ninguna razón que justifique que un hombre uniformado mate a sus compañeros.

La fiscalía tratará de probar que su extremismo radical llevó a Hasan a perpetrar la matanza de Fort Hood. De momento la juez ha autorizado al ministerio público a presentar ante el tribunal documentación que prueba que el acusado estuvo navegando en webs yihadistas antes de llevar a cabo el tiroteo, pero le ha prohibido que aporte datos que concluyen que Hasan quería convertirse en objetor de conciencia. Finalmente, la acusación también podrá aportar los correos electrónicos intercambiados entre Hasan y el clérigo Anwar al-Awlaki, que fue asesinado durante un ataque con drones de la CIA en Yemen en 2011. El acusado recurrió esta decisión alegando que si se admitían los emails a él se le debería permitir mantener su línea de defensa. La juez desestimó su solicitud.

El juicio contra Hasan debía haberse celebrado en marzo de 2012, pero se ha ido retrasando debido a los sucesivos requerimientos de la defensa y del propio acusado. La última dilación se produjo el otoño pasado cuando Hasan apeló una orden del magistrado que entonces estaba al cargo del caso por la que se le obligaba a afeitarse para comparecer en el tribunal. Finalmente, el acusado podrá acudir, si lo desea, con la barba que comenzó a dejarse crecer el verano pasado apelando a su fe religiosa.

El Ejército ha invertido más de cinco millones de dólares en este caso en, entre otros, gastos de seguridad para proteger la sede del tribunal y el coste de transporte de Hasan. El acusado, en silla de ruedas por la herida de bala disparada por el oficial que lo abatió tras el tiroteo, se desplaza desde la cárcel de Bell County, en las inmediaciones de los juzgados, en helicóptero para extremar las medidas de seguridad.

Muchas de las víctimas que mañana se encontrarán cara a cara con el acusado han criticado al Pentágono por haberlas dejado desatendidas y no haberse hecho cargo de su recuperación. Varios se lamentan por el hecho de que el tiroteo no haya sido considerado como un atentado terrorista para percibir la compensación económica que se obtiene en esa circunstancia.

El martes comienza el proceso con el interrogatorio de los testigos. La acusación ha llamado a declarar a 270, Hasan solo a dos, si bien se ignora la identidad de todos ellos. Como abogado y parte, la juez ha permitido al acusado que declare, pero no en la sesión inicial.

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