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La justicia italiana dicta cinco condenas por el naufragio del Concordia

Las penas, por homicidio involuntario, son de entre 18 y 34 meses de cárcel

El capitán Schettino todavía no ha sido juzgado

Salvo el capitán Francesco Schettino, que tendrá que someterse a juicio a partir de septiembre, los otros cinco acusados por el naufragio del Costa Concordia frente a la isla italiana del Giglio, que el 13 de enero de 2012 costó la vida a 32 personas, han logrado pactar sus penas con la fiscalía. El resultado, dado a conocer ayer por el juez Pietro Molino, son condenas que van de los 18 a los 34 meses de cárcel por los delitos de homicidio involuntario múltiple, lesiones y naufragio. Unas penas que a los abogados de la acusación les han parecido indignantes. “Esta es una justicia vergonzosa. Son penas más propias de abusos en la construcción que de homicidio”, se quejó Massimiliano Gabrielli.

La condena más alta —dos años y 10 meses de cárcel— fue para Roberto Ferrarini, el jefe de la unidad de crisis en tierra de Costa Cruceros, la armadora del buque, en el que aquella noche viajaban más de 4.200 personas entre tripulación y pasaje. Ferrarini tardó varias horas en avisar a las autoridades de emergencia de que el barco había sufrido un grave accidente. El resto de los condenados son el director del hotel flotante, Manrico Giampedroni (dos años y seis meses); los oficiales Ciro Ambrosio (un año y 11 meses) y Silvia Coronica (un año y seis meses), y el timonel Jacob Rusli (un año y ocho meses). Así pues, el único que se enfrentará al proceso completo será el comandante Schettino, cuya actuación aquella noche tiene difícil defensa y que enfrenta penas de hasta 20 años de cárcel.

Además, la decisión del juez de aceptar las penas pactadas entre los fiscales y el resto de los acusados deja aún más solo a Schettino y supone un espaldarazo a la tesis de la naviera, que desde hace año y medio sostiene que el único culpable de la maniobra es el capitán. Según diversos testimonios, el experimentado marino, de 52 años, acercó el barco a tierra para homenajear a un tripulante a una velocidad considerable y no pudo evitar la colisión con el escollo. Redondeó su noche nefasta huyendo de la nave cuando todavía había cientos de pasajeros intentando ponerse a salvo. La nave aún continúa recostada sobre la isla del Giglio y, por el momento, la compañía Costa Cruceros solo ha tenido que pagar un millón de euros de sanción administrativa.