La paz sigue sin llegar a Tierra Caliente

Dos jornadas con diez muertos ponen en cuestión la efectividad del despliegue del Ejército en Michoacán

Dos adolescentes de un grupo de autodefensa michoacano.
Dos adolescentes de un grupo de autodefensa michoacano.PEP COMPANYS

Diez muertos en dos días son suficientes para que la región de Tierra Caliente - en el Estado de Michoacán - vuelva a estar en boca de todos en México, después de que el despliegue del Ejército pareciera apaciguar temporalmente esa zona acosada por el crimen organizado. Cuatro personas han aparecido colgadas este viernes en un rancho perteneciente al municipio de Buenavista Tomatlán. Estas muertes se suman a las seis que tuvieron lugar ayer jueves al sur del municipio, en la comunidad de Catalina, según informaron las autoridades mexicanas.

Las cuatro víctimas de este viernes aparecieron colgadas en el rancho El Limón. El nombre no es casual puesto que muchos de los habitantes de esta zona viven del cultivo de este cítrico, que también está en el origen de los enfrentamientos que ha vivido recientemente Buenavista Tomatlán. Hartos de las extorsiones del cartel de Los Caballeros Templarios, los habitantes decidieron levantarse en armas y constituirse como grupo de autodefensa. También lo hicieron en otros pueblos de la zona como La Ruana. Después del despliegue de tropas federales en 19 municipios michoacanos, a mediados del mes de mayo, el grupo de autodefensa se encuentra replegado.

“Hace diez años, estos eran pueblos tranquilos, todos trabajábamos las tierras, las huertas, el limón. Nadie nos cobraba cuota. Y si teníamos 100 ó 200 pesos, aunque solo fuera eso, nos los gastábamos en nuestros frijolitos. Pero después ya no se podía”, explicaba antes del despliegue militar por teléfono a EL PAÍS Hipólito Mora, miembro de uno de estos grupos de autodefensa de la zona.

Según contaba, los Templarios comenzaron a cobrar cuotas por todo. “Y ahora querían cobrar a los viejitos 100 pesos al mes, ellos que reciben de paga 1000 pesos cada dos meses. Y a nosotros nos querían quitar lo único que tenemos que es nuestra tierra, la cosecha del limón, y cobrarnos 1000 pesos por cada hectárea cultivada. Así que dijimos: ‘Ya no más”.

Entonces se convirtieron en la máxima autoridad del pueblo y los Caballeros Templarios iniciaron un bloqueo a estas comunidades, como comprobó entonces EL PAÍS. Se quedaron sin alimentos y sin gasolina. Nada entraba ni salía de ellas sin su consentimiento, ni siquiera los heridos y los muertos de los enfrentamientos que se sucedían entre ambos grupos. “Estamos abandonados, para el Estado es como si no existiéramos. Los municipales estaban con ellos y para el gobernador aquí no está pasando nada. Al presidente Peña Nieto le pediría que nos ponga un poquito de atención, no mucha, solo un poquito”, dijo entonces Hipólito Mora. A mediados del mes de mayo, el presidente ordenó el despliegue de fuerzas de la policía federal, del Ejército y de la Marina en tareas de pacificación.

Hipólito Mora (sentado) en una fotografía del mes de mayo.
Hipólito Mora (sentado) en una fotografía del mes de mayo.PEP COMPANYS
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Las muertes de estos últimos días revelan que los enfrentamientos en la zona continúan, como ya anunciaron -a través de un vídeo de Youtube- un grupo de encapuchados que se identificaron como integrantes del Cartel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) a finales de mayo, después del despliegue militar. En su alocución, lanzaron un reto a los Caballeros Templarios por el control de Michoacán y Guerrero alegando que su objetivo era proteger a los vecinos. “La guerra no es contra la sociedad, para que no se alarmen. La guerra es contra los individuos que ya muchas personas estamos cansados de tantas injusticias que cometen esas ratas, que se dedican al secuestro y a la extorsión”, aseguraba entonces el portavoz del grupo. Y esa guerra sigue abierta.

Sobre la firma

Mari Luz Peinado

Forma parte del equipo de Estrategia Digital. Ha sido directora de Verne, por lo que recibió el Premio de Periodismo Digital José Manuel Porquet junto a Lucía González. Antes, fue redactora de El País en México y trabajó en Smoda, MSN y Soitu.es. Intenta seguir escribiendo sobre feminismo y cultura digital.

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